Las Hermanas Dominicas cumplen 126 años predicando misericordia en Venezuela

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La historia de la Iglesia en Venezuela se encuentra íntimamente unida a los testimonios de valentía y entrega heroica que florecen en los momentos de mayor vulnerabilidad. Hace exactamente 126 años, en un contexto marcado por la penuria, las secuelas de guerras internas y el abandono social, germinó en la ciudad de Mérida una de las obras más hermosas de la providencia divina en tierras americanas: la Congregación de las Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima, conocidas originalmente en sus raíces como las «Hermanas de la Caridad». Hoy, ante un panorama nacional conmovido por recientes catástrofes naturales, su misión sigue siendo un testimonio vivo de la caridad de Cristo.

Nacidas como un acto de caridad y misericordia

La fundación de la Congregación, acaecida formalmente el 05 de julio del año 1900, fue una respuesta emergente y providencial ante una realidad desgarradora. Venezuela venía arrastrando las severas heridas de la política anticlerical del gobierno de Antonio Guzmán Blanco, período en el cual se suprimieron conventos y seminarios en un intento de debilitar la fe del pueblo. No obstante, como enseña la Sagrada Escritura, «todo contribuye al bien de los que aman a Dios», y fue precisamente en medio de esta hostilidad donde el Espíritu Santo sembró la semilla de nuevas fundaciones autóctonas.

A nivel regional, Mérida atravesaba la crisis más terrible de su historia tras el devastador terremoto de 1894 en la zona del Mocotíes y las secuelas de peste, miseria y muerte que dejó en 1899 el paso de la revolución del general Cipriano Castro. Ante este escenario catastrófico e inseguro, las Hermanas de Santa Ana se vieron forzadas a abandonar la conducción del Hospital San Juan de Dios.

Fue en ese instante de absoluto desamparo cuando la Madre Georgina Febres Cordero, asumió el reto heroico de tomar las riendas del hospital abandonado. De este modo, nació el 05 de julio de 1900 una nueva congregación orientada a servir al prójimo desde sus necesidades más urgentes.

Las Hermanas Dominicas de Venezuela
Las Hermanas Dominicas de Venezuela

«La niña de los ojos» de la Iglesia merideña

A lo largo de los años, las Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima se han convertido en lo que la piedad local denomina con profundo afecto «la niña de los ojos» de la Iglesia merideña. Su presencia ha sostenido de manera ininterrumpida dos de las dimensiones más cruciales de la pastoral: la salud —atendiendo tanto la fragilidad física corporal como el consuelo espiritual desde la mística dominicana— y la educación formal de la juventud. Al valorar este impacto en el tejido social, la superiora general, Sor Emérita Ávila, O.P., subraya con profunda identidad que «nuestra Congregación de Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima es una fundación orgullosamente venezolana».

En el contexto actual, intensificado por la tragedia de dos recientes terremotos que han azotado con severidad a la capital de la República y a otros estados del país, la misión adquiere una vigencia sobrecogedora. Las religiosas se despliegan hoy en las zonas de mayor vulnerabilidad, replicando el acompañamiento que su fundadora brindó hace más de un siglo. Sor Emérita Ávila enfatiza que, justamente «en medio del dolor y el sufrimiento que hoy pesa en nuestro país, en estos momentos de profunda conmoción a raíz de la catástrofe vivida por los dos terremotos, encarnamos nuestro carisma específico: la predicación expresada en la Misericordia». Para la Iglesia local, la labor de estas religiosas significa, en esencia, ser un abrazo de dulzura en medio de la realidad que se vive.

Frente a la incertidumbre y las secuelas materiales y emocionales de los sismos, la Congregación se mantiene firme desde la fe. La superiora general manifiesta que, «aunque en este instante de dificultad no conocemos el alcance completo de la realidad que afrontaremos en los próximos meses, caminamos confiadas en la Providencia Divina». Lejos de caer en la desesperación, las religiosas descubren en la solidaridad del pueblo el rostro de Dios, concluyendo que «Él, como brisa suave, se hace presente hoy en los lazos de hermandad que ustedes nos tienden», transformando la vulnerabilidad compartida en un vivo testimonio del amor del Padre.

Las Hermanas Dominicas de Venezuela
Las Hermanas Dominicas de Venezuela

Una estructura de caridad que se expande en la vulnerabilidad

Lo que comenzó como el humilde y arriesgado paso de una mujer en el Hospital San Juan de Dios, se ha transformado hoy en una robusta red de asistencia evangélica que traspasa fronteras. La Congregación ha extendido sus ramas de misericordia y actualmente cuenta con una notable presencia internacional, haciendo vida y llevando el Evangelio a comunidades de Venezuela, Colombia, Perú y España.

Este despliegue congregacional, consagrado siempre al servicio de los más desfavorecidos, se estructura a través de 14 colegios e instituciones educativas, hogares dedicados a la protección de niñas y jóvenes en riesgo, ancianatos, residencias para adultos mayores, una casa de salud, obras de predicación y una casa de formación para las nuevas vocaciones. Dicha labor eclesial demuestra cómo, en palabras de la Superiora General, el reconocimiento de la propia vulnerabilidad humana permite descubrir el valor de las manos fraternas que actúan unidas por el bien común, sirviendo como un testimonio vivo del amor del Padre.

[Fuente: Vatican News]