Monseñor José Manuel León, nacido en el barrio Los Colerientos, cerca del terminal de pasajeros de Barquisimeto, es el nuevo Obispo Auxiliar de Caracas. Recientemente estuvo de visita en su ciudad natal para, desde la iglesia San Pablo de la Cruz, que corresponde a su sector nativo, oficiar una misa de acción de gracias.
— ¿Cómo se siente con la designación?
— ¿Qué ha sentido al volver al lugar donde nació y creció desde niño?
R: Una gran satisfacción porque aquí fue el lugar donde obtuve conocimiento para posteriormente consagrarme a trabajar por mis hermanos en el catolicismo. Es satisfactorio venir al sitio que nos vio crecer y, por tanto, en la homilía he resaltado las condiciones que nos ofreció este hermoso lugar de Barquisimeto, por cierto cerca de la Catedral, donde se expresa el gran amor mariano que tiene la capital larense.
— ¿Cómo observa usted que en el mundo se estén pidiendo cambios porque la gente requiere mejoras en sus condiciones de vida y de igual forma se pide que haya cambios en la Iglesia?
R: La Iglesia ha venido experimentando cambios desde Pentecostés. Los cambios los suscita el espíritu. A lo largo de los siglos se han venido registrando cambios muy significativos. Y a la luz del Concilio Vaticano II se ha logrado ampliar esos cambios. Ahora estamos en el camino de la racionalidad. No es cambiar por cambiar. Es la necesidad de estar juntos. La Iglesia se mantiene al día con los cambios indispensables.
— Sobre el mismo aspecto, ¿Qué nos puede decir sobre Venezuela?
R: Necesitamos un proceso de reconstrucción, podemos levantar paredes, pero si no levantamos la moral, la ética, la honestidad, los deberes del buen ciudadano, etcétera, no estaremos haciendo nada. ¿De qué sirve que levantemos paredes si obviamos los principios morales que pueden fortalecernos interiormente? Ahí es donde radica la verdadera intención de reconstruir el país. Y cuando hablamos de este tipo de cambio tenemos que, indudablemente, hablar del Evangelio. La tarea evangelizadora es un reto grande y tenemos que plantearnos esa tarea a lo largo y ancho de todo el país. El Evangelio no es una ideología, sino un proyecto de vida.
— Volviendo a su designación, ¿lo había previsto alguna vez?
R: Nunca. No me propuse ningún proyecto, ni lo soñé, sino que siempre me propuse servir. Porque eso fue lo que nos enseñó Cristo y, por lo tanto, tenemos que pensar y actuar en servir a todos nuestros hermanos. No he venido a ser servido, sino a servir, dijo Cristo. Y esa es la gran enseñanza con la cual tenemos el compromiso.
— ¿Cómo camina la Iglesia al lado de los necesitados?
R: La Iglesia siempre ha caminado al lado de los necesitados y en Venezuela tenemos muchos signos buenos. A raíz del par de terremotos del 24 de junio creo que hemos logrado recuperar la condición excepcional que siempre habíamos tenido: la solidaridad. Tenemos que apartar el individualismo, que se había apoderado de muchas personas. Creo que estamos volviendo al Evangelio, el cual se asienta en el corazón de los cristianos. No podemos decir que la Iglesia está al margen de lo que ocurre en el país, la Iglesia está cumpliendo su papel evangelizador, que como ya he señalado es un proyecto de vida. Cuando hablamos de la Iglesia no nos referimos nada más que a la obispos, sino también a los sacerdotes y a las monjas, que nosotros llamamos cariñosamente las mujeres del alba. Insisto en la necesidad de estar juntos en esta lucha por el Evangelio, que nos permite trazarnos una ruta hacia la vida digna.
— ¿Qué le preocupa en este momento?
R: Debemos pensar en la fe. Si Jesús salvó a Pedro, salva a la humanidad. Tenemos que pensar desde el pastoreo. Pensar en el Evangelio. Y creer en Dios.
— ¿Qué pide cuando usted se arrodilla a orar?
R: Tenemos que pedir por los demás, pedir por todos los hermanos.
[Fuente: Diario El Impulso]
