La ideación suicida en adolescentes aumentó 56% en un año

De interés Destacadas

María Elena Padrón todavía intenta reconstruir las últimas semanas de vida de su hijo. Daniel Alejandro tenía 18 años de edad, acababa de graduarse de bachiller del colegio Don Bosco Altamira y había comenzado una carrera en el Instituto de Diseño de Caracas. Era, dice su madre, un joven respetuoso, amoroso, comprometido, empático, inteligente, noble y de excelentes sentimientos. Pero detrás de esa aparente normalidad había una angustia que la familia no vio a tiempo.

Daniel había comenzado a experimentar desmayos y presión en el pecho cuando todavía cursaba quinto año de bachillerato. Su madre lo llevó al cardiólogo, le hicieron una prueba de esfuerzo, un Holter y un MAPA. También fue evaluado por un neurólogo y le realizaron una resonancia cerebral. Los resultados no mostraron, en ese momento, una causa física que explicara lo que estaba ocurriendo. Daniel comenzó a dormir cada vez menos.

“Las mamás casi siempre decimos: ‘Es algo físico, vamos a llevarlo al médico”, recuerda Padrón. La familia creyó que, al haber descartado problemas físicos, el episodio había quedado atrás. No fue así.

Daniel comenzó a presentar ansiedad, estrés, alteraciones del sueño y un aislamiento que su madre interpretó inicialmente como parte de los cambios propios de la edad. En retrospectiva, Padrón identifica aquellas alteraciones de conducta como señales de un sufrimiento mucho más profundo. “Si pudiera retroceder el tiempo, me enfocaría en el aislamiento. Si ese comportamiento dura dos semanas o más, es una señal inequívoca de alerta”, dice.

el Estado debe crear programas específicos de salud mental dentro de las políticas de protección de la infancia.
El Estado debe crear programas específicos de salud mental dentro de las políticas de protección de la infancia | Foto Pexels

La historia de Daniel no pretende explicar por sí sola un fenómeno complejo ni reducir el suicidio a una única causa. Su madre insiste en que la depresión puede ser multifactorial. Pero su testimonio permite observar desde dentro cómo algunas señales pueden confundirse con problemas cotidianos, cómo el acoso puede trasladarse del aula a las plataformas digitales y cómo una familia puede tener la sensación de estar haciendo todo lo posible mientras desconoce la dimensión real del sufrimiento de uno de sus hijos.

Los registros del Servicio de Atención Psicológica (SAP) de los Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) muestran un aumento de la ideación suicida entre niños, niñas y adolescentes atendidos por la organización. En 2024, el SAP identificó 460 casos de jóvenes con ideación suicida. De acuerdo con la organización, esta estuvo presente en 35% de los casos atendidos por alteraciones del estado de ánimo, aunque también apareció asociada a violencia, conflictos familiares y otras situaciones de vulneración.

El primer semestre de 2025 ofrece una señal adicional de alarma: los casos de ideación suicida asociados a alteraciones del estado de ánimo aumentaron de 173 en los primeros seis meses de 2024 a 271 en el mismo período de 2025. Es decir, 98 casos más y un incremento de 56,67%.

La cifra debe leerse con cautela porque corresponde a los casos atendidos por Cecodap y no representa, por sí misma, la totalidad de los niños y adolescentes venezolanos que pueden estar atravesando una situación de riesgo. Pero, precisamente, la ausencia de estadísticas oficiales dificulta conocer la magnitud nacional del problema.

El acoso escolar también ocupa un lugar relevante en los casos de ideación suicida. Cecodap informó que en 2024 fue uno de los principales motivos de consulta relacionados con el derecho a la integridad personal. De 110 casos atendidos por la organización en esa categoría, 25,45% correspondió exclusivamente a situaciones de acoso escolar.

Los especialistas advierten que el acoso escolar puede escalar y convertirse en una situación delictiva si hay una lesión o hasta un fallecimiento. Además, es importante tomar en cuenta que esos casos ya no se limitan a las paredes de una institución; ahora esto puede continuar a través de redes sociales como TikTok, Instagram o WhatsApp.

El ciberacoso amplía el escenario de la violencia porque puede ocurrir a cualquier hora y en cualquier lugar. De acuerdo con el material de Cecodap, las agresiones digitales son más difíciles de detectar y controlar. El carácter público y permanente de determinados contenidos puede hacer que la víctima se sienta constantemente expuesta y vulnerable, sin espacios seguros donde refugiarse.

Ese elemento aparece con especial fuerza en la historia de Daniel.

Sociedad / Salud mental

Aumento de la ideación suicida en niños y adolescentes atendidos por Cecodap

Registros del Servicio de Atención Psicológica muestran un incremento de casos asociados a alteraciones del estado de ánimo entre 2024 y 2025.

