La Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal Venezolana emitió un mensaje este lunes 14 de setiembre a propósito del inicio del nuevo año lectivo en Venezuela y el cual manifiesta su profunda solidaridad con los educadores por la difícil situación económica que atraviesan.
Luego de repasar parte de las secuelas y afectaciones que dejaron también en el ámbito educativo los dos terremotos del 24 de junio en 7 regiones del país, los obispos venezolanos señalaron que “además de los efectos del fenómeno natural, llevamos con nosotros la viva preocupación y el dolor por la situación económica de nuestros docentes, administrativos y obreros, quienes hoy todavía esperan una justa remuneración derivada de los derechos laborales establecidos por la legislación venezolana y en los acuerdos internacionales ratificados por el Estado. Esta situación “clama al cielo”, y afecta directamente la calidad de vida de sus hogares”.
Ante este panorama complicado, ratifican su compromiso institucional y personal de seguir acompañando sus justas aspiraciones,
animando su labor e insistiendo ante el país en que educar requiere cuidar con dignidad a quienes entregan su vida por esta misión.
En el comunicado, los pastores de la Iglesia católica en Venezuela invitan también a no caer en el desesperanza y el desaliento que la actual situación económica y política nacional provocan sino a seguir cultivando en los espacios educativos “verdaderos oasis de encuentro, de contención emocional y espiritual, de vida y de esperanza. Para lograrlo, invitamos a los equipos directivos a implementar planes de atención socioemocional para acoger a toda la comunidad con respeto y dignidad, haciendo del aula un hogar cálido y un santuario donde acojamos con ternura la fragilidad humana, donde aprendamos a sanar juntos y donde la fe nos devuelva la alegría y la confianza en el mañana”.
También hicieron un llamado urgente, inspirados por pronunciamientos de la AVEC y del Pacto Global Educativo de la Iglesia, a “construir una gran alianza sinodal entre la escuela y el hogar, compartiendo la convicción de que «la familia y la escuela deben estar del mismo lado de la cancha». Necesitamos sumar voluntades, generar empatía mutua y remar juntos en una misma dirección para acompañar y devolver la esperanza a nuestros niños y jóvenes”.
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[Fuente: Prensa CEV]
