A más de 100 días de la salida de Nicolás Maduro, Venezuela permanece atrapada entre la urgencia de su gente y una transición política que aún no se traduce en cambios concretos para la población.
Aunque el escenario político ha evolucionado, la vida cotidiana de los venezolanos sigue marcada por la precariedad, reflejando una desconexión creciente entre los avances institucionales y la realidad social del país.
Con la caída de Maduro, las protestas se han intensificado en todo el país y han estado marcadas por un elemento clave: la pérdida del miedo. Cada vez más venezolanos salen a las calles para exigir la liberación de presos políticos y respuestas a la crisis económica, desafiando años de represión. Este cambio refleja un descontento social más abierto y decidido, que contrasta con la lentitud de las respuestas políticas.
En ese contexto, esa brecha se manifiesta de múltiples formas, como en las recientes movilizaciones registradas en Caracas durante la primera mitad de abril de 2026, donde miles de ciudadanos salieron a las calles para exigir el cumplimiento de la Constitución, salarios dignos, la liberación de los presos políticos y un cronograma electoral claro.
A 100 días de la ausencia de Maduro. La decisión del presidente Donald Trump de reconocer a la cúpula encabezada por Delcy Rodríguez como autoridad generó
rechazo en amplios sectores de la población.
Carolina Molina, residente de Caracas, afirma en entrevista con El Nacional que se mantiene en las calles tras el llamado de distintos sectores sociales a movilizarse por salarios dignos, la liberación de los presos políticos y la exigencia de elecciones libres en Venezuela.
En medio de su testimonio, subraya que “nadie eligió a Nicolás Maduro ni mucho menos a Delcy Rodríguez”, en referencia al actual escenario político. Añade que, pese a expresar gratitud hacia Estados Unidos por su papel en la situación actual, considera urgente una mayor celeridad en las decisiones, ya que “el pueblo no aguanta más: todos los días pasamos penurias sin luz ni agua”. Denuncia que la crisis en los hospitales, el deterioro de los servicios públicos, los constantes apagones eléctricos y la pérdida del poder adquisitivo han vuelto la vida cotidiana insostenible, lo que, según afirma, obliga a mantener la presión en las calles.
Por su parte, Brian R. Naranjo, exencargado de negocios de Estados Unidos en Caracas y diplomático con amplia trayectoria en Venezuela, expresó en una entrevista con el periodista
César Miguel Rondón su preocupación por la situación actual del país. Señaló su aspiración de una Venezuela democrática, con prosperidad, respeto a los derechos humanos y un verdadero Estado de derecho. Sin embargo, advirtió sobre lo que considera una rápida apertura económica influenciada por Estados Unidos, con rasgos que podrían calificarse como neocoloniales, orientados a la explotación de recursos como el petróleo y el oro.
Aunque reconoce la posibilidad de una leve mejora económica, Naranjo sostiene que sin democracia no habrá un cambio político real. También expresó su preocupación de que la atención de la administración Trump en otros conflictos internacionales pueda favorecer la permanencia del actual poder en Caracas. Aun así, mantiene la esperanza de que Venezuela logre una transición política genuina.
Por otro lado, el secretario de Estado Marcos Rubio llamó a la paciencia al asegurar que no habrá complacencia en el proceso venezolano. Sus declaraciones se dieron tras reunirse con María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana y del movimiento Vente Venezuela quien se pronunció exigiendo elecciones ante la “falta absoluta” en la presidencia.
En este contexto, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela emitió un
comunicado en el que advierte que, tras más de 90 días de vacancia en el ejercicio de la Presidencia, corresponde aplicar la Constitución y convocar nuevas elecciones dentro del plazo establecido. La institución señala que la continuidad de un mandatario no electo vulnera el principio democrático y exhorta a la Asamblea Nacional a garantizar un proceso electoral transparente, con un Consejo Nacional Electoral independiente y condiciones que aseguren el derecho al voto de todos los ciudadanos.
A más de 100 días de la salida de Nicolás Maduro, Venezuela permanece atrapada entre la urgencia de su población y una transición política que aún no se traduce en cambios concretos para la población.
La presión social crece con mayor rapidez que las respuestas institucionales. Mientras las calles reclaman mejoras inmediatas en las condiciones de vida, el proceso político avanza entre la incertidumbre, las tensiones internas y factores internacionales que han marcado su desarrollo con llamados a la paciencia para el cumplimiento de sus etapas.
[Artículo escrito por Rosangel Mendoza para El Nacional]