El arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, pidió renovar la Pastoral Penitenciaria desde la defensa de la dignidad y el acompañamiento a las personas privadas de libertad, sus familias y quienes trabajan en los centros de reclusión.
La reflexión tuvo lugar durante la apertura del X Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria, que reunió el 3 de octubre a 145 agentes pastorales de distintas diócesis, entre capellanes, sacerdotes, religiosos, laicos, abogados y voluntarios, bajo el lema “Levántate” (Lc 17,19).
Monseñor Ulloa insistió en que una condena no define por completo la vida de una persona ni cancela su capacidad de cambiar. “La cárcel priva de la libertad, pero jamás puede borrar la dignidad de una persona”, observó, al reivindicar una mirada que no reduzca a nadie a los errores cometidos.

Una pastoral que acompaña y reconstruye
El prelado planteó que la acción de la Iglesia en las cárceles debe superar la simple visita pastoral y convertirse en un acompañamiento cercano que ayude a recuperar vínculos familiares y abrir nuevas oportunidades de proyectos de vida.
Defendió una mirada que no encierre a las personas en los errores que las llevaron a prisión. Afirmó que mantienen sus capacidades y sueños, y que la misión pastoral consiste también en recordarles que “ninguna persona puede quedar reducida a su pasado”.
Frente a las dificultades que implica el trabajo en los centros penitenciarios, el arzobispo pidió no dejar solos a quienes prestan este servicio y procurar para ellos acompañamiento, formación y espacios de renovación.

Familias y servidores, parte del camino
Por otra parte, reivindicó a las familias como parte esencial de los caminos de rehabilitación y reinserción. “La Pastoral Penitenciaria no se puede realizar al margen de las familias”, apuntó, y pidió articular esfuerzos entre quienes acompañan a las personas privadas de libertad.
El líder religioso resaltó también la misión de la Orden de la Merced y su histórica cercanía con las personas que viven distintas situaciones de cautividad.
Ulloa también reivindicó el encuentro entre justicia y misericordia como parte del camino hacia la restauración. “La justicia y la misericordia no son enemigas”, dijo, al señalar que ambas pueden contribuir a construir caminos de paz.
Al finalizar, el arzobispo llamó a que el “Levántate” no quede solo como un lema, sino que se traduzca en cercanía y acompañamiento frente a la indiferencia, los prejuicios y el cansancio. Desde esa perspectiva, pidió abrir caminos que permitan a las personas privadas de libertad transformar sus vidas.
[Fuente: Celam]
