Análisis: León XIV y el fin del enfoque pragmático

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La rueda de prensa en el avión de regreso de África ofreció la primera señal de la notable ruptura de León XIV con el pontificado del Papa Francisco.

Cuando se le preguntó específicamente por la decisión del Cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Múnich y Frisinga, de bendecir formalmente a parejas del mismo sexo, León XIV dijo que la Santa Sede ya había informado a los obispos alemanes que no estaba de acuerdo con “la bendición formal de parejas —en este caso, parejas del mismo sexo, como se ha solicitado— o de parejas en situaciones irregulares, más allá de lo que el Papa Francisco ha permitido específicamente, al decir que todas las personas deben recibir la bendición”.

León fue más allá.

“Cuando un sacerdote da la bendición al final de la Misa”, dijo, “cuando el Papa da la bendición al final de una gran celebración como la que hemos tenido hoy, hay bendiciones para todas las personas”.

También señaló cómo “la famosa expresión de Francisco, ‘todos, todos, todos’, expresa la convicción de la Iglesia de que todos son acogidos, todos son invitados, todos son invitados a seguir a Jesús y todos son invitados a buscar la conversión en su propia vida”.

“Ir más allá de esto hoy”, dijo León, “podría causar más desunión que unidad”, y añadió “que debemos tratar de construir nuestra unidad sobre Jesucristo y sobre lo que Jesucristo enseña”.

Al comienzo de su respuesta a los periodistas, León XIV también subrayó que la enseñanza moral de la Iglesia no se refiere sólo a cuestiones sexuales, sino también a la justicia, la igualdad y la paz. No es la primera vez que lo dice, y no resulta sorprendente.

A este respecto, conviene mencionar cómo el propio Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia abarca una variedad de temas y los organiza en torno a un tema central: la Eucaristía.

Por eso la Eucaristía tiene peso, y también la liturgia, y cada vez que este peso se relativiza, también se relativiza la doctrina social de la Iglesia.

La bendición de parejas irregulares quedó delineada en Fiducia supplicans, uno de los pocos documentos vaticanos que llevó a conferencias episcopales enteras a tomar distancia.

Posteriormente, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó una nota de aplicación, que no hizo más que generar mayor desunión, una cuestión que el Papa León destacó en la rueda de prensa de la semana pasada. Incluso llegó a definir cuánto debía durar la bendición y cómo debía realizarse, un ejercicio extremo de casuística y pragmatismo que además iba en contra del llamado del Papa Francisco a evitar la casuística.

Fiducia supplicans también generó otra consecuencia negativa. Amparados en el documento, pastores involucrados en el ministerio LGBTQ convocaron a parejas del mismo sexo, que se fotografiaban mientras las bendecían en privado, en un gesto que no era un matrimonio, pero que, sin embargo, simbólicamente parecía aprobar una unión que no era un matrimonio.

La política de la misericordia se convirtió así en material para la controversia ideológica, especialmente en un momento en que la Iglesia en Alemania se veía sacudida por estas tendencias progresistas, que buscaban precisamente socavar su estructura.

El “Camino Sinodal” alemán es una crisis estructural arraigada en la idea de que la crisis de la Iglesia en Alemania, confirmada por la crisis de los abusos y su encubrimiento, tiene su raíz en sistemas anticuados que deben ser desmantelados, incluso si eso significa desechar prácticas de siglos de antigüedad como el celibato o, incluso, la propia noción de familia.

El problema es que los conceptos no deberían cambiar porque se los malinterpreta, sino que, más bien, deben explicarse para que puedan comprenderse mejor. En última instancia, un mundo que se adapta es un mundo que renuncia a enseñar.

Pero si no hay nadie que enseñe, tampoco hay unidad. Y aquí es donde León XIV da en el clavo. Toda la ansiedad por crear un camino nuevo, práctico, alternativo, al ritmo de los tiempos, incluso más allá de la doctrina de la Iglesia, ha creado desunión. Esta desunión es evidente en todos los ámbitos.

Miremos, por ejemplo, el campo tradicionalista: sabemos que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), los llamados lefebvrianos, ha decidido ordenar nuevos obispos el 2 de julio. Aunque las ordenaciones serían válidas, ya que serían realizadas por obispos legítimamente ordenados, no serían lícitas porque carecen de aprobación papal. Por estas razones, darían lugar a la excomunión y, por lo tanto, a un pequeño cisma.

La Santa Sede trató evidentemente de evitar esta eventualidad, y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe invitó a la FSSPX a un diálogo en el antiguo Santo Oficio. Este diálogo no llegó a nada. Sin embargo, resulta interesante que la FSSPX invirtió los argumentos y pidió que se le aplicara la misma misericordia que, según afirmaba, se había aplicado a otras situaciones. Pidió, en efecto, una suspensión de la ley en nombre de la atención pastoral, que quizá en este caso debería definirse con mayor precisión como atención pastoralista.

León XIV nunca se ha distanciado explícitamente del pontificado del Papa Francisco. Reconoce su celo misionero y quiere destacar su buena fe y su deseo de evangelizar. Pero con sus palabras en el avión, León XIV también puso de relieve que hay maneras de proceder y maneras de no proceder.

Los caminos que crean o exacerban la división no son el camino.

No se puede saber si este es el fin del camino sinodal de la Iglesia alemana. El Papa Francisco abordó repetidamente la cuestión, subrayando que ya existía una Iglesia evangélica en Alemania y señalando un proceso de protestantización dentro de la Iglesia alemana que no podía aceptarse. Sin embargo, el difunto Pontífice también dejó margen para que la Iglesia alemana interviniera, a través de sus acciones y decisiones pastorales, que, al buscar abrirse a todos, crearon oportunidades para el diálogo.

León XIV, en cambio, estableció un principio claro, volviendo a poner la doctrina en el centro.

Si la Iglesia alemana había podido “jugar” con el Papa Francisco, esto parece más difícil con León XIV. Es un enfoque diferente que no niega la necesidad de llegar a todos, pero no quiere que esa necesidad se convierta en una razón para la destrucción de la fe.

No es un enfoque nuevo, pero sí diferente de aquello a lo que nos hemos acostumbrado en los últimos 12 años, y está por ver si provocará un rechazo.

[Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa]