Queridos maestros:
Este 15 de enero de 2026, la Comisión Episcopal de Educación de la CEV se une al júbilo de todo el país para honrar su vocación de entrega y servicio a los niños, niñas y adolescentes de nuestro país. Al conmemorar el Día del Maestro, regresamos la mirada a aquel año 1932, cuando en la dictadura de Juan Vicente Gómez un grupo de valientes educadores, entre quienes destaca Luis Beltrán Pietro Figueroa, fundó la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria para defender sus derechos y la dignidad de la educación. Aquella semilla de unidad y de dignificación de la labor docente sigue viva
hoy en cada aula de nuestro país, gracias a trabajo incansable de todos ustedes.
Reconocemos que hoy, ser maestro en Venezuela es un acto de heroísmo cotidiano.
La Presidencia de la CEV, en su mensaje con motivo de la Navidad, ha señalado con claridad los tiempos de incertidumbre y las carencias que marcan nuestro tejido social.
Ustedes, queridos maestros, viven en carne propia estos retos: la lucha por condiciones dignas, el cansancio de las familias y la mirada de unos niños que buscan en ustedes una certeza que el mundo parece negarles.
Sin embargo, frente a este panorama, el Papa León XIV nos ha lanzado un desafío profético desde su primer saludo al asumir el pontificado: ser arquitectos de una “paz desarmada y desarmante”.
En sus más recientes discursos, el Santo Padre nos recuerda que la verdadera paz no es la ausencia de conflictos, sino la presencia de la justicia y la educación. Una «paz desarmada» es aquella que nace en el corazón del maestro que decide no responder al odio con odio, ni a la precariedad con la desidia, sino que desarma la violencia a través de la pedagogía del encuentro y la ternura.
No caminan solos en esta tarea. Venezuela es tierra de maestros santos, como lo hemos señalado en nuestros anteriores mensajes. San José Gregorio Hernández, desde su cátedra universitaria y su servicio a los pobres, nos enseñó que la ciencia sin caridad es soberbia, y que la mayor lección es la propia vida entregada al prójimo. Asimismo, la Santa Madre Carmen Rendiles nos recuerda que la educación es un acto de amor que requiere paciencia y una confianza infinita en la Providencia. Que ellos sean sus intercesores cuando el cansancio parezca vencer la esperanza.
Maestros: una vez más les recordamos que el país los necesita. Como parte de esa «Constelación Educativa» que el Papa nos invita a formar, cada uno de ustedes es una luz que impide que la oscuridad se apodere del futuro de nuestros niños, niñas y adolescentes.
Gracias por mantener encendida la llama de la fe y la esperanza en nuestras escuelas, y por ser el rostro humano de una Iglesia que camina con su pueblo.
“Que el Dios de la esperanza los colme de alegría
y en la fe, para que desborden de esperanza por
la fuerza del Espíritu Santo”
(Rm 15, 13).
Que la Virgen de Coromoto, nuestra Madre, los cubra con su manto, fortalezca su salud y bendiga sus hogares. Que el Señor les bendiga y les acompañe, y que su luz resplandezca en su misión de educar y evangelizar.
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Mons. Carlos Curiel Herrera.
Obispo de Carora
Presidente de la Comisión Episcopal de Educación
[Fuente: Prensa Conferencia Episcopal Venezolana]
