La defensa de la vida debe ser «coherente y universal», extendiéndose «a toda persona, en toda etapa y en toda circunstancia». Así lo reiteró el arzobispo Christophe Z. El-Kassis, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, en una declaración pronunciada en el 81.º período de sesiones de la Asamblea General sobre el tema: «Promoción y protección de los derechos humanos».
Recordando que la pena de muerte es «inadmisible» porque constituye un «ataque a la inviolabilidad y dignidad de la persona», el prelado subrayó que esta dignidad «otorgada por Dios» nunca disminuye, «independientemente de la gravedad» del delito. El progreso alcanzado en los sistemas penales, señaló, permite ahora a los Estados «proteger eficazmente» a la sociedad «sin excluir la posibilidad de arrepentimiento y redención».
En demasiados lugares del mundo
Cuando se aplica la pena de muerte, señaló, «no hay recurso en caso de que se produzca una injusticia». Sin embargo, las víctimas y sus familias tienen «derecho a la solidaridad, el apoyo y una justicia pronta, imparcial y humana». No obstante, quitarle la vida a otro ser humano «no puede restaurar lo perdido». El propósito del castigo «no es la venganza», sino más bien «el restablecimiento de los lazos sociales, la protección del bien común y la reintegración del delincuente».
De ahí el renovado llamado a la abolición de esta medida, porque a pesar de los esfuerzos realizados en este sentido, «las ejecuciones continúan en demasiados lugares». Por consiguiente, los Estados que mantienen la pena de muerte deberían considerar «establecer, sin demora, una moratoria sobre las ejecuciones como un paso hacia la abolición», al tiempo que conmutan las penas existentes y garantizan «juicios justos», además de invertir en enfoques de rehabilitación y restauración.
Tráfico de drogas
En otra declaración sobre los temas de «Prevención del delito y justicia penal» y «Control internacional de drogas», el arzobispo El-Kassis señaló que «se necesita una determinación renovada ante la expansión de los mercados de drogas y los vínculos entre el narcotráfico, la corrupción y la actividad delictiva» en todo el mundo, tanto para «reducir la producción y el tráfico» de estupefacientes como para reeducar e integrar plenamente a los delincuentes en la sociedad, porque «la verdadera justicia no puede satisfacerse solo con el castigo».
Pueblos indígenas
En un tercer discurso, centrado en los «Derechos de los Pueblos Indígenas», el Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU destacó que estas poblaciones no son «objetos» de las políticas de desarrollo, sino «sujetos y protagonistas de su propio destino».
[Fuente: Vatican News]