460Casos totales en 2024
35%Prevalencia en cuadros de ánimo
56,67%Aumento semestral (2025)

Comparativa de casos: Primer semestre (Ene-Jun)

Primer semestre 2024173 casos
Primer semestre 2025271 casos
Fuente: Servicio de Atención Psicológica (SAP) de Cecodap

Un acoso que comenzó en un videojuego

Padrón descubrió después de la muerte de su hijo una parte de su historia que desconocía. Al acceder a sus redes sociales encontró que, aproximadamente un año y medio antes, Daniel había comenzado a comunicarse con un joven que al inicio parecía un amigo virtual.

El contacto comenzó a través de Roblox, un juego en línea que permite la comunicación mediante chat. Después continuó por WhatsApp y otras redes sociales.

El vínculo cambió progresivamente. Cuando Daniel le comentó qué carrera estudiaba, el joven comenzó a descalificarlo. Le dijo que el Diseño era una carrera “de perdedores” y “de fracasados” e hizo comentarios despectivos y homófobos.

La madre encontró mensajes en los que su hijo era llamado “basura humana” y “perdedor”. El acoso, cuenta, no consistió en un mensaje aislado, sino en una conducta progresiva que terminó afectando la percepción que Daniel tenía de sus propios talentos.

Daniel dejó la carrera después de tres meses. Padrón relaciona ese momento con las descalificaciones que recibía del joven, quien le decía que llevaba tres meses “perdiendo el tiempo”.

La investigación sobre el caso está en manos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). La madre entregó a los investigadores la información que consiguió en las redes sociales. Según su testimonio, el inspector asignado le informó que había interrogado al joven a raíz de la denuncia que presentó. Padrón también solicitó que se le realizaran evaluaciones psiquiátricas, pero le explicaron que esa actuación corresponde a la Fiscalía del Ministerio Público.

El ciberacoso puede comenzar en videojuegos en línea | Foto Pexels

La madre reclama que se determine si existió responsabilidad en la conducta del joven al que señala de acosar a su hijo.

“Les pregunté si solo investigaban una muerte por suicidio más o si buscaban determinar la responsabilidad de quien indujo a mi hijo a sentir que su vida no valía nada”, relata.

El proceso, agrega, requiere asistencia legal. Como no dispone de recursos para pagar un abogado privado, plantea acudir a la Defensa Pública para solicitar representación y promover las pruebas y testimonios que considere necesarios.

Más allá de la investigación penal, el caso de Daniel muestra la dificultad para detectar una violencia que puede ocurrir lejos de la mirada de los adultos y que, además, puede mezclarse con relaciones que el adolescente considera inicialmente amistosas.

Padrón recuerda que el joven que contactó a su hijo también se presentó personalmente ante la familia en una oportunidad. Lo invitó a un concierto de violín en el que participaría. Después del concierto contó una historia personal en la que se mostraba como víctima y Daniel pidió a su familia ayudarlo. La familia compartió con él una comida y lo acompañó hasta su residencia.

“Así operan estas personas: enganchan a sus víctimas valiéndose de supuestas vulnerabilidades”, sostiene Padrón.

En el caso de Daniel, el vínculo posterior fue principalmente virtual. El joven lo bloqueaba en una red social y, según su madre, el acosador abría otra cuenta. Padrón afirma que llegó a identificar alrededor de cinco perfiles en Instagram. También que el contacto se mantenía mediante videojuegos como Roblox, Valorant, Terraria o Minecraft: después de insultarlo, el joven volvía a invitarlo a jugar.

La hiperconectividad es uno de los elementos que José Eduardo Rondón, director del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela, considera relevantes para comprender el ciberacoso. El problema no es únicamente que exista un agresor, sino que la víctima puede quedar expuesta a él de manera permanente.

“Es necesario analizar de qué forma esta hiperconectividad e imposibilidad de desconectarse de los agresores acelera el deterioro de la autoestima y promueve el aislamiento emocional”, explica.

En Internet los menores pueden estar expuestos a múltiples agresores | Foto Pexels

La ideación suicida no tiene una sola causa

Rondón insiste en que no existe una explicación única para el surgimiento de pensamientos suicidas. Entre las variables contextuales menciona las condiciones de pobreza, la violencia comunitaria o intrafamiliar, los hogares disfuncionales y el acceso limitado a la educación. Pero aclara que estar expuesto a alguna de estas circunstancias no significa automáticamente que una persona desarrolle ideación o conductas suicidas.

La respuesta, sostiene, surge de la combinación de factores contextuales e individuales. Entre estos últimos identifica conductas depresivas —sin que ello implique necesariamente un diagnóstico—, aislamiento, llanto, mecanismos de afrontamiento evitativos o de negación, impulsividad y ansiedad.

