95% de la diáspora quiere reconstruir el país, pero solo 11% tiene planes de regresar

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Migrar, retornar o reagrupar a la familia en un país diferente. La diáspora venezolana enfrenta, desde los años más duros de crisis política, social y económica de las últimas décadas, el dilema de decidir dónde construir su vida, establecer nexos o desarrollarse profesionalmente. No es una decisión sencilla, pero sí completamente personal que dependerá de la lectura que haga cada grupo familiar de la realidad de un país que comenzó 2026 con cambios radicales.

Con una de las diásporas más grandes del mundo, (8,7 millones de migrantes), las condiciones que piden los venezolanos en el exterior para regresar siguen sin darse. Los motivos por los que migraron persisten a pesar de los renovados aires de esperanza tras los hechos ocurridos el pasado 3 de enero, cuando Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron extraídos del territorio nacional por fuerzas militares estadounidenses.

Solo 7% de los migrantes venezolanos en el exterior ha regresado al país, según las mediciones de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) publicado en mayo de este año. Basado en el análisis de los datos recogidos en los años 2021, 2023 y 2025 no se identifica una tendencia al retorno claramente diferenciada entre hombres y mujeres. El estudio señala que parece que están retornando, principalmente, la población infantil y los adultos mayores.

Solamente 10% de los migrantes tiene planes de retornar y 8% no sabe todavía. Hay, según los resultados de la encuesta, una  disminución de la propensión a retornar entre hombres y mujeres.

El Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV), por su parte, publicó el pasado 23 de febrero los resultados de una encuesta realizada a 1.266 migrantes venezolanos de todas las edades. La muestra incluyó personas adultas con formación educativa: cerca del 66% posee estudios de posgrado o educación universitaria completa. Presidido por el sociólogo Tomás Páez, el observatorio indicó que 95% de los encuestados quiere colaborar en la reconstrucción del país, pero solo 11% tiene planes concretos de volver en corto plazo.

Intención de regresar a Venezuela | Foto ODV

A 9% de ellos les gustaría retornar, pero no en poco tiempo, 19% prefiere quedarse afuera y  44,5% de los migrantes consideraría volver a Venezuela solo si mejoran las condiciones de vida. Las condiciones para un posible regreso coinciden: 87% de la diáspora pide, principalmente, seguridad ciudadana.

Evaluación de la calidad de vida en el país de acogida | Foto ODV

“La primera condición que debe cambiar es lo que se le pediría a cualquier sociedad: que se garanticen los derechos básicos, incluyendo el derecho más importante que hay, el derecho a la vida”, comenta Páez. Para 2014, cuando se registró una gran ola migratoria, los datos en Venezuela reflejaban aproximadamente 24.980 muertes violentas al año, según datos publicados por el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

Páez explica que el derecho a la vida es lo primordial para la diáspora lo que se suma la seguridad jurídica. “Debe haber confianza en las instituciones y en el cumplimiento de la ley. Luego, comienzan las otras preguntas que se hacen los venezolanos en el exterior”, señala. La diáspora se plantea otras condiciones que involucran factores relacionados con lo económico, las oportunidades laborales, los servicios y la educación de los hijos.

Los números lo respaldan: 81% expresó necesidad de tener estabilidad económica. Como tercer requisito indispensable está el funcionamiento óptimo de los servicios públicos con 80%. Por su parte, 74% pidió estabilidad política y 72% posibilidades de empleo.

Al comparar su situación actual con la que tenían en Venezuela, una parte importante de la diáspora venezolana encuestada percibe una mejora relativa: 32,7% considera que su situación es mejor o mucho mejor, mientras que 20,3% señala que es similar.

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Datos reflejados en el último informe del ODV | Foto El Nacional

¿Retornar o no retornar? Ese es el dilema

Los datos del ODV arrojaron que 70% de los encuestados salió de Venezuela entre 2015 y 2025, lo que confirma las olas migratorias vinculadas al deterioro de las condiciones económicas, políticas y sociales del país. Se podría pensar que cuando las condiciones mejoren, la diáspora regresará. Sin embargo, la decisión del retorno no es tan sencilla.

Julieta Casó, socióloga y psicóloga Social del observatorio, afirma que el retorno es otra migración. Egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) con especialización en Psicología Social, señala que hablar de retorno no significa necesariamente un regreso. Por el contrario, se trata de una nueva despedida.

