Arzobispo de Caracas: “Venezuela está herida y llora a sus muertos. Es grande la tragedia”

Destacadas Iglesia

A una semana del doble terremoto ocurrido en Venezuela, monseñor Raúl Biord Castillo, arzobispo de Caracas, asegura que esta nación “está herida”. Hoy llora y sepulta a sus muertos, mientras otros aún yacen bajo los escombros de centenares de edificios, se calcula que 800 estructuras están afectadas, de las cuales 189 quedaron destruidas.

El último reporte oficial este 1.° de julio, dado por Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, señala que la cifra de muertos aumentó a 2.295, 11.267 heridos y 12.841 damnificados.

Los cuerpos de rescate tanto nacionales como internacionales continúan las labores de atención a las comunidades afectadas y la evaluación de los daños. La Iglesia ha anunciado que pasó a una segunda fase enfocada en el acompañamiento.

ADN Celam conversó en exclusiva con monseñor Biord, quien brindó detalles sobre la magnitud de la tragedia, el trabajo de la Iglesia y lo que se viene para el país tras este suceso que enluta a miles de familias.

Pregunta.- ¿Cuál es su balance general sobre la situación?

Respuesta.- A casi una semana de los violentos terremotos, la Iglesia en Venezuela está herida. Llora y sepulta a los muertos, mientras otros yacen sepultados bajo los escombros de centenares de edificios caídos. Algunos se desplomaron hacia abajo, y el cuarto piso quedó a nivel de tierra, otros se cayeron de lado como piezas de dominó o de naipe, otros están completamente aplastados.

La línea costera desde Tucacas (Edo. Falcón), Morón y Puerto Cabello (Edo. Carabobo), Caracas y La Guaira han sido sumamente afectada. Los geólogos y expertos nos darán sus explicaciones, y esta vez tendremos que escucharlos seriamente para evitar tragedias en el futuro, porque los historiadores nos recuerdan la periodicidad de tales eventos.

Los ingenieros estructuralistas realizan los análisis del porqué algunas edificaciones cedieron y otras resistieron. Pero ahora es apremiante evaluar y determinar patologías en estructuras afectadas, para determinar quiénes pueden regresar a sus hogares y cuáles edificaciones deban ser demolidas por el peligro de derrumbe.

Las organizaciones sociales están comprometidas en la recolección de ayudas y su distribución. Los psicólogos escuchan a las víctimas y dan orientaciones de cómo vivir y superar el duelo.

Los médicos y enfermeras se prodigan atendiendo a los enfermos y a los rescatados, en medio de su propio dolor, porque también ellos están afectados y han perdido familiares.

Algunos sacerdotes necesitan atención médica pues son también afectados. Necesitan casa y comida. Los diáconos cuentan que además de la atención a sus comunidades, tienen sus esposas e hijos, sus papás y familias.

Las religiosas y los seminaristas están dedicándose a la atención de la gente. Los laicos de las comunidades despliegan sus mejores capacidades en la recolección y distribución de insumos.

Reencuentros inesperados

P.- ¿Ud que también fue obispo de La Guaira cómo describe la situación de su gente?

R.- El 29, fiesta de san Pedro y san Pablo, logramos reunir a todos los sacerdotes y diáconos de la diócesis de La Guaira, con su obispo Mons. Pablo Modesto González, en la sede de la conferencia episcopal en Caracas.

Son alrededor de 50 que atienden las 27 parroquias, los ambulatorios, las escuelas parroquiales, las comunidades y el seminario diocesano. Los recibimos el Presidente de la conferencia episcopal; el Nuncio Apostólico; los obispos de la Provincia Eclesiástica de Caracas, mi persona y los obispos auxiliares, y Mons. Ricardo Barreto, Obispo de Valle de La Pascua, originariamente del clero de La Guaira.