El especialista considera especialmente importante la manera en la que cada adolescente afronta los problemas. Algunos buscan activamente soluciones; otros reaccionan de forma evitativa y se encierran en sí mismos. Cuando a esa respuesta se suman alteraciones afectivas, ansiedad, conductas depresivas, impulsividad y un ambiente hostil, la vulnerabilidad aumenta.

En ese escenario ubica el bullying y el ciberbullying.

“Un ambiente adverso como el bullying escolar puede acorralar al individuo, haciéndole sentir que carece de las herramientas necesarias para gestionar una fuente de estrés tan abrumadora”, afirma.

Rondón explica que cuando un adolescente siente que no tiene recursos para afrontar una situación que percibe como insoportable, puede recurrir a conductas de escape. El suicidio constituye, desde esta perspectiva, una respuesta extrema y disfuncional ante un sufrimiento que la persona ya no logra manejar.

Si además existe una falla en la comunicación con la familia, el joven puede sentirse sin apoyo y vulnerable. Por eso, advierte, no basta con mirar únicamente lo que ocurre en el colegio. También es necesario observar la dinámica familiar, las relaciones sociales y los espacios digitales en los que los adolescentes pasan parte importante de su tiempo.

Sociedad / Salud mental

Factores que inciden en el pensamiento suicida adolescente

Variables ambientales, individuales y familiares que elevan el riesgo de vulnerabilidad emocional en menores.

Conductas de escape: Ante el sufrimiento percibido como insoportable y la falta de mecanismos de afrontamiento o respaldo familiar, el suicidio se presenta como una respuesta disfuncional extrema.

Yiyi Granados, psicólogo clínico con experiencia en niños y adolescentes, coincide en que el contexto debe ser considerado de manera amplia.

En sectores vulnerables, explica, cuando la dinámica familiar está concentrada en cubrir las necesidades elementales, puede quedar poco espacio para atender el sufrimiento emocional.

“Los menores no hallan libertad ni respaldo para expresar sus afecciones, al notar la abrumadora carga que ya sobrellevan sus progenitores en la cotidianidad”, señala.

Pero el problema tampoco desaparece en hogares con mayores recursos económicos. En estos caso, Granados alerta sobre otros tipos de presión como la sobreexigencia social y académica. Algunos planteles imponen parámetros rigurosos de rendimiento académico, deportivo o disciplinario. Esa idealización del éxito puede trasladarse al entorno escolar y llevar a los estudiantes a juzgar y clasificar a sus compañeros.

“Aquel que no se ajusta a las expectativas padece una marcada presión y menoscabo en su autoestima”, explica.

Daniel es un ejemplo que Padrón utiliza para cuestionar la idea de que el suicidio solamente puede aparecer cuando existe una carencia económica o familiar evidente. “En el caso de mi hijo no fue así: tenía un hogar confortable, el apoyo de su familia y el amor de todos nosotros, lo que hace esto aún más doloroso. Aunque se tengan buenas calificaciones, amigos y un hogar amoroso, el sufrimiento mental puede estar presente”, dice.

La ideación suicida no se genera por un solo factor
La ideación suicida no se genera por un solo factor | Foto Cristian HERNANDEZ / AFP

Cuestión de género

Los registros de Cecodap muestran diferencias según el género. Las adolescentes mujeres de entre 12 y 17 años representaron 46% de los casos de ideación suicida y 56,96% de los registros de autolesiones en 2024. Estas estuvieron asociadas principalmente con alteraciones del estado de ánimo y situaciones de violencia. En el primer semestre de 2025, las mujeres jóvenes representaron 44,86% de los casos.

Entre los entornos de vulnerabilidad, la violencia sexual representó 50% de los motivos de consulta relacionados con violencia en adolescentes mujeres, mientras que el acoso escolar representó 17,9% y la violencia intrafamiliar 32,1%.

La organización ha planteado, entre sus recomendaciones, el desarrollo de una política pública de salud mental con recursos humanos, técnicos, materiales y financieros suficientes, así como la incorporación de los centros educativos como actores fundamentales en la promoción de la salud mental y la protección de niños, niñas y adolescentes.

Pero el incremento no se limita a las mujeres. Uno de los datos que más preocupa a Cecodap es el crecimiento de los casos entre los varones. Desde 2021, la proporción de casos de ideación suicida en esta población pasó de 13,51% a 18,24%. En números absolutos, los registros del primer semestre pasaron de 17 casos en 2024 a 41 en 2025.

Rondón explica que las diferencias de género también están vinculadas a la manera en que los hombres aprenden a gestionar sus emociones.

