Hna. María del Pino Rodríguez de Rivera Olives – Ciudad del Vaticano
El domingo, 18 de octubre, se celebra el Domingo Mundial de las misiones, un día que la Iglesia Universal dedica de manera especial a rezar por los misioneros y a colaborar con las misiones. Este año, la Jornada se celebra bajo el lema “Uno en Cristo, unidos en la misión”, a través del cual, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas, y en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza.
Escuchamos los testimonios de cinco misioneros, que se han sentido llamados a llevar el Evangelio de Jesús allí donde han sido enviados, con el deseo de anunciarle y de encarnar cada día su amor en la misión.
Julián García Centeno, OSA – Obispo emérito de Iquitos, Perú (América Latina)
Monseñor Julián, religioso de la Orden de San Agustín, dedicó veintidós años de su vida al anuncio del Evangelio en el Vicariato Apostólico de Iquitos, en plena selva amazónica del Perú. Llegó con el deseo de fortalecer la unión de los cristianos y extender la misión de la Iglesia, convencido de que la comunión con Cristo es el punto de partida de toda acción evangelizadora.
Uno de los frutos más significativos de su ministerio fue la puesta en marcha de un Plan Pastoral de Unión, Comunión y Misión, acogido con entusiasmo por las comunidades y revisado cada año para evaluar el camino recorrido. A esta labor se sumaron dos iniciativas fundamentales para la vida de la Iglesia local: la creación de un seminario para la formación de sacerdotes nativos y la fundación de un monasterio de vida contemplativa, consciente de la importancia de la oración en la misión evangelizadora.
La realidad amazónica le permitió descubrir una cultura diferente y aprender de la sencillez y la bondad de sus gentes. Sin embargo, la misión no estuvo exenta de dificultades: la escasez de recursos económicos, la presencia de numerosas sectas, y la necesidad de acompañar a las familias desde el corazón de Dios. Ante estos desafíos, defendió una evangelización que supiera encarnarse en las culturas, sin perder la esencia del anuncio cristiano:
“La misión fundamental es llevar la Salvación, predicar la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos y ofrecer un testimonio de vida coherente con el Evangelio”.
Para el obispo, la cercanía a las personas y el acompañamiento de las familias fueron elementos imprescindibles para construir una Iglesia unida y comprometida con su misión. La respuesta entusiasta de la gente sencilla confirmó la importancia de caminar juntos, fortaleciendo la fe y la comunión.
Al recordar su experiencia misionera, Monseñor Julián subraya que la unión con Cristo es la fuente del amor, “Es Cristo el que nos lleva – afirma – , es Cristo el que llena nuestra vida. La unión con Cristo es lo que nos da ánimo para superar las dificultades”. Y expresa también la importancia de dar en el mundo un testimonio que haga visible, también hoy, el signo distintivo de los primeros cristianos: el amor que nace de Cristo y se convierte en entrega a los hermanos.
Ana Patricia Peinado Villamor, MD – Ronda (Málaga – España)
Ana Patricia, Madre de Desamparados y San José de la Montaña, ha descubierto en su experiencia misionera que la misión nace de la unión con Jesús, alimentada por la oración, la Eucaristía y la Palabra de Dios. Inspirada en el carisma de Madre Petra, su fundadora, procura acercarse especialmente a los más pobres, a quienes sufren, y a las personas que se sienten desamparadas. Para ella, anunciar el Evangelio no consiste solo en hacer cosas por los demás, sino en transmitir el amor de Cristo mediante la escucha, la acogida, la entrega y la alegría: «La misión consiste en llevar el amor de Jesús con nuestra vida», asegura.
El encuentro con personas de distintas edades, culturas y experiencias de fe le ha enseñado a valorar la riqueza de los demás y a comprender que la misión se vive en comunidad:
“Colaborar y caminar juntos es lo que hace creible el Evangelio; juntos podemos hacer que el amor de Cristo esté presente de una manera mucho más fecunda”.
Ana afirma que, aunque acompañar a quienes sufren siempre implica dificultades, cansancio e impotencia, la oración le recuerda que no está llamada a resolverlo todo, sino a ser instrumento del amor de Dios, escuchando sin juzgar y permaneciendo junto a quienes necesitan esperanza.
La madre invita a todos a descubrir la vocación misionera en la vida cotidiana, en la familia, el trabajo, el colegio o la comunidad, a través de gestos sencillos: una sonrisa, una palabra de aliento o el tiempo dedicado a quien se siente solo, pueden convertirse en una hermosa forma de anunciar el Evangelio. Porque, cuando las personas permanecen unidas a Jesús y se aman de verdad, hacen presente su amor en el mundo y se convierten en testigos de esperanza.
Antonio López García-Nieto, SC – Vanuato (Oceanía)
El Hermano del Sagrado Corazón, misionero en Vanuatu, Oceanía, encuentra en la unión con Jesús y en la educación las claves para anunciar el amor de Dios.
Tras casi cincuenta años de camino misionero en Oceanía, Antonio está convencido de que la misión solo puede sostenerse desde una relación personal y profunda con Jesús, alimentada por la oración y la Eucaristía, y recuerda con un profundo convencimientio las palabras del Papa León en su mensaje para la 100 Jornada Mundial de las misiones:
“Cuánto más unidos estemos en Cristo, más podremos cumplir juntos la misión que él nos confía”.
En Vanuatu, donde conviven distintas culturas e Iglesias cristianas, el Hermano Antonio procura vivir la fraternidad desde el respeto, la escucha y la acogida, descubriendo que la diversidad no separa, sino que enriquece, y hace más creíble el anuncio del Evangelio. Asimismo, nos comparte una de las reglas de vida de su congregación en torno a la diversidad de culturas:
“Las relaciones cordiales entre hermanos de orígenes diferentes son un ejemplo elocuente de la caridad que debe unir a todos los hombres en Cristo”.
Como Hermano del Sagrado Corazón, encuentra en la educación una oportunidad privilegiada para transmitir el amor de Dios, especialmente a los jóvenes que atraviesan dificultades personales o familiares. Inspirado en la pedagogía de la confianza y la misericordia, intenta acompañarlos sin dar a ninguno por perdido, ayudándoles a descubrir que pueden crecer y construir un futuro diferente.
Su testimonio recuerda que la misión no se anuncia solo con palabras, sino también mediante la forma de vivir y tratar a los demás. Por eso, invita a todos los cristianos a reconocerse parte de una misma misión: aunque no todos estén llamados a marcharse lejos, todos pueden salir de sí mismos para acercarse a los demás y mostrar al mundo cuánto los ama Dios.
[Fuente: Vatican News]
