La Santa Sede a la ONU: La incitación al odio alimenta la violencia

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“Al desarmar las palabras, se dan los primeros pasos para tejer el tejido de la paz social y promover una cultura del diálogo, la tolerancia y el respeto por las diferencias”, afirmó el nuevo observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, monseñor Christophe-Zakhia El-Kassis, en su intervención de este jueves 17 de septiembre, en Nueva York, con ocasión de la Conferencia mundial sobre la promoción del diálogo interreligioso e intercultural y de la tolerancia en la lucha contra la incitación al odio. El arzobispo de origen libanés, quien precisamente este 16 de septiembre presentó su carta de nombramiento al secretario general de la ONU, António Guterres, se hizo portavoz de lo que ya había expresado León XIV en su encíclica Magnifica humanitas: “La primera contribución que podemos hacer a una civilización más humana es prestar atención a nuestras palabras… El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicación cotidiana”.

La incitación al odio allana el terreno para la violencia y la persecución

Organizada por el Reino de Marruecos, la Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger (OSAPG) y la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, la conferencia le dio la oportunidad a monseñor El-Kassis de reiterar que “cada persona humana es creada a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad inviolable que ninguna ideología, ni ideología de odio ni expresión de desprecio, puede menoscabar. De esta verdad fundamental -dijo- surge el imperativo moral de rechazar toda forma de intolerancia, discriminación e incitación al odio que hiere a la familia humana y socava las condiciones para una convivencia pacífica”. Las palabras del representante vaticano fueron claras: “La incitación al odio -ya sea dirigida contra individuos o comunidades por su religión, etnia, nacionalidad o cualquier otra característica- contradice el mandamiento de amar al prójimo, envenena el debate público, alimenta las divisiones y, con demasiada frecuencia, allana el terreno para la violencia y la persecución”.

Las palabras de odio socavan las condiciones de la verdadera libertad

“La verdadera tolerancia no es indiferencia ni relativismo. Es el reconocimiento activo de la igual dignidad de cada persona y de la libertad de conciencia que le corresponde a cada uno. Requiere el esfuerzo paciente del diálogo, de la comprensión mutua y del rechazo a los estereotipos. Con este espíritu -continuó El-Kassis-, la Santa Sede promueve el diálogo interreligioso e intercultural como un camino esencial para superar los prejuicios y construir un mundo mejor para todos. La libertad de expresión es un derecho fundamental que debe protegerse. Sin embargo, esta libertad conlleva responsabilidades correspondientes. Un discurso que incite deliberadamente al odio o a la violencia no puede reivindicar la protección de la libertad; por el contrario, socava las mismas condiciones en las que la verdadera libertad puede prosperar”.

[Fuente: Vatican News]