«La socialización de género puede llevarlos a reprimir los sentimientos hasta llegar a situaciones críticas», señala. Mientras la población femenina registra mayor ideación suicida, los hombres presentan una tasa más alta de suicidios consumados, según la explicación aportada por el especialista.

SALUD MENTAL

Ideación suicida y riesgo de autolesiones en adolescentes

El informe de Cecodap revela un impacto crítico en niñas y un crecimiento sostenido de casos en varones para el periodo 2024-2025.

Autolesiones (mujeres)56,96%
Ideación (mujeres)46%
Casos varones 202541

Motivos de consulta asociados a violencia en adolescentes mujeres

100%de casos

50% Violencia sexual

32,1% Violencia intrafamiliar

17,9% Acoso escolar

Ideación suicida en varones (registros primer semestre)

Primer semestre 202417 casos
Primer semestre 202541 casos
El estereotipo de que el hombre debe mostrarse fuerte y callar puede convertirse en una barrera para pedir ayuda.

“Cuando un individuo en situación de vulnerabilidad no sabe cómo encarar sus problemas y la norma social le impide solicitar ayuda, se produce un colapso definitivo que incrementa el riesgo suicida”, afirma Rondón.

Cecodap detalló que de los casos de ideación suicidad identificados en las consultas del SAP en 2024, 22,61% se ubicó en un nivel de riesgo moderado, caracterizado por ideas no estructuradas, gestos suicidas, fantasías de muerte o autolesiones acompañadas de alteraciones del estado de ánimo. Otro 3,26% correspondió a riesgo severo, con ideación suicida estructurada, autolesiones, intentos previos y alteraciones significativas del estado de ánimo.

El dato más importante, sin embargo, aparece en el desenlace de los casos atendidos. Ninguno de los casos relacionados con ideación suicida atendidos por Cecodap durante 2024 tuvo un desenlace fatal. La organización señala que el resultado muestra que la atención oportuna puede marcar una diferencia.

Otro hallazgo importante es que casi la mitad de los jóvenes sexodiversos atendidos durante 2024 por el Servicio de Atención Psicológica presentaba ideación suicida, una proporción que duplicaba la media de la población adolescente general. En los primeros meses de 2025, 8 de cada 10 adolescentes LGBTIQ+ atendidos manifestaron estas ideas.

Cecodap atribuye parte de esta vulnerabilidad a la discriminación estructural, la exclusión social y distintas formas de violencia. El temor a la estigmatización o a una posible revictimización puede convertirse en una barrera para buscar apoyo especializado.

Los registros de la organización también muestran que la violencia sexual afecta a adolescentes varones, aunque existe un estigma alrededor de la denuncia.

Así, la ideación suicida aparece vinculada a diferentes experiencias de vulneración. No existe un único perfil de adolescente en riesgo.

Otro punto en el que coinciden Cecodap y los especialistas entrevistados es la necesidad de no interpretar las autolesiones como una conducta destinada simplemente a llamar la atención.

Rondón explica que las autolesiones pueden funcionar como un mecanismo para regular momentáneamente la tensión emocional. Las marcas pueden ocultarse y el dolor físico puede convertirse en una vía de desahogo cuando el adolescente no encuentra otros recursos para expresar lo que siente.

“Es una clara llamada de atención que exige escuchar al menor y brindarle la ayuda que no sabe cómo solicitar”, sostiene.

Sucesos / Salud mental

El suicidio también está marcado por el subregistro

El panorama nacional está atravesado por otra dificultad: la falta de estadísticas oficiales actualizadas.

El Observatorio Venezolano de Violencia estimó que en Venezuela ocurrieron unas 1.962 muertes por suicidio en 2024, equivalentes a una tasa de 6,9 decesos por cada 100.000 habitantes. La cifra representó una disminución de 15,7% respecto de 2023. Sin embargo, el OVV ajustó su estimación por un subregistro que ubicó alrededor de 49,03%.

El informe señala que las estimaciones de Venezuela realizadas por el Instituto de Medición y Evaluación de la Salud y la Organización Mundial de la Salud se ubican en un rango similar al estimado por el OVV al comparar determinados años. También identifica incrementos de la tasa de muertes por suicidio durante los años más fuertes de la crisis humanitaria, entre 2015 y 2017, seguidos de un descenso hasta 2019 y un nuevo repunte durante los años impactados por la pandemia de covid-19.

En 2024, siete entidades federales registraron incrementos en sus tasas: Apure, Bolívar, Yaracuy, Miranda, La Guaira, Aragua y Cojedes. Táchira ocupó el primer lugar del indicador nacional, seguido por Distrito Capital y Mérida.

El OVV contabilizó además 272 casos de presuntos suicidios a partir del monitoreo de medios de comunicación y la consulta a informantes clave. Ese número fue inferior a los 411 casos registrados por esa metodología en 2023.

