«Estar presentes, porque la distancia geográfica es ya siempre una distancia emocional. Y después, dar esperanza, porque la primera misión de la Iglesia es siempre hacer presente la vida eterna en la existencia de las personas, sin la cual las consecuencias de la guerra serían psicológicamente mucho peores».
Estas son las dos tareas que la Iglesia católica debe encarnar hoy en una zona de guerra, según el nuncio apostólico en Ucrania, el arzobispo Visvaldas Kulbokas, que intervino la tarde del jueves 15 de octubre en una conferencia en línea organizada por la Universidad de Estudios Niccolò Cusano sobre el tema La Iglesia en Ucrania hoy. Geopolítica, diplomacia y cooperación.
La labor de un centenar de capellanes militares
Un doble mandato no muy diferente del de los cerca de cien capellanes militares que operan en el frente, «donde están desplegadas alrededor de un millón de personas», subrayó el arzobispo de origen lituano. Ellos también, prosiguió, «deben estar presentes» allí donde la gente sufre y, sobre todo, llevar esperanza «para no sucumbir a la desesperación».
Estar presentes quizá no sea mucho, pero a menudo es todo lo que se puede hacer. «Pongamos un ejemplo. Hace pocas semanas estuvo en Moscú el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede. Evidentemente, fue a Moscú para ocuparse de cuestiones diplomáticas. Desde el punto de vista de la diplomacia, ¿qué puede hacer la Santa Sede?», preguntó el arzobispo.
Es como una declaración implícita de disponibilidad: «Nosotros estamos aquí; si nos necesitan, quizá dentro de uno o dos años, aquí estaremos. Estamos abiertos a cualquier contacto, con todas las partes, también con el agresor. Estamos abiertos al contacto con todos».
Una Iglesia pequeña, pero arraigada
El nuncio —nombrado por el Papa Francisco el 15 de junio de 2021— describió inicialmente el variado panorama de las Iglesias en Ucrania.
«La Iglesia católica no es mayoritaria aquí, pero es una realidad bastante arraigada. La Iglesia greco-católica ucraniana representa aproximadamente el 12 % de la población. Después tenemos a los católicos de rito latino, pero es difícil conocer las cifras exactas porque una parte de la población ha emigrado; aun así, deberíamos estar cerca del 1 %».
También está la eparquía de Mukachevo, en la parte occidental del país, que es de rito bizantino; ellos también representan aproximadamente el 1 %.
De los aproximadamente 27-28 millones de personas que permanecen en la parte no ocupada de Ucrania, unos 4 millones son católicos, es decir, el 14 %. No es una cifra muy elevada, pero las Iglesias y las comunidades de fe en Ucrania son muy activas: católicos, protestantes e Iglesias ortodoxas».
Ayuda humanitaria por más de mil millones de euros
Gracias a sus contactos con la Iglesia universal, incluida la Iglesia en Italia, explicó también el nuncio, «la Iglesia católica en Ucrania puede ofrecer asistencia humanitaria a las personas afectadas por el conflicto, como alimentos, agua, refugios, ayuda a las personas desplazadas y rehabilitación, también psicológica».
Precisamente esta red de cercanía y amor es lo que monseñor Kulbokas define como la «grandeza de la Iglesia»:
«Gracias a las ayudas, los católicos en Ucrania no se sienten solos. Y gracias a la presencia de tantas organizaciones internacionales de la Iglesia, consiguen proporcionar una ayuda muy importante. Si tuviéramos que cuantificarla, podemos afirmar que, sin duda, ha superado ampliamente los mil millones de euros».
Una paz «desde abajo»
El nuncio apostólico analiza, por último, las consecuencias de lo que denomina «diplomacia esporádica», es decir, que, más allá de las declaraciones de circunstancia, «en la comunidad internacional nadie parece estar realmente interesado en la paz». La paz, explica citando a León XIV, debe surgir de los «esfuerzos humanos» que «nunca pierdan la confianza». «Si los presidentes y los jefes de Estado no están interesados en la cuestión de la paz, entonces debemos empezar desde abajo, a través de la cooperación humana entre nosotros. Si la solución no llega de los políticos, hay otras dos opciones. O lo dejamos todo en manos de los militares y, entonces, el mundo será gobernado por quien sea más fuerte, por quien tenga más misiles y más carros de combate. O bien —concluyó— asumimos todos nosotros nuestra responsabilidad».
Un «desorden global» fruto de la «Guerra Fría»
El profesor Alberto Clerici, docente de Historia de las Doctrinas Políticas en la Universidad Niccolò Cusano, expresó su deseo de que «en esta crisis del derecho internacional se vuelva a reflexionar, acogiendo el mensaje del papa León XIV». En sus conclusiones, Giuliano Caroli, profesor de Historia de las Relaciones Internacionales en la Unicusano, subrayó que la situación geopolítica que estamos viviendo no es más que el fruto de una «Guerra Fría» que no se ha resuelto completamente: «Esta ha creado un desorden global que todavía perdura y en el que encuentran salida reivindicaciones del pasado que siguen sin resolverse». Un ejemplo son las guerras de Yugoslavia, una serie de conflictos que, a finales de los años noventa, estuvieron vinculados a la disolución de la República Federativa Socialista de Yugoslavia y a las tensiones étnicas y nacionalistas entre las distintas poblaciones. «En esta tragedia —argumentó el profesor Caroli—, tuvimos que volver a ver los campos de concentración y las violaciones masivas». «Mientras que en Ucrania volvemos a encontrar todos los horrores de la Primera Guerra Mundial. Todo parece ya visto. Hace falta un renacimiento espiritual, con la contribución de la Iglesia, y la capacidad de encontrar momentos de unión y cooperación para avanzar hacia una nueva etapa de la diplomacia».
[Fuente: Vatican News]
