Durante su segunda jornada del viaje apostólico en Uruguay, el Papa León XIV fue recibido en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el barrio de Casavalle, un sector vulnerable, afligido por la pobreza en Montevideo, desde donde instó a los fieles a asemejarse al buen samaritano, con actos de caridad que fomenten la paz.
Desde ese lugar, el Santo Padre se acercó alegremente a la comunidad, escuchó sus testimonios, se hizo uno con los padecimientos de los fieles y utilizó el «Encuentro con la realidad social de Casavalle» como el escenario ideal para brindar palabras de aliento y esperanzas a quienes, a veces, la indiferencia los atrapa.
La misión de las parroquias
La parroquia desde donde pronunció sus palabras el Santo Padre, dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, «Patrona de América Latina y Emperatriz de las Américas», recordó al Pontífice que es la Virgen María quien exhorta al pueblo a «abrir nuestros corazones a realidades eternas», una misión encomendada a todos los fieles pero que interpela, de forma particular, a las parroquias:
A partir de esta premisa, el Sucesor de Pedro reconoció la importancia que tiene el rol de María como «nuestra Madre del Cielo», al ser ella quien hace un llamado particular al pueblo de Dios a elevar su mirada y abrir sus corazones a los demás, una petición a la que respondió la comunidad parroquial de Casavalle al llevar «adelante un proyecto de construcción de varias viviendas destinadas a familias de escasos recursos», una iniciativa a la que contribuyó el Romano Pontífice «a través de los benefactores de la Papal Foundation, a quienes agradezco sinceramente su generosidad».
Del mismo modo, el Papa recordó que la misión de la Iglesia « nace de la caridad evangélica “que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreción y cercanía”».
A semejanza del buen samaritano
En este contexto, el Santo Padre manifestó a los presentes, a partir de la parábola del buen samaritano, que resulta esencial ser fieles y cumplir con el llamado a actuar con caridad, a tender la mano a los hermanos que tienes necesidad y ser, para ellos, luces de esperanza:
«Quisiera compartir con ustedes una historia que Jesús contó a sus discípulos […]. En ella se cuenta que un hombre “cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto” (v. 30). A la terrible agresión que recibió el hombre que iba por el camino, se le sumó, además, el dolor causado por la indiferencia […]. Pero la historia no termina allí; en el relato se enciende una luz de esperanza: un samaritano, al verlo se conmovió, se acercó, curó sus heridas, lo condujo a un albergue y ofreció los medios necesarios para su cuidado y recuperación».
Se trató, de un relato bíblico cuya vigencia trasciende el tiempo, que se vislumbra actualmente en los casos de violencia e inseguridad que atentan contra la paz de los sectores donde se hace vida comunitaria, contra las familias y contra tantas personas que, cuando más lo necesitan, reciben sólo indiferencia de parte de los demás.
Ante esta realidad, el Papa León XIV destacó que existen «numerosas instituciones y personas de buen corazón que contribuyen a fomentar la paz y que ayudan a las personas a hacer frente a sus necesidades de manera concreta».
Alejarse de la indiferencia y abrir el corazón a los demás
Asimismo, el Pontífico retomó los testimonios ofrecidos durante el encuentro, al motivar a los feligreses a apostar «por la cercanía caritativa del buen samaritano», alejándose de la indiferencia a fin de abrir su corazón a su hermano que sufre.
«No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos. No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que sufre, que está sola y es vulnerable».
Por lo tanto, enfatizó el Vicario de Cristo, es fundamental que la Iglesia trabaje en unidad, con la sociedad civil y el Estado, en pro del bien común y de la construcción de una paz duradera:
Finalmente, el Santo Padre impartió su bendición y encomendó a la comunidad parroquial de Casavalle a la protección de la Virgen de Guadalupe, por quien siente «especial afecto y veneración, pues en su fiesta recibí la ordenación episcopal».
[Fuente: Vatican News]