Estas cifras de mortalidad no pueden equipararse directamente con los registros de ideación suicida de Cecodap. Se trata de indicadores distintos y provenientes de fuentes diferentes; sin embargo, ambas organizaciones alertan que el país carece de un sistema oficial que permita conocer con precisión la magnitud de la problemática.

Padrón lo comprobó de una manera particularmente dolorosa.

Sociedad / Seguridad

Muertes por suicidio en Venezuela durante 2024

El balance anual del Observatorio Venezolano de Violencia registró una tasa de 6,9 decesos por cada 100.000 habitantes.

Muertes estimadas 1.962
Tasa nacional 6,9 x 100.000 hab.
Variación anual -15,7%

Casos contabilizados por monitoreo de medios

Año 2023  411 casos
Año 2024  272 casos

Liderazgo por indicador:

  1. Táchira
  2. Distrito Capital
  3. Mérida

Entidades con incrementos:

Apure, Bolívar, Yaracuy, Miranda, La Guaira, Aragua y Cojedes.

Después de la muerte de Daniel acudió a la morgue de Bello Monte, en el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses. Allí, mientras esperaba para reconocer el cuerpo de su hijo, preguntó a una funcionaria si eran frecuentes los casos de jóvenes fallecidos por suicidio.

Según el relato de la madre, la funcionaria le dijo que para el 8 de abril habían ingresado nueve jóvenes que se suicidaron, con edades de entre 12 y 20 años. “Es una tasa altísima, aunque lamentablemente en este país no hay cifras oficiales”, sostiene Padrón, quien considera que el silencio alrededor del suicidio es parte del problema.

“No hay estadísticas oficiales por parte de las autoridades y no se habla del tema, que es lo más preocupante. Culturalmente en Venezuela existe un gran tabú respecto al suicidio”, afirma.

La madre cuestiona la idea de que callar sea una manera de evitar que otros jóvenes imiten la conducta.

“Cuando visibilizas lo que pasa y adviertes sobre la alta mortalidad por suicidio en jóvenes, entiendes que es un problema de salud pública”, dice.

Rondón coincide en que la prevención requiere hablar del problema sin convertirlo en un tabú. “Hablar abiertamente del suicidio no genera un efecto contagio; por el contrario, permite abordarlo como un asunto prioritario de salud pública y atender el proceso emocional subyacente”, sostiene.

Expertos piden abandonar los tabúes alrededor del suicidio | Foto Pexels

Daniel dejó señales

El 6 de marzo, un mes antes de su muerte, Padrón conversó con su hijo Daniel sobre un semestre que había reprobado. Después de aquella conversación lo notó especialmente afectado.

Comenzó a levantarse para cocinar en la madrugada e intentaba dormir durante el día. También sufría opresión en el pecho y episodios de parálisis del sueño. En marzo se aisló de manera marcada. “Interpreté su irritabilidad como una muestra de rebeldía, cuando en realidad reflejaba el tormento interno que vivía”, cuenta.

La madre recuerda que a veces los adultos interpretan determinadas conductas como apatía o flojera. “Ahora entiendo que se trataba de una depresión profunda”, afirma.

Daniel dejó de salir con sus amigos. Sin embargo, nunca le dijo directamente a su madre que estaba triste.

“Jamás me dijo que se sentía triste. Pensé que solo atravesaba la frustración de haber perdido el semestre, sin saber cuánto influyeron las manipulaciones de ese acosador”, recuerda.

Ese relato coincide con una de las principales advertencias de los especialistas: el sufrimiento emocional no siempre se expresa mediante una confesión directa.

Para Rondón, un cambio drástico de conducta debe llamar la atención de padres y educadores. Un adolescente que antes era comunicativo y sociable y de repente se vuelve retraído, distante y silencioso puede estar atravesando una situación que requiere atención.

El aislamiento y la evitación del contacto social son indicadores importantes. También importa la calidad de los vínculos, es decir, tener muchos conocidos no necesariamente significa contar con una red emocional sólida.

Granados plantea una advertencia similar, pero pide evitar el alarmismo.

La severa rigidez en la autoexigencia académica o personal también puede ser una señal. Asimismo, deben observarse cambios en la expresión afectiva y el distanciamiento social. La aproximación, recomienda, debe realizarse mediante preguntas abiertas y sin juicios que puedan provocar rechazo.

Padrón, desde la experiencia de haber perdido a un hijo, resume su propia lección en una frase: observar. “Debemos conocer bien a nuestros hijos y prestar atención, aunque el trabajo nos absorba”, dice.

