El respeto al otro y el no vale todo

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Por Dagoberto Valdés Hernández

Este es un tema muy controversial. Pero decisivo para el presente y el futuro de Cuba.

Se trata del respeto, la persona y la opinión. De la democracia, la transparencia y la rectitud. De la identidad, la ética y la política. En resumen, de lo que somos y no lo que aparentamos o queremos confundir.

El respeto a la persona y la discrepancia en la opinión

Con mucha frecuencia se confunde el respeto debido a toda persona con la obligación de aceptar, sin criticar, todas sus opiniones y actuaciones.

Pareciera como un péndulo o bandazo que va del totalitarismo que no respeta a la persona y no tolera las opiniones diversas, al todo vale del relativismo moral.

Toda persona merece todo nuestro respeto; pero no todas las opiniones, actitudes y actuaciones son éticamente aceptables. Es posible que discrepemos, o incluso rechacemos una opinión, una forma de pensar, una ideología, o las formas de actuar de otras personas aunque la respetemos como ser humano. Discrepar no es malo, es normal. Lo que no es aceptable éticamente es que, en nombre del respeto a la persona tengamos que aceptar todas sus ideas, todos sus comportamientos y todos sus proyectos. Todas las personas son respetables, todas las ideas y programas, no. Diversidad con respeto, pero también con conciencia crítica, discernimiento ético y opciones coherentes.

De la democracia y la rectitud

No basta con analizar las opiniones, opciones y proyectos críticamente, es necesario también una rectitud de conciencia, de ideales, de intenciones, de actuaciones. Las trampas casi siempre lucen bien.

La rectitud es vivir en la verdad y pensar y actuar en consecuencia. Una buena formación del ciudadano para vivir y ejercer la democracia es educarlo para que no se engañe a sí mismo, y no engañe o confunda a los demás, para alcanzar sus intereses egoístas.

La democracia requiere de la rectitud en el buen obrar para estar alertas y evitar todo intento retorcido de usar los mismos principios y mecanismos de la democracia para destruirla desde dentro. Se comienza por penetrar las instituciones públicas disfrazados de demócratas para, una vez dentro, vaciarlas de contenido y poder, corromperlas y destruirlas. No hay democracia que funcione bien con tramposos, manipuladores, oportunistas, gente con discursos ambiguos y proyectos engañosos que tienen como fin aparentar una identidad teniendo otra, para ganar confianza y adeptos, entrar en la dinámica democrática e implosionarla.

Ética y política

La relación entre la eticidad y la política es la única garantía para que la democracia funcione bien a favor de la dignidad y los derechos y responsabilidades de los ciudadanos.

No todo vale en nombre del respeto a la diversidad. Hay una diversidad dañina, la que va contra la naturaleza y la dignidad de la persona humana. En nombre del respeto no se puede aceptar la violencia. En nombre del respeto no se puede aceptar la mentira y la manipulación. En nombre del respeto no se puede aceptar el arribismo, las ansias de poder o de tener, ni el populismo, ni el totalitarismo disfrazados de versiones esnobistas del siglo XXI, de proyectos “salvadores” por ser diferentes a todo lo demás, pero sin presentar claramente lo que son, ni lo que buscan.

Cuba, es decir, los cubanos, estamos viviendo la más profunda crisis, en la noche más oscura, en la encrucijada más confusa. Por tanto, necesitamos la máxima claridad en las ideas, en los propósitos, en los programas y en la identidad de las personas y de los proyectos.

Dice el refrán popular: “A río revuelto, ganancia de los pescadores”. Cuba está en un río revuelto y turbio. ¿Quiénes son los pescadores de hoy y de mañana? Exijámonos en medio de esta etapa turbulenta y tenebrosa, la máxima transparencia, claridad de ideas, nitidez de opciones y definición precisa de las propuestas y programas.

No todo vale. Respeto no es relativismo. Urgencia no es confusión. Decir lo que no somos no es suficiente para presentar lúcidamente lo que somos, lo que queremos y lo que proponemos. El respeto no puede servir para la impunidad, ni para disimular el disfraz, ni para no responder a los cuestionamientos o no buscar claridad de miras.

Cuba no merece que nos pasen, otra vez, “gato por liebre”. Abramos los ojos. Permanezcamos atentos. Exijamos explicación y transparencia en todo. Despertemos la conciencia crítica, preguntemos, indaguemos, aclarémonos, y ejercitemos la capacidad de discernir y escoger lo que sea mejor para Cuba.