Madres y abuelas comandan los 152 días de resistencia que tienen en el campamento de El Rodeo I, un lugar en el estado Miranda en el que el tiempo pasa lento por el anhelo de que llegue el día en el que sus familiares consigan la libertad.
Llegaron el 8 de enero y casi un mes después, el 7 de febrero, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, prometió que abrirían las cárceles para que los detenidos por motivos políticos fueran liberados. Se cumplieron cinco meses y todavía quedan en el país más de 600 presos políticos, según conteos de ONG como Justicia, Encuentro y Perdón. De ese número, al menos 150 están en esta cárcel mirandina.
En el «campamento de la dignidad», como le dicen quienes viven en este lugar, han enfrentado no solo desconcierto y desesperación; también les han tocado días bajo el sol o la lluvia, y aun así mantienen la fe intacta. Para muchos de los familiares, Dios es quien los ha sostenido, pues solo ven en él una forma de encontrar más adelante justicia por todo lo que les ha tocado vivir bajo el chavismo.

Seis testimonios de familiares de presos políticos que se han mantenido durante cinco meses demuestran el dolor de quienes se han sentido burlados por las autoridades por usar a los detenidos como fichas de canje y someterlos a una espera que, con el pasar de los días, la sienten eterna.
Conversaciones difíciles en el campamento de El Rodeo I
A las 9:40 am, el sol se intensificaba a las afueras de la cárcel. Luego de un breve recorrido para conocer los espacios del campamento y la dinámica del día, llegó el turno de las entrevistas.
Al comienzo había dudas. Volver a hablar de los casos de sus familiares significa remover sentimientos. Pero, aun así, una vez comenzaba la grabación, no solo fluían las declaraciones, también detalles sobre las torturas que se han cometido.
Melva Vázquez, de 69 años de edad, tejía un suéter de la bandera de Venezuela para una de sus compañeras mientras iniciaba su relato. «Yo tengo aquí a mi hijo Merwyn Simons. Desde que estamos aquí, lo estamos visitando todos los viernes y en La Crisálida tengo a mi hembra, Ányela Bermúdez», dijo la mujer proveniente de la península de Araya, estado Sucre.

A sus hijos los detuvieron el 7 de agosto del 2025; los vinculan con el caso Plaza Venezuela, en el que supuestamente iban a detonar una bomba en el sector el año pasado, según las declaraciones de Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia. Por este hecho, detuvieron a decenas de personas bajo delitos como terrorismo y asociación para delinquir.
A esta señora, como ha ocurrido en múltiples casos, le ocultaron información durante cinco meses, hasta que constató que sus hijos estaban en El Rodeo I.
«Los buscábamos por todas partes y nos decían: ‘Aquí no está’. Hasta que por fin nos enteramos de que estaban aquí. Cuando yo llegué aquí, me dijeron que mi hija no estaba, que ella nunca había estado aquí, pero realmente estuvo como cinco meses y una semana. Me la pasaron para La Crisálida (en Los Teques). Me dejaron al varón aquí. Desde ese momento lo estamos visitando todos los días viernes por 25 minutos», comentó.
«A mis hijos me los detuvo Diosdado Cabello»
Denunció que a sus dos hijos los torturaron para que asumieran una responsabilidad que, aseguró, no tienen. «Ese es el motivo por el cual ellos no han salido. El juicio no llega. Estamos esperando a ver qué sale de esto, pero tengo fe, porque mi Dios es grande: esa torre que ellos armaron se les tiene que derrumbar. No tienen pruebas, mi hijo está torturado, tiene dos costillas rotas; lo sé porque lo vi el Día de la Madre y me di cuenta».
Explicó que a su hijo le fracturaron la mandíbula y le sacaron dos muelas, además de propinarle dos golpes fuertes en la cabeza. «Esas fueron las torturas que le hicieron a él para obligarlo a asumir, para no morir», narró.
Responsabilizó directamente a Diosdado Cabello por el encarcelamiento de dos de sus seis hijos. «No es nada más el que era el presidente (Maduro), él no era el cabecilla de los torturadores. El verdadero culpable todavía está libre porque a mi hija y a mi hijo me los detuvo Diosdado Cabello. No fue Maduro ni fue Tarek (William Saab), fue directamente Diosdado Cabello con el Sebin y la Dgcim».