Escuchar a los adolescentes y estar atentos a sus cambios de humor es vital para detectar problemas emocionales a tiempo | Foto Pexels

Los especialistas entrevistados insisten en que escuchar constituye una herramienta fundamental. Cuando un adolescente expresa malestar, los adultos pueden cometer el error de comparar ese sufrimiento con problemas que consideran más graves o más importantes.

Rondón recomienda no minimizar aquello que para el joven puede resultar abrumador.

“Lo que para un adulto es un contratiempo menor, para el adolescente representa una situación abrumadora que supera sus capacidades”, explica.

En esos momentos, sostiene, puede existir una distorsión cognitiva que impide al joven visualizar alternativas. Aunque existan salidas, la persona afectada puede no percibirlas.

Por eso, el objetivo inicial no debería ser convencerla de que “no pasa nada”, sino intervenir sobre su experiencia emocional y reconocer su dolor.

Padrón aprendió esa lección a partir de su propia pérdida. “Escúchenlos con calma y contención; luego busquen la ayuda profesional requerida”, recomienda.

También considera necesario ofrecer al adolescente espacios para hablar a solas con un psicólogo o psiquiatra, además de mantener un ambiente familiar sereno.

Su consejo a los jóvenes es no normalizar el acoso. “Quien te descalifica no es tu amigo”, afirma.

Si un adolescente sufre agresiones o acoso virtual, debe contárselo a sus padres o a otro adulto de confianza. Si no puede hacerlo en casa, puede recurrir a un profesor o a la madre de un compañero.

“Comprendan que la tristeza es un estado temporal y que la depresión se puede tratar con ayuda profesional”, dice Padrón.

Cecodap plantea una estrategia que incluya a familias, escuelas, docentes, jóvenes y Estado.
Cecodap plantea una estrategia que incluya a familias, escuelas, docentes, jóvenes y Estado | Foto Pexels

Qué debe hacer una escuela ante una señal de riesgo

La escuela ocupa un lugar central porque es uno de los espacios donde los cambios de conducta pueden ser observados por adultos distintos a la familia.

Cuando aparece un caso de ideación suicida, la recomendación es garantizar primero la seguridad física y emocional del adolescente. Después, buscar un espacio tranquilo para conversar, sin juicios de valor ni amenazas.

El abordaje inicial debe hacerse con privacidad para evitar exponer al joven frente a sus compañeros o a otros miembros del personal. También debe tomarse en cuenta su opinión y su voluntad, preguntándole en quiénes dentro de la institución o de su familia confía.

A partir de allí, la escuela debe orientar a la familia hacia servicios especializados.

Si las vías internas no funcionan, Cecodap señala que pueden activarse los Consejos de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, órganos administrativos destinados a proteger los derechos de la infancia y adolescencia cuando existe una amenaza o violación.

En estos casos, los consejeros pueden disponer distintas medidas de resguardo, entre ellas órdenes de tratamiento médico, psicológico o psiquiátrico. También pueden establecer ajustes para mantener la escolaridad, como cambios de sección o plantel cuando sea necesario para proteger al adolescente.

Cuando el agresor es otro adolescente, pueden considerarse medidas como tratamiento psicológico especializado, prohibición de acercamiento o comunicación con la víctima, separación de aulas o supervisión de adultos responsables.

El marco jurídico también contempla responsabilidades cuando una conducta puede configurar inducción al suicidio. De acuerdo con información difundida por Cecodap anteriormente, el Código Penal vigente establece una pena de 7 a 10 años para quien induzca a una persona a suicidarse o la ayude con ese propósito cuando el suicidio se consuma. La Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente, por su parte, establece un régimen especializado para adolescentes responsables de hechos punibles a partir de los 14 años.

Para determinar una eventual responsabilidad adolescente, deben analizarse pruebas como llamadas y mensajes y establecerse si existió una conducta de violencia psicológica que pueda configurar una instigación al suicidio. Esto resulta particularmente relevante frente a casos de acoso que se prolongan durante meses y se trasladan a distintas plataformas.

Pero el enfoque legal no puede sustituir la prevención. Cecodap señala que, cuando existen amenazas o vulneraciones de derechos, el abordaje debe trascender el ámbito escolar y activar el Sistema de Protección. Cuando los hechos pueden constituir delitos, como la inducción al suicidio, corresponde al Ministerio Público iniciar la investigación penal. Paralelamente, la víctima debe recibir atención integral.

No hay protocolos de prevención

Uno de los principales vacíos señalados por Cecodap es la ausencia de protocolos nacionales de prevención del suicidio y las autolesiones en el ámbito escolar.

La organización señala que las escuelas deberían contar, al menos, con un profesional de psicología dedicado a la atención primaria en salud mental. En la práctica, los equipos psicosociales son reducidos y en algunos casos solo cuentan con orientadores.

