En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Justice Coalition of Religious (JCoR) comparte la voz profética de la Hna. María Maura Aranguren, Religiosa de la Consolación, referente de la red y misionera en la Isla Margarita, Venezuela.
Desde su experiencia pastoral y social, describe la realidad de la mujer en América Latina como un camino marcado por la lucha y la esperanza. “Hoy las mujeres tienen mayor interés en formarse, están más empoderadas, recuperando su dignidad y defendiendo sus derechos. Siguen luchando por aquellas que han sido violentadas”, afirma. Sin embargo, reconoce que persisten graves heridas en la región: la explotación sexual, la trata y la prostitución continúan afectando la vida de miles de mujeres.
Dolor y esperanza en el rostro femenino
Para la Hna. María Maura, los mayores signos de dolor se encuentran en la violencia estructural, la pobreza y la falta de oportunidades. Pero al mismo tiempo, los mayores signos de esperanza se revelan en la resiliencia cotidiana de las mujeres.
“El rostro de la resiliencia femenina hoy es de esperanza, fe, fortaleza y seguridad en Dios. Es ternura, cercanía, creatividad, lucha, constancia y perseverancia”, señala.
En el caso de Venezuela, subraya que las mujeres han sido protagonistas en sostener la esperanza del pueblo: “Se lo han jugado todo, incluso su propia vida, desde su fe en Dios, su compromiso con los derechos humanos y la libertad”.
Espiritualidad y justicia: una muralla firme
Para la religiosa, la espiritualidad es el fundamento que sostiene la lucha por la justicia. “Es esa muralla fuerte que nos protege ante el mal que busca socavar nuestra esperanza. En la espiritualidad encontramos el sentido para seguir firmes desde nuestros valores cristianos”.
Añade que la oración y la defensa de los más pobres son inseparables: “Cuando defendemos a los más vulnerables, allí está Dios, su rostro escondido que pide compasión”.
Vida religiosa femenina: al lado de la vida
La Hna. María Maura destaca que la vida religiosa femenina, fiel a su carisma, ha estado históricamente del lado de los más desvalidos. Defender la vida, promover la educación para quienes no tienen acceso y actuar con justicia ante los acontecimientos sociales son expresiones concretas de esta fidelidad.
Acompañar a mujeres víctimas de violencia, explica, significa ponerse de su lado, comprender su realidad y ofrecer espacios seguros donde puedan dialogar, ser escuchadas y sanar.
Incidencia y desafíos pendientes
Desde la experiencia de la JCoR, las mujeres religiosas están llamadas a incidir también en espacios internacionales, llevando la voz de quienes no son escuchadas y articulando alianzas que promuevan la transformación social.
La región —afirma— mantiene una deuda histórica con las mujeres: garantizar igualdad de derechos, protegerlas frente a la violencia, valorar su aporte y ofrecer trabajos dignos.
Para fortalecer la incidencia social, invita a las nuevas generaciones de mujeres religiosas y laicas a crear alianzas, discernir juntas las realidades de pobreza y actuar con fe y compromiso, convencidas de que incluso las acciones pequeñas tienen impacto en la sociedad.
Una misión profética
Celebrar el Día Internacional de la Mujer desde la misión profética significa, para ella, alzar la voz para que los derechos sean reivindicados y la dignidad femenina reconocida.
“Somos mujeres valientes, creyentes, sostenemos a esta sociedad. Merecemos respeto e igualdad de oportunidades. No tenemos que comportarnos como los hombres; estamos llamadas a vivir desde lo que somos: mujeres”.
Desde Venezuela, su testimonio resuena como un llamado a no claudicar en la defensa de la vida, la dignidad y la esperanza.
[Fuente: Deivis Fernando Rueda]
