El recuerdo de aquel enero de 1985 permanece intacto en la memoria colectiva venezolana. Bajo un cielo expectante, el avión «Luiggi Pirandelo» de Alitalia tocó pista en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar cuatro minutos antes de lo previsto, escoltado por tres aviones F-16 de la Fuerza Aérea Venezolana, marcando el inicio de la primera visita de un Papa al país.
Al descender de la escalerilla a las 4:05 PM, el Papa Juan Pablo II protagonizó uno de los gestos más emblemáticos de su pontificado: inclinarse para besar el suelo venezolano. Este acto de humildad fue recibido con el repique de campanas y 21 cañonazos de salva, mientras el entonces presidente, Jaime Lusinchi, y las autoridades eclesiásticas encabezadas por Monseñor Oscar de Guruceaga, daban la bienvenida oficial al «Mensajero de la Paz«.
El protocolo estuvo cargado de simbolismo y emotividad. Entre alfombras rojas y los himnos nacionales de Venezuela y el Vaticano, cientos de niños corearon el histórico cántico: «¡Sí, sí, sí, el Papa ya está aquí!». Tras los honores militares y el saludo a los poderes públicos, el Santo Padre se trasladó en el «Papamóvil» hacia la parroquia de la Santísima Trinidad en Maiquetía para su primera oración, antes de sostener un encuentro oficial en el Palacio de Miraflores.
La jornada culminó en la Nunciatura Apostólica con un mensaje que resonó en toda la región. El Papa rindió tributo al Libertador, afirmando haber llegado a la «tierra de Simón Bolívar«, cuyo sueño fue construir una gran nación basada en la libertad y la gloria. Este viaje no solo fortaleció los lazos diplomáticos, sino que consolidó la devoción de un pueblo que, décadas después, sigue recordando la visita con profunda gratitud.
[Fuente: El Impulso]


