ACNUR: el Papa, un socio importante en la asistencia a los refugiados

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La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó que, a mediados de 2025, 117,3 millones de personas en el mundo se habían visto obligadas a huir de sus hogares a causa de conflictos, violencia, persecución u otros acontecimientos, entre ellas casi 42,5 millones de refugiados.

El Papa León XIV —al igual que sus predecesores— ha expresado reiteradamente la preocupación de la Iglesia por los migrantes y refugiados, e ha instado al mundo a no permanecer pasivo ante esta realidad.

El lunes 26 de enero de 2026, el Papa se reunió en el Vaticano con Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y expresidente de Irak entre 2018 y 2022. El señor Salih vivió él mismo la experiencia del exilio como refugiado y asumió este nuevo cargo en ACNUR el 1 de enero de 2026.

En una entrevista con Vatican News, el Alto Comisionado habló sobre su encuentro con el papa León XIV y explicó los distintos desafíos que enfrenta hoy ACNUR, en un contexto en el que muchos refugiados permanecen atrapados en situaciones de desplazamiento y las organizaciones humanitarias operan con recursos cada vez más limitados.

¿Cómo fue su encuentro esta mañana con el Papa León XIV?

Fue verdaderamente un gran honor reunirme con Su Santidad. Tenía mucho interés en mantener esta audiencia al inicio de mi mandato. Llevo menos de cuatro semanas como Alto Comisionado para los Refugiados, así que fue una excelente oportunidad para hablar con él sobre la difícil situación de los refugiados.

Agradezco profundamente su apoyo constante a los refugiados de todo el mundo, y su autoridad moral es realmente significativa. Su respaldo a la labor que realizamos en ACNUR es absolutamente fundamental. Subrayamos la necesidad de fortalecer nuestra alianza con la Iglesia y con las organizaciones basadas en la fe para cumplir con nuestro mandato de ayudar a los refugiados en todo el mundo.

La voz del Papa y su autoridad moral tienen un peso decisivo. Consideramos esta relación como una asociación y un activo muy importante en nuestro trabajo para asistir a los refugiados a nivel global.

Asumió el cargo el 1 de enero. ¿Cuáles son las prioridades de su mandato?

Asumo esta responsabilidad en un momento de enormes desafíos: niveles de desplazamiento sin precedentes, un espacio humanitario cada vez más reducido y recursos limitados frente a la magnitud del problema.

Mi prioridad será reforzar la labor de incidencia para movilizar más recursos destinados a atender las necesidades de la población refugiada en todo el mundo, pero al mismo tiempo cumplir plenamente con nuestro mandato. Esto implica brindar protección a los refugiados, ofrecer asistencia de emergencia que salve vidas a quienes se encuentran en situaciones desesperadas y, además, trabajar intensamente en soluciones duraderas.

No es aceptable que tantos refugiados estén condenados a situaciones de desplazamiento prolongado durante cinco años o más, a veces incluso una o dos décadas. Muchas de estas personas permanecen atrapadas en campamentos, dependientes de la ayuda humanitaria internacional. Debemos ir más allá de eso y avanzar hacia soluciones más inclusivas y sostenibles.

La semana pasada estuve en Chad y Kenia, donde conocí a refugiados que llevan viviendo en esas comunidades desde hace unos 25 años, desde 2003, mientras otros llegaban literalmente el día anterior. Esto demuestra claramente que debemos hacer mucho más por quienes viven en desplazamientos prolongados.

ACNUR no puede hacerlo solo. Se requiere un esfuerzo colectivo con otras agencias de la ONU, los países de acogida, la comunidad internacional y los bancos de desarrollo. De ese modo, podemos crear condiciones que permitan a los países anfitriones acoger a los refugiados e integrarlos en la vida nacional como contribuyentes activos, y no solo como personas dependientes de la ayuda humanitaria.

Países como Kenia, Etiopía, Uganda y Chad están adoptando políticas más inclusivas, permitiendo a los refugiados acceder a los sistemas nacionales de salud, educación, mercado laboral, servicios legales y financieros.

Esto debe ser respaldado con ayuda al desarrollo, de modo que beneficie también a los países anfitriones y permita a los refugiados construir una vida más allá de los campamentos. Al final del día, los refugiados no son solo cifras.

Son personas con capacidad de actuar. Merecen dignidad. Merecen protección.

[Fuente: Vatican News]