El legado de Don Bosco, por Enrique López-Loyo

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Este pasado 31 de enero se conmemoraron 138 años del fallecimiento de Giovanni Melchiorre Bosco, Juan Bosco, conocido por todos como Don Bosco, quien fuera un sacerdote, educador y escritor italiano, nacido en el Reino de Cerdeña el 16 de agosto de 1815, antes de la unificación del estado italiano.

Fue un precursor de grandes iniciativas, tales como la fundación de la Congregación Salesiana, la Asociación de Salesianos Cooperadores, la Asociación de María Auxiliadora, el Boletín Salesiano, el Oratorio Salesiano y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

A partir de un sueño premonitorio inicial, con apenas 9 años, que se repitió 7 veces a lo largo de su vida, en el cual observaba niños sin disciplina a quienes trataba de corregir de forma violenta. Se le presenta alguien que le dice: “No con puños, sino con amabilidad…”. Preguntó quién era y le contestó: “Yo soy el hijo de aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día. Mi nombre pregúntaselo a mi madre”. Los niños se convirtieron en fieras salvajes y luego describe ver a la Virgen María, quien le expresa “Hazte humilde, fuerte y robusto… y lo que tú ves que sucede a estos animales, tú lo tendrás que hacer con mis hijos”.

Al mirar de nuevo los animales eran mansos corderos. Allí comprendió su misión como ductor de jóvenes para lograr su transformación a partir de la educación con estrategia, desarrollando un sistema pedagógico moderno, el llamado sistema preventivo para la formación de los niños y jóvenes.

Construyó un humilde oratorio en un campo abandonado bajo la advocación del gran obispo de Ginebra, San Francisco de Sales y dio refugio a numerosos jóvenes en situación de abandono, impartiendo las virtudes de la fe, la educación y el conocimiento, formando sacerdotes y jóvenes para el trabajo. Su obra trascendente se extendió a Europa e Iberoamérica a partir de once expediciones misioneras entre 1875 y 1887.

Alcanzó un gran prestigio como sacerdote y educador de los jóvenes vulnerables socialmente y logró el respeto de autoridades civiles y religiosas. Su camino estuvo lleno de incomprensiones y obstáculos desde la propia iglesia. Sin embargo, venció su espíritu de fe y compromiso con su misión de vida.

Fue proclamado Beato en junio de 1929 y fue canonizado por el Papa Pío XI en abril de 1934. Venezuela fue bendecida por la obra de San Bosco con centros de excelencia educativa y en la formación de numerosos religiosos que son portadores de esa luz de transformación, que nació desde los sueños de un niño que vino a cumplir una misión, que está en los corazones de millones de jóvenes, quienes han encontrado caminos abiertos en un mundo cada vez más complejo y lleno de desafíos para las familias y la iglesia.