Un convoy de ayuda humanitaria del Vaticano, en el que viajaba el nuncio apostólico en el Líbano, Mons. Paolo Borgia, se vio obligado a regresar a su punto de partida el martes 7 de abril tras quedar atrapado en un intenso fuego cruzado entre las fuerzas israelíes y combatientes de Hezbolá.
“Los combates entre Hezbolá e Israel eran intensos. Permanecimos mucho tiempo esperando a tres kilómetros del pueblo, mientras escuchábamos los tiros y las explosiones, pero no pudimos continuar y tuvimos que suspender la misión”, relata Mons. Hugues de Woillemont, director general de l’Oeuvre d’Orient, presente en el convoy, en declaraciones a ACI Prensa.
Mons. De Woillemont viajó al Líbano como enviado de esta organización francesa y de la Iglesia en Francia “para celebrar la Pascua, para manifestar apoyo y amistad, y también para agradecer a los cristianos su testimonio”.
A pesar de contar con la protección de soldados de la misión UNIFIL, “las condiciones de seguridad no eran suficientes para realizar nuestra visita ni entregar la ayuda, lo que fue una gran decepción para los cristianos que queríamos visitar”, agrega.
El destino final de la ayuda era Debel, un pueblo a tan solo dos kilómetros de la frontera sur con Israel que forma parte de la diócesis maronita de Tiro, donde hay cerca de veinte parroquias en las que viven unos 10.000 cristianos.
Sobre sus habitantes pesa una orden de evacuación emitida por el ejército israelí, pero los cristianos libaneses han decidido permanecer en sus hogares.
“Por eso queríamos llevar un camión de ayuda humanitaria y, sobre todo, para mostrar nuestra amistad y cercanía con los cristianos del lugar”, añade Mons. De Woillemont.
Esta región, al sur del río Litani, representa alrededor del 15 % del territorio libanés y sus comunidades cristianas buscan permanecer en sus pueblos pese a la amenaza de anexión israelí. Su situación refleja la vulnerabilidad histórica de los maronitas, quienes suelen sufrir las peores consecuencias del conflicto.
La organización francesa l’Oeuvre d’Orient ha distribuido toneladas de ayuda humanitaria en el país, sin embargo, como el resto de asociaciones humanitarias y religiosas, están al límite de su capacidad. “La situación es insostenible”, explica el prelado francés.
El convoy humanitario en el que viajaba era el séptimo destinado a los pueblos del sur del Líbano. “Estamos decididos a regresar tan pronto como las condiciones lo permitan”, asegura, mientras destaca el valor y la resiliencia de los cristianos de la tierra que pisó el mismo Cristo.
De hecho, este miércoles Mons. De Woillemont logró visitar otras tres aldeas en compañía del patriarca maronita, el Cardenal Bechara Boutros al-Raï, donde pudieron entregar sin incidentes 30 toneladas de ayuda humanitaria, principalmente alimentos y kits de higiene. “Pudimos manifestar nuestro apoyo y admiración por quienes permanecen en sus hogares”, indicó.
“Para nosotros fue un momento para medir de cerca las restricciones y peligros que ellos —que son las piedras vivas— viven a diario”, declara, tras pasar una noche más escuchando el estruendo de las detonaciones. En las últimas horas, la caída de un centenar de proyectiles israelíes en apenas diez minutos colapsó hospitales y refugios improvisados.
“Los recientes bombardeos israelíes han afectado más de 100 ciudades, provocando más de cien muertos y 800 heridos, incluso en Beirut. La situación es terrible y requiere ayuda urgente”, subrayó Mons. De Woillemont, quien lamenta que el alto el fuego con Irán no se aplique al Líbano.
El Líbano atraviesa además una grave crisis humanitaria con 1,2 millones de desplazados internos, equivalente al 20% de su población de cinco millones y medio de habitantes.
[Fuente: ACI Prensa]