La propuesta de Cecodap incluye la elaboración de un diagnóstico nacional de la salud mental de niños, niñas y adolescentes. A partir de ese diagnóstico, el Estado debería determinar las necesidades existentes y diseñar políticas públicas en las que participen las familias, los docentes y los propios jóvenes.

El problema, advierten, no puede abordarse únicamente desde el suicidio. Si no se atienden también la violencia familiar, la violencia de género y el acoso escolar, los esfuerzos quedarán incompletos.

Los especialistas también coinciden en la necesidad de reforzar los servicios existentes para niños y adolescentes en hospitales y otras instituciones accesibles.

Rondón considera indispensable formar a los docentes.

Expertos exigen protocolos de salud mental en los colegios del país | Foto AFP

Los educadores, explica, no deben asumir tareas psicoterapéuticas, pero sí contar con herramientas para identificar señales de riesgo y saber a qué instancia remitir los casos.

Desde el Instituto de Psicología de la UCV desarrollan un protocolo orientado a educadores para identificar signos de maltrato y abuso sexual en menores. El objetivo es que el personal docente disponga de pautas claras para reconocer indicadores de riesgo y conocer los canales institucionales de remisión.

Granados coincide en que las rutas de atención deben quedar claramente establecidas.

“Es indispensable establecer rutas de atención y detección temprana. Los educadores requieren formación para identificar indicadores de riesgo sin asumir tareas psicoterapéuticas, apoyándose en equipos interdisciplinarios”, señala..

La Ley Orgánica de Educación establece que entre los fines fundamentales de la educación están el respeto a la dignidad humana y la promoción de valores como la tolerancia, la justicia, la solidaridad, la paz, el respeto a los derechos humanos y la no discriminación.

Por tanto, el colegio no es solamente un espacio para impartir contenidos académicos. También debe ser un lugar seguro e inclusivo.

La prevención exige, según las recomendaciones de los expertos, acciones de corto, mediano y largo plazo. A corto plazo, atención inmediata y acompañamiento emocional. A mediano plazo, espacios seguros y protocolos claros para la detección temprana. A largo plazo, una cultura escolar inclusiva y respetuosa que fortalezca las habilidades socioemocionales de estudiantes y trabajadores, con participación de las familias.

Lo ideal es que se una actuación coordinada entre Estado, familia y comunidad educativa para prevenir, proteger y garantizar el derecho de niños, niñas y adolescentes a una vida libre de violencia.

Rondón recomienda no minimizar aquello que para el joven puede resultar abrumador.
Rondón recomienda no minimizar aquello que para el joven puede resultar abrumador | Foto AFP

Una familia puede estar cerca y no saberlo todo

Padrón reconoce que uno de los mayores dolores después de la muerte de Daniel ha sido reconstruir lo que ocurrió sin poder preguntárselo.

Ella estuvo pendiente de sus síntomas físicos. Lo llevó a consultas médicas. Observó su desempeño académico. Estaba presente en su vida. Pero no conocía el alcance de la violencia digital que sufría.

“Esa fue la principal falla de nuestra parte: haberlo llevado al neurólogo al principio y luego no continuar el seguimiento”, admite.

No obstante, su testimonio no busca trasladar toda la responsabilidad a la familia.

Padrón reclama también una respuesta del Estado. Considera necesario que exista atención psicológica gratuita y oportuna para los jóvenes, espacios seguros y procesos que no estén sometidos a demoras burocráticas.

“El Estado debe reconocer esta realidad y ofrecer atención psicológica gratuita y oportuna para la juventud, con espacios seguros y sin demoras burocráticas”, sostiene.

Cecodap comparte esa preocupación. Ante el déficit de servicios públicos, el SAP ofrece primeros auxilios psicológicos, enlaces con redes de apoyo, psicoterapia o referencias a instituciones cercanas. También desarrolla grupos de acompañamiento para jóvenes, mediante actividades como juegos, dibujos y escritura, orientadas a ayudar a los niños y adolescentes a manejar y expresar sus emociones.

La Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello desarrolló Psicomapa, un registro digital que permite ubicar 102 organizaciones y centros de atención psicológica en el país, con servicios gratuitos o de bajo costo.

Cecodap cuenta también con un Servicio de Atención Psicológica y un directorio de centros de salud mental para niños, niñas y adolescentes en Caracas y La Guaira.

ideación suicida
En el Psicomapa pueden encontrar servicios de salud mental a bajo costo

El caso de Daniel también deja una pregunta sobre el papel de las familias frente al mundo digital.

Padrón reconoce que en un momento pensó que quitarle el teléfono a su hijo podía ser suficiente. Después entendió que el problema era más profundo.

“El control parental digital no basta: se requiere escucha activa y observación constante”, sostiene.