Dejan la justicia en manos de Dios
Comentó que en el campamento el apoyo entre ellos ha sido clave. La solidaridad ha permitido que no flaqueen y que en los momentos más duros tomen impulso para seguir adelante.
Insistió en que Dios es quien las ayudará con su situación. «Todos aquí estamos con Dios. Yo pienso que la justicia divina es la que se va a encargar de todo esto, porque no contamos con la justicia de Venezuela. La Constitución aquí no funciona. Hemos perdido todos los derechos, no tenemos derecho a nada. Por eso pedimos a Dios».

Luego de cinco meses de estar en este campamento, tiene un deseo claro sobre el destino del país: que no se repitan capítulos tan oscuros como este. Además, pidió fuerzas para ver un cambio y sobre todo para reencontrarse con sus hijos en libertad.
«Yo no solo pienso en mí, pienso en mis nietos y mis bisnietos. Mi hijo que está aquí tiene nietos, pero ojalá, con el favor de Dios, este país venga con gente nueva, con buenas expectativas y que nunca en la vida a ninguno de los que vaya a agarrar el poder se le ocurra tener centros de tortura», dijo.
«Nosotros estábamos ciegos»
Agregó que a los 69 años de edad entiende que hay que castigar a quienes han cometido delitos, pero jamás de la forma en que se ha hecho en Venezuela.
«Hace una semana, más o menos, salieron tres policías (los metropolitanos) luego de 23 años. Son 23 años de tortura; nosotros estábamos ciegos, estábamos con una venda en los ojos y no notábamos lo que estaba pasando», añadió.
Indicó que al principio, cuando ocurrieron las detenciones de sus hijos, sí tuvo miedo, pero eso se disipó cuando encontró el coraje para comenzar la búsqueda y mantenerse a las afueras de El Rodeo I.

Aunque ha pasado por esto, insistió en que no se irá del campamento porque su anhelo es volver a casa con sus hijos. «No quiero llegar a Araya sin ellos porque no sé qué va a pasar. Me voy a desplomar porque, cada vez que hablo del tema, me desplomo, me duele. Para mí esa sería la mayor alegría de mi vida; aparte de haberlos tenido a ellos, mi mejor alegría sería llevármelos».
Muchas familias incompletas
La zuliana Ruth Molero tiene detenido desde noviembre del 2025 a su hijo Arialdo Camargo en El Rodeo I. Su familia ha sido golpeada no solo por este encarcelamiento, ya que es tía de los también presos políticos Henry Alberto Castillo y Aranza y Samantha Hernández. Esta última es una adolescente de 16 años de edad y fue excarcelada hace unas semanas.
Las detenciones de sus familiares, también señalados por el caso de Plaza Venezuela, hicieron que viajaran hasta Caracas luego de haber recorrido varios centros de reclusión en Maracaibo y posteriormente en otras ciudades.
«Yo estuve todo el mes de diciembre buscando a mi hijo. Fui a Maripérez, a Boleíta, Core III (ahora un comando de la Guardia Nacional en Zulia), Zona 7; vinimos para acá y en todas partes nos los negaban. Gracias a Dios, ya en la semana del 3 de enero, el 9 de enero, no se me olvida, mi hermana me dijo que fuéramos a El Rodeo y los conseguimos a los dos aquí».