No sabíamos si algunos sacerdotes estaban todavía vivos, fue muy emocionante el reencuentro. Durante la mañana escuchamos sus testimonios: varios de ellos perdieron familiares, catequistas y voluntarios de las Cáritas, ministros de pastoral y de los coros parroquiales, muchísimos amigos. Están sumamente golpeados, pero con la firme decisión de ayudar a nuestra gente, que es la prioridad.

El 30 de junio nos hemos reunido con los sacerdotes de Caracas. La dinámica ha sido parecida: escucharnos, acompañarnos y organizarnos. Aquí también hay muertos y heridos, damnificados y miles de personas en los refugios y en las plazas públicas.

El domingo hemos celebrado las misas al aire libre, porque casi todas las iglesias sufrieron, más de 20 templos parroquiales están afectados seriamente.

P.- ¿Como vivió usted en carne propia esos 60 segundos del doble terremoto? 

R.- Con mucha preocupación por la gente. Pocos minutos antes terminamos la misa en la popular parroquia de san Juan, habíamos salido a la calle en la procesión, y menos mal, porque se cayó parte del techo.

Yo apenas entraba a la curia para una reunión con una persona que tiene sus familiares presos. Salimos enseguida y vimos como una pared se desprendió en el edificio donde estábamos, pero no hubo víctimas.

Enseguida salí a visitar las parroquias más afectadas, eran las 6 de la tarde y llegué a mi casa a las 3 de la mañana. Estuve con varias comunidades, en una iglesia se había caído completamente el techo, otras estaban inservibles.

Estuve con la gente, en la calle, en medio de tantas réplicas, rezando y pidiéndole a Dios que nos dejara vivos. Enseguida comenzaron a llegar reportes de la tragedia… Y me fui a La Guaira a visitar a la gente, a ver si el obispo y los seminaristas estabas vivos, porque se cayó el edificio del seminario.

Monseñor Biord salió a las calles a escuchar a las víctimas

Iglesia en la primera línea

P.- ¿Cómo ha sido la respuesta de la Iglesia en este caso en especial desde la arquidiócesis en medio de tanto dolor entre familias?

Es grande la tragedia. En Caracas enseguida las parroquias se activaron para el rescate de las víctimas en los edificios caídos: en El Paraíso, San Bernardino, los Palos Grandes. Poco a poco comenzaron a llegar reportes de otras zonas afectadas como El Junquito.

En La Guaira se perdieron casas parroquiales y de sus familias. Hay varias parroquias desaparecidas porque todos los edificios y las viviendas colapsaron. Los relatos son estremecedores: los sacerdotes compartieron con la gente en las plazas contiguas a las iglesias, se abocaron a rescatar personas entre los escombros, a llevar alimentos y agua, pero sobre todo a compartir el dolor.

Los que tenían vehículo trasladaron a los enfermos a centros de atención. Un sacerdote contó cómo se ha dedicado con los familiares a recoger cadáveres y llevarlos a la morgue o al cementerio. Se repetía la obra de misericordia de Tobías al enterrar a los difuntos (cf. Tob 12,13).

Otro sacerdote contó que un rescatista voluntario le dijo: “yo soy obrero y lo único que sé es hacer esto”, mientras con un pico y una pala removía escombros en la búsqueda de sobrevivientes. Y añadió: “cada uno que se dedique a lo que sabe, nosotros somos sacerdotes y lo que sabemos es acompañar a la gente, consolar, rezar… Estamos ayudando en lo material, pero también lo espiritual y psicológico es nuestra misión, seguir anunciando a Cristo en medio de esta situación”.

La Iglesia está en primera línea. Cáritas nacional se consolidó a partir de su extraordinaria labor durante el deslave de Vargas, también en La Guaira, ocurrido en diciembre de 1999.

La experiencia acumulada y la formación de las Cáritas diocesanas y parroquiales, con miles de voluntarios y con profesionales expertos en tantas áreas, han permitido una respuesta rápida y eficaz. La solidaridad de la gente ha sido extraordinaria, llevando alimentos no perecederos y medicinas a las parroquias y comunidades.

[Fuente: CELAM]