Rondón plantea que la tecnología puede convertirse inicialmente en un refugio para adolescentes que no encuentran atención o supervisión en otros espacios. Pero ese mismo espacio puede exponerlos a agresores que identifican vulnerabilidades.

El problema se agrava cuando el adolescente no cuenta con recursos emocionales para enfrentar el acoso o la extorsión virtual.

Granados también advierte que la dinámica de los adolescentes en redes debe analizarse sin perder de vista el contexto familiar y escolar.

No se trata de demonizar la tecnología, sino de dotar a los jóvenes y a los adultos de herramientas para utilizarla con criterio, empatía y seguridad.

Entre las recomendaciones recogidas por Cecodap está precisamente transformar las plataformas digitales en oportunidades educativas y acompañar a las familias para que comprendan los lenguajes, dinámicas y desafíos que enfrentan los niños y adolescentes en sus espacios de socialización.

La prevención comienza antes de la crisis

Los especialistas coinciden en que no basta con actuar cuando un adolescente ya se encuentra en una situación de riesgo.

Rondón considera que las políticas públicas deberían orientarse a promover la salud mental, el bienestar integral, la resiliencia y la autoestima, además de atender directamente la conducta suicida.

“El suicidio es la consecuencia final de un malestar persistente”, afirma. Por eso, intervenir sobre el bienestar puede contribuir a prevenir el desarrollo de conductas autodestructivas.

Granados considera igualmente indispensable trabajar sobre las capacidades emocionales y establecer rutas claras para la detección temprana.

ideación suicida
Exigen crear mecanismos de prevención en las escuelas | Foto AFP

Cecodap plantea una estrategia que incluya a familias, escuelas, docentes, jóvenes y Estado.

La organización ha recomendado diseñar una política pública de protección para niños, niñas y adolescentes; reconocer la salud como un derecho, fortalecer el sistema de protección, desarrollar planes específicos para las niñas y adolescentes frente a la violencia, incorporar un enfoque de género, crear una política pública de salud mental con recursos suficientes, convertir los centros educativos en actores clave y desarrollar campañas nacionales de sensibilización.

La prevención, entonces, no es únicamente enseñar a identificar una señal de alarma. También implica construir condiciones para que los jóvenes puedan pedir ayuda antes de llegar a una situación crítica.

Una madre decidida a hablar sobre el suicidio

Daniel murió el 7 de abril.

El día anterior, Padrón no sabía que aquella conversación que habían tenido semanas antes sobre el semestre reprobado sería una de las últimas. La madrugada previa a su muerte, otro de sus hijos escuchó a Daniel caminar inquieto por la casa. A la mañana siguiente, la familia encontró la escena que cambiaría sus vidas.

La madre habla ahora desde un duelo que no pretende presentar como superado.

“En su nombre y para honrar su memoria, he decidido transformar este inmenso dolor en un propósito de ayuda hacia los demás”, dice.

Quiere crear una fundación en memoria de su hijo y formarse como psicóloga para apoyar a quienes no pueden pagar una terapia.

También fundó un grupo de apoyo para madres en duelo, una experiencia que le ha permitido conocer otros casos de familias que atraviesan pérdidas similares.

Pero hay algo que Padrón quiere preservar por encima de todo: la identidad de Daniel más allá de su muerte.

“Daniel Alejandro era un joven ejemplar: respetuoso, amoroso, comprometido, empático, inteligente, noble y de excelentes sentimientos”, afirma.

Hablar sobre el suicidio es la mejor manera del prevenirlo | Foto AFP

Cuenta que sus compañeros de promoción y la subdirectora del colegio Don Bosco estuvieron en su funeral y que todos tenían palabras de afecto para él.

“Era un joven creativo y cariñoso. Cuando yo llegaba a casa, era el primero en salir a pedirme la bendición”, recuerda.

Padrón insiste en que la historia de su hijo no debe quedar reducida a la forma en que murió.

“Me gustaría que lo recuerden por quien era”, dice.

La madre decidió hablar para que el silencio no sea otra víctima.

“Deseo que el caso de Daniel alerte a otros padres y muestre a los jóvenes que el suicidio no es la salida”, afirma.

En septiembre, cuando el Mes de la Concientización sobre la Prevención del Suicidio vuelve a colocar el tema en el centro de la conversación pública, la advertencia adquiere una dimensión que va más allá de las campañas: la prevención también ocurre en los salones de clase, en las casas, en las consultas psicológicas y en las conversaciones que los adultos deciden tener con los adolescentes.

Porque, como muestran los datos de Cecodap, detrás de cada porcentaje hay un niño o un joven que necesitó ser escuchado. Y detrás de cada señal puede existir una oportunidad para llegar a tiempo.

[Fuente: Erika Hernández – El Nacional]