Aunque explicó que en la actualidad sus familiares están «bien», fueron torturados. «Al principio los golpearon, los maltrataron y los tuvieron sin alimentación», narró.
El día de mayor angustia en el campamento de El Rodeo I
Recordó que uno de los momentos más difíciles que vivieron en el campamento ocurrió cuando presos políticos extranjeros exigieron que respetaran sus derechos y reclamaban que sus familias supieran que seguían con vida.
Relató que los custodios los llevaron a una cancha y que, cuando se negaron a regresar a sus celdas, fueron fuertemente golpeados mientras los detenidos venezolanos gritaban desesperadamente. «Ese fue un día terrible», afirmó.
Mientras hablaba, mostraba con orgullo su franela en la que lleva fotos de sus familiares, e hizo mención de «Sammy» (Samantha Hernández), la adolescente que excarcelaron hace poco; una situación que siente que su sobrina no debió vivir.


Venezuela se le escapó de las manos al chavismo
Molero criticó las promesas incumplidas que han hecho Jorge Rodríguez y Delcy Rodríguez. Explicó que se sienten burlados porque hacen anuncios que no se concretan. «La que está encargada del país sale a decir que va a haber más de 500 liberaciones, ¿y dónde están? Porque si fuera así, no estuviéramos nosotros aquí».
En su opinión, esto solo demuestra cómo los humillan y se burlan de su dolor, sin importar edades o condiciones. «Así como entran escondidos en camionetas blindadas, con vidrios ahumados, párense aquí, hablen con los familiares, lleguemos a un acuerdo. Dénnos a nuestros hijos, que no tienen culpa de lo que está sucediendo, del país que se les escapó de las manos y que no supieron dirigir».
Para esta madre venezolana es urgente que haya un cambio de gobierno y que en ese renacimiento que cree tendrá el país no haya nunca más presos políticos. «Que esto sea una lección, pero yo creo que aquí no se vuelven a cometer estos errores», culminó.

«El Rodeo es más fuerte que El Helicoide»
El 20 de marzo de 2020, la vida de Carmen Hurtado dio un vuelco luego de que su hijo, Ángel Orlando Perdomo Hurtado, sargento mayor de tercera, fuera detenido por el caso Gedeón. El militar estuvo cuatro años en El Helicoide y ahora lleva dos en El Rodeo I.
Su madre describió como «muy fuerte» este proceso y aseguró que la cárcel mirandina ha sido más dura para ellos. «En El Helicoide uno podía abrazarlo, llevarle comida. Aquí han sido demasiado déspotas con nuestros familiares. Permiten que uno les dé la medicina cuando ellos quieren, y contada. No tienen acceso a alimentos; ha sido algo demasiado restringido, hasta entregar una carta, una foto».
Uno de los castigos que han escuchado es que justamente esos recuerdos personales que dejan algunos familiares se los rompen en la cara a los detenidos para herirlos emocionalmente. «Ese es un centro de tortura», fue la frase con la que definió a El Rodeo I.

La mujer, proveniente de San Juan de los Morros, estado Guárico, aprovecha al máximo los 20 minutos que le dan, un tiempo que le disminuyen cada vez más, con el obstáculo adicional de que solo los ven a través de un vidrio.
Por eso, el Día de las Madres Carmen aprovechó las tres horas que le dieron por la festividad para hablar lo más que pudieran.
Indicó entre lágrimas que su hijo es fuerte y es quien le da aliento para no caer. «Yo me aferro a Dios porque Dios es nuestra esperanza, nuestra fuerza», afirmó para enfatizar que, sin la fe, no estaría viva.
Carmen Navas, ejemplo en el campamento de El Rodeo I
Ella ha encontrado coraje en historias que han conmovido al país, como la de Carmen Navas Quero, con quien compartió en el campamento y a quien admiró por haber buscado durante más de un año a su hijo Víctor Quero Navas. «Le entregaron a su hijo muerto, pero ella luchó. Los obligó a que le dieran noticias de su hijo».