“Cuando se habla de retorno no es que vuelven, es que se van de otro lugar para regresar a  un país que quizá no es el que recuerdan. Si es un tipo de migración que divide a la familia hay una tendencia de tener el retorno más presente. En el caso de Venezuela hay muchos adultos mayores que se quedaron… Pero si se analiza los estudios, se notará que antes había más familiares en Venezuela que ahora están reagrupadas en los países de acogida. Una vez instalados en una realidad económica distinta, los hijos o padres tienden a llevarse a sus familiares, no a retornar”, comenta.

Los datos lo reflejan: 57% de los encuestados está completamente integrado, 32% medianamente integrado, 7% en proceso de integración y 4% nada integrado. El informe también detalla que 51% de la diáspora venezolana encuestada trabaja a jornada completa, 13% media jornada, 11% ocasionalmente, 12% son jubilados y 10% están buscando trabajo.

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Estatus migratorio de los encuestados | Foto ODV

Asimismo, más de 84% de las personas encuestadas considera que su calidad de vida es buena o muy buena. Eso sugiere que una parte importante de la diáspora ha logrado construir condiciones de vida relativamente satisfactorias en los países de destino donde, además, han establecido nuevos vínculos familiares.

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Nivel de integración de los encuestados | Foto ODV

Ese, a juicio de Tomás Páez, es otro elemento a tener en cuenta: las relaciones de parejas y paternales entre migrantes con nacionales del país de acogida. Las nuevas relaciones influyen en los temas de escolaridad, empleo y permanencia en los países. “Una hipótesis es que aquellas personas que llevan menos tiempo de migrar son más proclives de tomar la decisión de retornar. Aquellos que tengan lazos familiares mucho más fuertes, o algunos que migraron por razones políticas tal vez tendrían mayor interés de retornar si las condiciones mejoran”.

Sin embargo, matiza que ese sería un perfil que habría que estudiar a profundidad para determinar qué factores influyen para que alguien decida migrar o no. Igual que habría que realizar un estudio cruzado para determinar por qué, aunque 95% quiere reconstruir el país, solo 11% regresará en corto plazo.

“Ese es otro dato interesante. Aquellos que quieren regresar incluso se toman su tiempo en tomar esa decisión, regresar no siempre significa hacerlo de inmediato. Es más compleja la decisión. Habría que hacer un cruce de los datos para entender si hay diferencias y cómo son. En la decisión de movilizarse actúan varios factores, hay migrantes que se fueron a Colombia y después a Chile, hay procesos más complejos. La migración no es de un punto a punto”.

Integrarse de nuevo

Las razones para no retornar se relacionan principalmente con los procesos de integración y estabilización de la vida en los países de acogida. La razón más mencionada corresponde a la mejor calidad de vida (48,9%), seguida por la estabilidad económica alcanzada en el exterior (40,1%). 72% señaló que no quiere volver por la inseguridad en Venezuela.

Páez considera que hacen falta políticas públicas que faciliten el proceso de integración a Venezuela. “Lo que han hecho otros países en el mundo para incorporar a su diáspora cuando retorna son las políticas. Eso se ve por ejemplo en Chile, Colombia o México, que intentan recuperar el sentido de pertenencia. Lo primero que hay que entender es que el gobierno venezolano desprecia a sus ciudadanos dentro y fuera del país. El desprecio es absoluto o si no, no se explica cómo está el salario, la gasolina, el sistema eléctrico, la economía y cuando se protesta, ocurre lo que pasó el 9 de abril, te agreden”.

El desprecio, continúa, resulta tan evidente que hace que la diáspora venezolana tenga miedo de retornar. Es importante considerar, dice, que 30% de los migrantes quiere regresar. “Debería haber políticas de atracción para el desempeño, que tenga incentivos que atraigan ese capital humano. Se necesita mayor consciencia sobre la importancia de la diáspora”.

Para el experto, no hay peor acto de xenofobia que aquel que parte del propio país. A estos se suman las diferentes realidades que se reportan en los medios de comunicación. Las denuncias por casos de xenofobia o insultos xenófobos se han vuelto una constante redes sociales. Y, sin embargo, para el sociólogo es destacable cómo los países del mundo les abrieron sus puertas a los venezolanos.

“La xenofobia puede partir del propio país, eso es lo que ha hecho el gobierno venezolano, ha negado totalmente a sus ciudadanos. Los países que recibieron a los venezolanos en los picos más grandes de migración, como 2014 o 2018, vieron cómo el gobierno venezolano decía que la diáspora no existía”, añade.

