¿Cómo vive ahora el pueblo venezolano?
Después de tantos años de sufrimiento, respira un deseo urgente de paz auténtica, no impuesta por la fuerza, sino fruto de una estabilidad basada en la verdad y en la justicia. Algunos querrían cambios inmediatos, pero llevará tiempo. Desde la Conferencia episcopal hemos publicado un documento titulado “Despuntará tu luz como la aurora”, tomado de Isaías 58,8; un texto profético que sigue diciendo: “enseguida se curarán tus heridas”. Como firmes creyentes en Dios, esa es nuestra esperanza. En estas semanas, han sido excarcelados muchos presos políticos, pero otros muchos siguen detenidos a la espera de ser liberados. La situación económica también sigue siendo precaria. Los salarios son insuficientes para comprar comida, medicinas o llevar una vida digna. Pero estoy convencido de que poco a poco volverá la luz. Podemos construir todos juntos un nuevo modelo de país, que pasará por el reconocernos como pueblo en vías de re-institucionalización hacia una auténtica democracia que respete todos los derechos humanos y civiles.
¿Cuál es el papel de la Iglesia católica y qué contribución puede ofrecer a la reconciliación nacional y a la justicia social?
La Iglesia católica sigue estando al lado de su pueblo, con las comunidades, con las familias de los presos, con los ancianos que están solos, con los jóvenes que no ven ningún futuro. Y sigue también al lado de los que están heridos por el odio y el rencor, por los abusos sufridos. El desafío más urgente sigue siendo la reconciliación, que pasa por la justicia y la verdad, pero debe excluir la venganza y la violencia irracional.
¿En Caracas hay iniciativas diocesanas o sociales para ayudar a estas personas?
Cáritas está muy activa desde hace años a nivel nacional, diocesano y parroquial. Hay comedores populares para niños y ancianos, centros de asistencia sanitaria y reparto de medicinas en las parroquias, proyectos de cooperativas sociales y microempresas. La acción social se centra sobre todo en las escuelas católicas y en los centros de formación profesional. La reciente canonización de los dos primeros santos venezolanos –san José Gregorio Hernández y santa Madre Carmen Rendiles– ha dado un fuerte impulso a nuestro compromiso, sobre todo en el ámbito educativo y sanitario, tan importantes para ellos. Con la ayuda de empresas y organizaciones privadas, hemos puesto en marcha 14 proyectos en algunos colegios de los barrios más vulnerables de la ciudad. Ahora nuestro sueño es completar la sala de urgencias y la de cuidados intensivos en el Hospital Clínica Padre Machado, gestionado por las Hermanitas de los pobres.
Usted es salesiano, una congregación que siempre ha estado muy atenta a los jóvenes. ¿Cómo ayudarles a no caer en la desesperación y a sentirse protagonistas de su propia vida y del país?
Es un gran reto. La inmensa mayoría de los ocho millones de migrantes que se han ido son jóvenes. Tenemos una hemorragia de futuro. Estamos perdiendo nuestro mejor recurso. Por eso, la respuesta de la Iglesia venezolana se centra en la pastoral juvenil, muy activa en todo el país. Los jóvenes participan en las comunidades y en las parroquias, se implican en los grupos de voluntariado. Estos días, por ejemplo, muchos universitarios están acompañando a las familias de los presos políticos, pidiendo su liberación. Hay un despertar del sentido profético que caracteriza a los jóvenes, su empeño en una sociedad más justa e inclusiva. Nosotros los animamos a seguir viviendo con responsabilidad para que la formación y los valores cristianos les ayuden a sentirse protagonistas de su vida y de la Venezuela con la que soñamos. Nuestros jóvenes no quieren limosnas sino oportunidades. Mediante el estudio y el trabajo, podrán proyectar una vida. Confiamos en que esta nueva fase les permita ser protagonistas del cambio. Por eso es tan urgente invertir en el sistema educativo, desde la escuela infantil hasta la universidad.
¿También puede ser importante el papel de los laicos en esta etapa de transición?
Sí, es la hora del laicado. Los laicos están muy comprometidos en la Iglesia y en sus comunidades. José Gregorio Hernández, primer santo venezolano, es un laico, profesor universitario y médico de los pobres, un modelo que demuestra que la fe no puede encerrarse en la sacristía. Los procesos sinodales nos enseñan que los laicos quieren participar y desarrollar su corresponsabilidad pastoral. Por eso hemos empezado en la archidiócesis una escuela de formación pastoral para laicos, con especial atención a la doctrina social de la Iglesia. Los obispos y el clero venezolano sentimos la urgencia de este protagonismo en todos los ámbitos: empresa, obras sociales, educativas y hasta en la política. Queremos laicos con una fe robusta, capaz de encarnarse en la praxis cotidiana. Es fundamental que el futuro de Venezuela pase a través de cristianos que vivan a la luz del evangelio y que sepan caminar juntos. Ese compromiso va mucho más allá de la tradicional presencia católica del siglo XX. Ojalá que en un diálogo constante podamos vislumbrar vías nuevas para construir juntos el bien común.
La canonización de santos venezolanos ha tenido una gran repercusión en la Iglesia local y en la diáspora. ¿Qué mensaje pueden ofrecer figuras como José Gregorio Hernández a la Venezuela actual?
La preparación de la canonización nos ha ayudado a entender que ellos han sido y son “santos para todos”. José Gregorio y la Madre Carmen afrontaron graves dificultades personales y sociales que superaron gracias a su fe. El primero nació en un pequeño pueblo rural y perdió a su madre a los ocho años. La Madre Carmen nació sin un brazo, pero nunca se detuvo ante los obstáculos. Por eso los santos nos ayudan a fortalecer nuestra identidad, representan los mejores valores de los venezolanos, la voluntad de superación y sobre todo la caridad sin límites con los más pobres, movida por la fe. En todo este proceso se ha visto claramente la importancia de un camino sinodal y del protagonismo de los laicos. De hecho, la comisión estaba formada mayoritariamente por laicos de varios movimientos y carismas que ofrecieron su profesionalidad y su compromiso siguiendo el ejemplo de estos santos.
¿Qué mensaje le gustaría enviar a todos los que rezan y luchan por una Venezuela en paz?
Agradecemos al papa León XIV que nos recuerde que el bien del pueblo venezolano debe ser siempre el primer objetivo, con especial atención a los más pobres. La Iglesia seguirá siendo punto de encuentro para todos los venezolanos, actuando como una voz profética que llama a la reconciliación y a la paz. Como decíamos en el último mensaje de los obispos, «la posibilidad de construir un futuro de libertad y justicia pasa por la reconciliación de sus hijos, el regreso a una patria que sea casa de todos». Que la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, nos ayude a afrontar estos desafíos.-
[Fuente: Maria Acqua Simi.clonline.org/es]