Cinco meses de lucha
La estadía ha sido de altibajos, con diferentes problemas, pero esta guariqueña, quien ve este sitio como su hogar, está convencida de que nada las doblegará. «No nos vamos a dar por vencidas hasta que nos entreguen a nuestros hijos», dijo para luego exigirle a Delcy Rodríguez que excarcele a todos los presos políticos.
«Los hacemos responsables de lo que nos pase a nosotros en cuanto a la salud. La mayoría de las madres de quienes están secuestrados ahí somos adultas mayores», denunció sobre las condiciones que enfrentan, pues al principio dormían sobre cartones y ahora, aunque están en carpas, tienen preocupación por no contar con toldos que las protejan.
Por último, comentó que su causa debe ser recordada como la de unas mujeres guerreras que lograron el objetivo. «En algún momento, Venezuela va a ser libre y nosotros también. Esto va a la historia porque esto nadie lo ha pasado».

Un rostro joven en el campamento de El Rodeo I
Lorialbert Gutiérrez, de 20 años de edad, destaca entre el grupo de mujeres por ser la más joven. De lejos, se podría pensar que acompaña a alguno de los allegados de los presos políticos, pero ella también tiene una historia vinculada con detenidos, ya que cinco de sus familiares están tras las rejas desde hace 10 meses también por el caso Plaza Venezuela.
Los aprehendidos son su mamá, Lorena García; su hermano, Alberto Gutiérrez; su tía Zury Vásquez; su prima Jamín Tirado y, por último, su novio, Emmanuel de la Rosa.
Con tantas personas encarceladas, la joven del estado Sucre ha encontrado en las mujeres del campamento una familia. Las admira, escucha sus consejos y en especial encuentra compañía, principalmente en esos días que enfrenta tanta tristeza. «Yo soy la más pequeña y siento que ellas son como mis tías, mis mamás», señaló.

La joven destacó que los días más duros son cuando hay visita porque, luego de ver a sus familiares, se siente afligida. Pero, a pesar de esto, dejó claro que no tiene pensado irse. «Nosotros vamos a estar aquí afuera hasta que salga el último, porque de ahí tienen que salir todos», destacó.
Lorealbert contó que en la carpa intenta despejarse con música cristiana porque sabe que lo que viven ellos no es nada fácil. «Yo también me siento presa porque estoy aquí afuera, mis hijos están por allá (en Sucre), pero ellos están peor que nosotros porque están en cuatro paredes negras, están solos. Es muy fuerte lo que viven ahí».

Tortura física y emocional
Confesó que en todas las visitas en las que ve a su hermano llora. En ocasiones siente que no puede más, aunque ha encontrado fuerza no solamente en Dios, sino en las mujeres que, como ella, siguen en el campamento.
«Aquí nos ayudamos unas con otras. A las viejitas las admiro bastante porque son muy fuertes», señaló.
En su relato, Lorialbert explicó que a su hermano lo ponían frente a su madre y lo golpeaban delante de ella, uno de los momentos más duros que les ha tocado vivir. «Mi hermano tiene una foto en donde sale todo rojo, mi tía también sale golpeada», contó.
Los sueños de Lorealbert, al igual que los de sus familiares, están en pausa, a la espera de que «Dios les abra puertas» a ellos y a los venezolanos. «Yo sé que esta Venezuela va a cambiar y va a ser una Venezuela libre, amable; no va a haber estas torturas y le pido a Dios que cierre todos estos centros de tortura para que no continúe esto».
Un pago móvil de 5.000 bolívares cambió todo
Flor León, madre de Rigoberto Isaías León León, a quien detuvieron en Maracaibo, estado Zulia, está en El Rodeo I por un pago móvil de 5.000 bolívares. Esa fue la acción que tomaron como prueba para vincularlo con el supuesto plan terrorista de Plaza Venezuela, a pesar de que su madre afirma que él nunca había viajado a la capital venezolana ni tenía antecedentes penales.
Al hombre lo aprehendieron en su trabajo, en la Circunvalación I, en la capital zuliana, donde hacía arreglos a computadoras de carros. «Lo fueron a buscar y dijeron que era por orden de un tribunal de Caracas».
Estuvo desaparecido durante cinco meses y medio. Su madre lo buscó por el estado Zulia y luego viajó a Caracas, donde inicialmente le negaron que estuviera en centros como El Helicoide. Durante este tiempo, Flor recibió información falsa de que un sobrino (también detenido en el Rodeo I) había muerto, lo que le provocó un accidente cerebrovascular (ACV) debido al impacto emocional.

