PALABRAS DE AGRADECIMIENTO EN LA RECEPCIÓN DEL PREMIO “VALORES DEMOCRÁTICOS”. CERPE-UCAB, Caracas, martes 21 de abril 2026.
El agradecimiento no es un cumplido postulado por la urbanidad, es, en este caso, el reconocimiento de la generosidad producto de la amistad y del compartir sueños y desvelos. Este curioso acto creado hace unos años por la Universidad Católica Andrés Bello a través de su Centro de Reflexión y Planificación Educativa CERPE, tiene a mi modo de ver, el rescatar una virtud deseada pero difícilmente practicada: Vivir en democracia.
San Pablo nos exhorta a que “tengamos cuidado con nuestra manera de vivir. No vivamos como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos” (Ef. 5, 15-16). Es un regalo divino que guía y protege y da propósito a la vida.
Doy gracias por el tiempo que me ha tocado vivir, y por el escenario que no es otro que este bello país en el que nacimos y hemos desarrollado la mayor parte de mi existencia. La disciplina, la verdad y trasparencia, el amor de Dios hecho realidad en el servicio desinteresado al prójimo cualquiera que sea, me fue inculcado en el hogar, en el Colegio y en el Seminario desde mis primeros años de vida.
Cómo añoro las clases de formación social, moral y cívica que formaba parte de las materias desde los primeros años de educación primaria. La ciencia sin conciencia no puede ser un simple conocimiento intelectual, sino aquello que transforma nuestra manera de vivir porque detrás de cada acto están los valores o contravalores que le dan sentido.
La primera lección, siendo apenas un estudiante de primer año de bachillerato nos la dio el Rector del Seminario Interdiocesano de Caracas, el P. Miguel Antonio Salas, sacerdote eudista, cuando nos dijo que un buen cristiano no le debe dar la mano a quien la tiene manchada con sangre. Se refería a que en aquel día, el dictador Marcos Pérez Jiménez iba a inaugurar el nuevo edificio del viejo seminario de Los Mecedores en el norte de esta ciudad capital. Aquella breve lección se nos quedó grabada en letras doradas en la mente y el corazón de quienes las escuchamos.
Mis estudios superiores en la Pontificia Universidad de Salamanca me ayudaron a beber la teología a la sombra de los grandes pensadores salmantinos desde Fray Francisco de Vitoria hasta nuestros días. Porque la ciencia sagrada sin una referencia directa a la vida, sobre todo de los más desasistidos no tiene razón de ser. Esa lección formaba parte de todos los tratados dogmáticos, morales, jurídicos, escriturísticos, artísticos y pastorales. Sin referencia lineal con la integridad de la vida que pasa por el valor supremo del respeto al prójimo a quien hay que reconocerle su condición de imagen y semejanza de Dios, de nada vale saber mucha teología y menos pretender trasmitirla ajena a la vida cotidiana y al entorno físico que nos rodea.
La enseñanza del magisterio latinoamericano del postconcilio nos remacha lo que el Documento de Aparecida nos dice con diáfana claridad: “vemos con preocupación el acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de corte neopopulista. Esto indica que no basta una democracia puramente formal, sino que es necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y respeto de los derechos humanos. Una democracia sin valores, se vuelve fácilmente una dictadura y termina traicionando al pueblo” (n.74).
La vocación y el ministerio que como hombre de Iglesia me toca vivir me impele a no dejar de lado los principios trascendentes del cristianismo para bien de la humanidad. No podemos dejar de predicar el evangelio, el auténtico sentido de la paz y la convivencia como ha repetido en estos días el Papa León XIV en su viaje apostólico por el continente africano.
Un sueño que comparto con ustedes y se convierte en un pedimento a los promotores de esta iniciativa universitaria, es que este premio debería tener varias categorías en las que desde los alumnos de la escuela primaria hasta los de estudios superiores, o los que se educan en la universidad de la vida con valores, reciban cada año un reconocimiento como el de hoy que nos anime a todos a ser protagonistas de la ciudadanía que transforme nuestro medio en una fraternidad y no en un pugilato en el que la fuerza y la irracionalidad se enseñoree como rectora de la vida de nuestros pueblos. Recordemos este día al Papa Francisco en el aniversario de su fallecimiento quien probó la hiel amarga de las dictaduras y luego predicó con su ejemplo las mieles de la democracia.
¡Dios les pague y bendiga!
