Compartiendo inquietudes y propuestas

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Por Cardenal Baltazar Porras, Cardenal Diego Padrón y Mons. Ovidio Pérez Morales:

Las presentes inquietudes las hacemos como venezolanos y como miembros de la Iglesia. Actuamos, no en representación oficial, sino como pastores ya que tenemos no solo el derecho sino el deber de ser “centinelas”, servidores, con una indeclinable corresponsabilidad ética y espiritual.

En el estado de indeterminación, confusión e incertidumbre reinantes en el país sentimos el deber de ofrecer algunas opiniones, juicios y propuestas que, sin pretender totalizar verdades ni bondades, buscan abrir caminos y apoyar iniciativas para la superación de la crisis actual y el logro de una sólida institucionalidad y el bien común nacionales.

Sobra decir que esta contribución se inscribe en el escenario político que continúa el del esquema impositivo previo al 3 de Enero pasado. Se han registrado cambios, pero no se perciben ni el cambio deseado y esperado ni una conversión hacia la estructuración y marcha del país en el sentido del Preámbulo y los Principios Fundamentales de la Constitución de 1999.

Ejemplos patentes de esto son la persistencia de presos políticos y del clima de represión, así como la hegemonía comunicacional y la continuada centralización del poder. Se ha puesto en marcha ciertamente una mesa de encuentro, pero la misma parece estar inscrita en un marco estrecho de horizontes y facultades.

El Estado continúa moviéndose sobre un piso frágil e indeterminado en cuanto a legalidad, y el Poder Ejecutivo en una permanente ilegitimidad de origen y ejercicio. Lo sucedido con la manifestación del soberano el 28 de julio de 2024 es patentemente expresivo. Por otra parte, la irresolución “sin fecha” para garantizar los servicios públicos básicos, y encarar el empobrecimiento estructural de la mayoría de la población atentan contra el Bien Común.

Se está manejando actualmente con prioridad a nivel oficial -bajo la iniciativa y “tutoría” de los EE.UU.- la cuestión del petróleo. Quienes firmamos la presente declaración, sin ser expertos en la materia, pero recogiendo observaciones de sentido común e interpretaciones históricas y jurídicas y nuevas técnicas para formulación de proyectos, reclamamos mayor diafanidad en el proceso y recomendamos mayor prudencia y gradualidad en materia de compromisos, pues, sobre todo el pueblo se preocupa por el destino del dineral que recibe el Estado.

Lo dicho en el párrafo anterior puede servir para medir mejor las decisiones oficiales. Sin olvidar que nuestra historia, especialmente la más cercana, objeta y descalifica, por falaz, ingenua o interesada, la ecuación simplista: país rico igual a pueblo rico, así como la de beneficio para ajenos, igual a beneficios para la propia casa.

No se puede atar ilusoriamente el ejercicio de la soberanía a una educación ciudadana; con todo, no sobra insistir una vez más en este tema pedagógico. Las instituciones educativas y las organizaciones político-partidistas tienen en ello una particular responsabilidad: crear conciencia en la ciudadanía en relación a la fragua de conductas competitivas por la verdad. Las entidades religiosas y nuestra Iglesia católica en especial lo han de considerar como parte ineludible de su misión, como exigencia del Bien Común y de la ética y moralidad nacional.

Lo anterior postula como prioritario solicitar al soberano una definición y un claro mandato al respecto, que permitan ordenar la marcha de la República por un camino seguro, consistente. Es obvio que una tal consulta electoral exige adecuada y esmerada preparación (órganos, medios), la cual urge, sin embargo, como finalidad para el encuentro, la reconciliación social y la paz. En tal sentido el pueblo está dispuesto para ejercer su protagonismo, que ha de expresarse desde ya en una efectiva movilización cívica.

Dios nos ha dado este país como ámbito para construir una “nueva sociedad”, el ideal de la civilización del amor. Los venezolanos, poniendo por obra nuestro esfuerzo e invocando la ayuda divina hemos de mantener la esperanza viva y continuar trabajando para tan obligante tarea y alcanzar sus frutos de paz, libertad, justicia y fraternidad.

Caracas, 7 de septiembre de 2026.

+Cardenal Baltazar Porras Cardozo

+Cardenal Diego Padrón Sánchez

+Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales