A casi un mes de los terremotos del pasado 24 de junio en Venezuela, son más de cinco mil las víctimas mortales y miles de desaparecidos, cuya cifra aún se desconoce.
Aunque en las primeras semanas la sociedad se avocó a las diversas muestras de solidaridad y respaldo; hoy esa ayuda, lastimosamente, ha mermado. Pero lo complejo de la situación, además del apoyo en insumos y alimentación, es saber acompañar, escuchar y consolar a quienes lo han perdido (casi) todo.
«En nuestros recorridos por distintos centros de salud, hemos visto personas muy llenas de dolor por la pérdida de sus seres queridos, más que por las pérdidas de sus casas o alguna parte de su cuerpo. Lo que más les afecta es la muerte de sus seres queridos o la desaparición de los mismos. Allí nuestra fe tiene mucho qué decirles: la esperanza en Cristo, en que esas almas siguen vivas, en la presencia de Dios», expresó el Pbro. Gabriel Molina, miembro de la Comisión de atención a la emergencia de la Arquidiócesis de Caracas, encargado de los Hospitales.
«Llevar la Palabra de Dios, los Sacramentos, la unción de enfermos, el Santísimo, la Sagrada Comunión es importante. Hacer presencia para acompañar, como hermanos en la fe, es muy importante y fundamental. Hemos visto el consuelo que le brinda un momento de oración», agregó.
Dichas declaraciones las ofreció el sacerdote venezolano en el marco del taller de acompañamiento espiritual post-sismo, organizado por la Arquidiócesis de Caracas, donde participaron al menos 500 Ministros Extraordinarios de la Comunión.
Para el lunes 20 de julio, el más reciente informe, emitido por el gobierno, elevaba la cifra a 5.069 fallecidos, mientras que pocos organismos internacionales se atreven a cuantificar los desaparecidos. Pese a los esfuerzos del gobierno interino de Delcy Rodríguez por mostrar transparencia en la respuesta humanitaria y logística ante el desastre causado por el fenómeno natural, persisten las dudas, críticas y denuncias sobre las cifras oficiales.
El balance oficial solo incluye los cuerpos recuperados e identificados, mientras un número todavía incierto de desaparecidos permanece fuera de la estadística de fallecidos. Inicialmente, agencias de la ONU alertaban sobre aproximadamente 50.000 desaparecidos, mientras que las cifras más conservadoras no bajan de 10.000.