La percepción en los medios es que la diáspora ha sufrido xenofobia. Pero, dice Páez, también hay que reconocer la aceptación. “Los venezolanos han podido ingresar en otros países sin pasaporte o con cédula de identidad vencida. Y cuando un país te acepta así es admirable. Otros están dando salvoconductos para que puedan ingresar; les dan una identidad, ofrecen trabajo o les dan oportunidades a los jóvenes. Colombia, incluso sin un gran desarrollo, ha aceptado a tres millones de venezolanos”.

En relación con la situación laboral, 64,6% percibe su empleo como estable o muy estable, lo que indica niveles relativamente significativos de inserción laboral en los países de acogida. Sin embargo, más de una cuarta parte de la muestra (27,1%) percibe su situación laboral como inestable o muy inestable. La diáspora continúa enfrentando condiciones laborales precarias o fluctuantes.

Comparación de la situación actual con la situación previa | Foto ODV

A esto se le suma las nuevas políticas migratorias de países como Estados Unidos y el trabajo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) que elevó el número de deportados de 2% a 3%. “En el caso de Estados Unidos, aproximadamente, hay 180 deportados semanales. Muchas personas han tenido que retornar por el miedo a ser deportados o encarcelados en Estados Unidos”, comenta Páez.

Los datos de la diáspora en el mundo, en general, muestran que la tendencia al retorno oscila entre 20 o 30%, señala el sociólogo. Por ello, las políticas que se diseñen para integrarla deben estar  pensadas bajo ese criterio: va a regresar el que quiera con o sin ley, aunque los estímulos favorecen esa decisión.

“El desarrollo petrolero va a requerir de ingenieros, el desarrollo del sistema de salud va a necesitar médicos. Podrían participar y no necesariamente retornando.  Hay que aclarar que la construcción de Venezuela y el retorno o la ida hay que separarlos. Hay un tercio de la población que se fue, pero hay dos tercios de la población que decidió permanecer en el país. Son lecturas de la misma realidad, pero lecturas distintas. La diáspora puede colaborar con la construcción del país sin retornar, no se debe asociar retorno con colaboración”, asevera.

¿Qué ha hecho la diáspora venezolana hasta ahora?

EL ODV detalló que, tras su última encuesta, 85% de la diáspora mantiene vínculos con Venezuela, 15% no. 26% tiene familiares cercanos en el país y 29% tiene familia extendida lateral como hermanos, sobrinos o cuñados. Solo 4% tiene familia directa, como hijos o padres, todavía en el territorio nacional.

58% envían remesas a Venezuela, 39% no. 54% ha regresado de visita desde que migraron y 46% no lo ha hecho. Estos datos reflejan cómo la diáspora se ha mantenido, desde la distancia, involucrada con el país. Incluso, en palabras de Tomás Páez, ha tenido un papel activo en los hechos que han marcado la historia del territorio en los últimos años.

“La diáspora contribuye con la reconstrucción de Venezuela desde el día uno. Primero, ejerce la diplomacia pública, trabajando en diferentes frentes”, explica. Ha denunciado, en todo momento, lo que ocurre en Venezuela sin temor a represalias.

También han hecho denuncias políticas. Desde los parlamentos de sus países de acogida, documentan los hechos ocurridos en el país. Y, además, han construido redes diferentes en todos los países a los que llegan. “La diáspora y las organizaciones están trabajando desde el día uno. No puede haber una recuperación en el país si se excluye o no se toma en cuenta la participación de la diáspora. Es necesario incluir a todos los venezolanos que están en capacidades de aportar y sumar esas voluntades, articularlas, pensando en cómo beneficiarse de esa presencia de venezolanos en el mundo”, reflexiona.

Páez lo tiene claro: la diáspora venezolana siempre es parte de la solución y es irremediablemente positiva. Pero es impredecible e inexacto estimar en cuánto tiempo regresará. Esto dependerá de la situación del país y siempre será una decisión muy individual. “Lo que ocurra dependerá de Venezuela, del ritmo que tome darse un cambio. Hay mucha incertidumbre, mientras tanto los migrantes van haciendo su vida, forman una familia, buscan un trabajo y en la medida en que pasen los años, más se acomodan en su producción y en sus relaciones”.

[Fuente: El Nacional]