La decisión del Papa León XIV de comunicar personalmente que será sometido a una intervención quirúrgica para extirpar un nódulo en un pulmón ha sido recibida como un gesto de transparencia sin precedentes en la historia reciente del papado. Un anuncio sorpresa que desató la conmoción en la Plaza de San Pedro, donde cientos de peregrinos se habían reunido para acompañarle durante el rezo del Ángelus.
Con ello, el Pontífice decidió informar directamente sobre su estado de salud, una práctica poco habitual en el Vaticano.
Tradicionalmente, la salud de los papas ha estado rodeada de una notable opacidad. Durante décadas, las enfermedades y hospitalizaciones de los pontífices se comunicaron de forma limitada y, en ocasiones, sólo parcialmente. En 1992, por ejemplo, San Juan Pablo II anunció que ingresaría en el hospital para someterse a unas pruebas médicas, pero no explicó el motivo. No fue hasta tres días después cuando se informó de que había sido intervenido para extirparle un tumor benigno de colon.
Con el Papa Francisco comenzó a apreciarse una mayor apertura. Durante sus distintas hospitalizaciones, la Santa Sede difundió comunicados sobre su estado de salud y, en algunos casos, facilitó comparecencias de los médicos responsables de su atención.
No se omitieron detalles escabrosos de la convalecencia en el hospital del Pontífice argentino, fallecido en 2025, informando incluso de crisis respiratorias.
Aun así, la información seguía llegando principalmente a través de los canales institucionales del Vaticano y no de boca del propio Pontífice.
Sin embargo, en épocas anteriores el secretismo marcó episodios históricos como la muerte de Juan Pablo I en 1978. El fallecimiento del Papa, apenas 33 días después de su elección, estuvo acompañado de una comunicación muy limitada que alimentó durante años preguntas y especulaciones sobre las circunstancias de su muerte.
Por ello, la decisión de León XIV de anunciar personalmente la intervención quirúrgica a la que será sometido supone una novedad significativa. Para algunos cardenales de la Curia Romana, entrevistados por EWTN News, este gesto refleja un cambio de paradigma en la gestión de la información sobre la salud del Pontífice, apostando por una transparencia sin precedentes en la comunicación vaticana.
Para el Cardenal Michael Czerny, prefecto emérito del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano, esta decisión está en sintonía con el espíritu de fraternidad promovido por la encíclica Fratelli tutti. “En el espíritu de Fratelli tutti, compartir una enfermedad con quienes se preocupan por ti es un signo de fraternidad”, afirmó el purpurado.
El cardenal subrayó además el alcance universal de la preocupación por la salud del Santo Padre. “Decir que el mundo entero se preocupa por el Papa León no es una exageración; es un hecho. Por eso veo su apertura o transparencia como una expresión tanto de humildad como de verdad”, señaló.
Las palabras del Cardenal Czerny evidencian un cambio significativo respecto a la tradición seguida durante décadas en torno a la salud de los pontífices. El purpurado recibirá esta tarde la primera Medalla de Sostenibilidad Papa León XIV en una ceremonia en el Borgo Laudato Si’, dentro de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, en la que fue cancelada la presencia del Pontífice.
Así, destacó que las muestras de cercanía y las oraciones que han surgido tras el anuncio son expresión de la comunión de la Iglesia y de la familia humana con el Sucesor de Pedro. “Todo sentimiento de preocupación y toda oración esperanzadora, de cualquier tipo, son expresión de la comunión de la familia humana con un líder y padre estimado que sabemos que nos ama”, afirmó.
El cardenal agregó un mensaje de esperanza para el Pontífice: “Que Dios bendiga al Papa León y nos lo devuelva con la misma buena salud de siempre”.
Por su parte, el Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aseguró que “escuchar la noticia directamente del Papa me provocó una dolorosa sorpresa, temor, afecto fraterno, pero al mismo tiempo una sensación de vecindad, de cercanía, de claridad sin máscaras, de gran honestidad frente a nosotros”.
“Es imposible no sentirse involucrado cuando uno escucha al Papa contar su verdad de ese modo, confesar la fragilidad de su carne y al mismo tiempo su confianza serena”, manifestó.
Así, explicó que “misteriosamente, una mala noticia se convierte así en una expresión de comunión eclesial muy sentida y de afecto a ese padre que nos une”. “Yo he experimentado una fuerte sensación de cuánto vale para la Iglesia tener ese padre», dijo.
El Cardenal Tarcisio Isao Kikuchi, Arzobispo de Tokio (Japón) y presidente de Cáritas Internationalis, que sostuvo una audiencia con el Papa el lunes 12 de octubre, compartió que “el Santo Padre estaba como de costumbre, tranquilo y sin ningún signo de enfermedad”.
En ese encuentro, continuó, el Santo Padre “me aseguró que se trata de una operación menor y que no siente ninguna molestia en su cuerpo. También me dijo que había decidido someterse a la operación lo antes posible para no tener que modificar sus planes de realizar una visita pastoral a América Latina”.
“Le dije en tono de broma que su decisión de hacerlo público había sido prudente para evitar las especulaciones de la gente sobre quién sería el próximo Papa. Ante esto, sonrió”, agregó.
Para el Cardenal Kikuchi, el Papa “tomó una decisión muy prudente para evitar cualquier especulación o rumor”.
[Fuente: ACI Prensa]