Finalmente lo encontró en la cárcel de El Rodeo I, donde para el momento de la entrevista ya sumaba 10 meses de detención. Su madre lo describe como una persona inocente que ha sufrido torturas y maltratos.
Roberto tiene cuatro hijos, uno de los cuales tiene necesidades especiales y sufre profundamente por la ausencia de su padre, llorando constantemente por él. «Nosotros necesitamos que lo dejen en libertad porque él es inocente».
«El mal no triunfa»
Aseguró que este caso se generó por alguien que se inventó una «película de terror» y los involucró a todos. «Aquí estamos nosotros sufriendo, ellos y las personas que están en nuestros hogares».
La mujer pidió que no solo liberen a su hijo y a su sobrino, sino que los excarcelen a todos para poner fin a esta pesadilla.
Cree que ninguno de los responsables de estos hechos se salvará porque la justicia divina es implacable. «El mal no triunfa, hace daño, está en el momento, pero no triunfa. Dios siempre predomina y hace justicia».
Lamentó que estén liberando a algunos delincuentes comunes y digan que son presos políticos para hacer creer que hay cambios, mientras los verdaderos inocentes están padeciendo. «Yo no quiero que muera más nadie en custodia. Ni que se sigan muriendo sus familiares por ellos. Yo quiero que salgan todos y a los funcionarios que piden perdón: que le pidan perdón a Dios».

La dualidad de Andreína Baduel
El ritmo de vida de la hija del general Raúl Isaías Baduel, quien murió bajo custodia del Estado en 2021, es intenso. No solo tiene una historia familiar fuerte, por la muerte de su padre y el encarcelamiento de su hermano Josnars en 2020, sino que también apoya y coordina las labores del Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve).
Pocos minutos después de ver a su hermano el sábado 30 de mayo, contó cuáles son las dificultades que enfrentan. «La visita sigue en condiciones de horror. Duré más entregando los pocos insumos que aquí permiten que lo que duró la visita. La visita dura menos de 15 minutos y sigue siendo a través de un vidrio y a través de un teléfono. Tenemos dos años en los que ni siquiera un abrazo podemos darles a nuestros familiares».

Además, describió lo que representa la comunidad en la que se ha convertido este campamento: «Esto es muy desafiante. Yo estoy muy admirada con estas familias que están aquí porque, sin duda, nosotros apoyamos, contenemos, liderizamos a través del comité, pero esta gente está haciendo un esfuerzo enorme por estar aquí».
El «campamento de la dignidad» no debe repetirse
Para la periodista, cada promesa de libertad incumplida es una herida abierta y, aun así, las mujeres siguen con su determinación, una muestra máxima de lo que alguien puede hacer por el amor a sus seres queridos.

La defensora de derechos humanos agregó que están documentando todo lo posible sobre los días de resistencia —enfrentando duras situaciones— para asegurar que el impacto de este sacrificio sea reconocido y que el horror vivido por sus familias no vuelva a ocurrir jamás. «Yo creo que esto es parte de la memoria histórica de lo que no tiene que repetirse nunca más en nuestro país ni en ninguna parte del mundo. Este es el campamento de la dignidad porque, a pesar del inmenso dolor que nos acompaña a todos, también hay una determinación enorme», culminó.
[Fuente: Agencia EFE]
