Panamá y Venezuela: diferencias y semejanzas entre dos transiciones

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Un intercambio de ideas entre académicos propició el Instituto de Investigaciones de la Información y Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello (IDICI UCAB), el pasado 20 de marzo, con el objetivo de analizar las similitudes y diferencias entre dos eventos —uno ocurrido en Panamá en 1989 y el otro en Venezuela en 1958— que desencadenaron transiciones desde regímenes autoritarios hacia la democracia.

En este marco, los panelistas derivaron algunos de sus comentarios y comparaciones hacia los sucesos ocurridos el 3 de enero de 2026 en Venezuela, en el entendido de que en ellos también se produjo una incursión militar de los Estados Unidos, aunque en mucha menor medida que la ocurrida para capturar al dictador panameño Manuel Antonio Noriega, hace 37 años.

Participaron en el debate, de forma telemática, Alfredo Castillero, investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales AIP-Panamá (CIEPS), y el embajador Michael C. Polt, quien se desempeñaba en 1989 como consejero político de la delegación de Estados Unidos en el país centroamericano.

Por la UCAB intervinieron el director del IDICI, Gustavo Hernández; el director del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH), Tomás Straka, y Francisco Coello, profesor de Sociología Política en la UCAB y director de la Escuela de Gobierno «Mercedes Pulido» de la universidad.

Como conclusión general, los analistas coincidieron en que las transiciones son difíciles y su rumbo depende mucho de cómo se articulan los sectores de oposición, así como de los «saltos de garrocha» que dan actores importantes, desde los mismos sectores de poder, para permitir que los cambios se consoliden.

Como diferencia clave apuntaron que, mientras el proceso de Panamá en 1989 se hizo bajo la conducción de Estados Unidos, el proceso de democratización en Venezuela de 1958 fue ejecutado fundamentalmente por la sociedad venezolana organizada.

La dictadura de Noriega «parecía consolidada»

Alfredo Castillero abundó en detalles sobre las diferentes fases de la dictadura panameña objeto de análisis, desde 1972 hasta su última etapa, conducida por Noriega a partir de 1983, que acabó por ser desmantelada con la extracción violenta del militar y de toda la cúpula de su gobierno por las fuerzas militares de EE.UU. con la «Operación Causa Justa» (Operation Just Cause), durante el gobierno de George Bush.

El investigador afirmó que, para 1987, la dictadura parecía firmemente consolidada y hasta contaba con apoyo internacional, pero se produjo una declaración inesperada del coronel Roberto Díaz-Herrera que reveló a la prensa secretos sobre crímenes, corrupción y manipulación electoral, lo que alimentó un clima de protestas populares.

En 1989, se hicieron elecciones y las simpatías de cada tres de cuatro panameños era a favor de Guillermo Endara, pero Noriega anuló los resultados —«lo que a los venezolanos les resultará familiar», apuntó el académico. Eso desencadenó la intervención estadounidense.  «En ese momento de máxima desesperanza se produce la invasión», que deja 230 muertos, explicó Castillero.

Otros aspectos parecidos a la situación de 2026 en Venezuela, dijo el profesor, son que Panamá tenía en 1989 «una economía destruida», no había dólares en circulación —al punto de que los empleados públicos cobraran sus salarios mediante pagarés— y la sociedad estaba dividida, pero con una gran mayoría opuesta a la dictadura.

El papel estadounidense en Panamá: extracción militar y asistencia

Por su parte, el embajador Polt fue más parco en sus comentarios, ofrecidos en inglés y traducidos en simultáneo para la audiencia. Recordó que en Panamá la situación se deterioró muy rápidamente y el desencadenante fue que Noriega desestimó la victoria de Endara.

El diplomático aseguró que Estados Unidos buscaba una transición pacífica a la democracia, por eso optó por extraer de Panamá no sólo a Noriega, sino también «a todo su aparato militar».

Rememoró que se procedió de inmediato a la juramentación de Endara como presidente en la base militar ubicada en el Fuerte Clayton, la comunidad internacional proveyó asistencia para la reestructuración del aparato económico y de seguridad, mientras EE.UU. devolvió a Panamá la administración del canal y retiró a sus tropas de ese país.

Al retomar la palabra, el investigador Alfredo Castillero afirmó que el período de la transición panameña hacia la democracia «está menos estudiada de lo que debería» y que su primer año «fue de gran turbulencia, menos de lo que suele recordarse», incluyendo episodios de terrorismo.

Aseguró que «fue un proceso complicado porque Estados Unidos no tomó medidas policíacas y hubo un profundo caos». Mencionó manipulaciones electorales para favorecer a los representantes de la dictadura en elecciones regionales y un intento de golpe de Estado en diciembre de 1990.

En cuanto a los auxilios financieros, Castillero señaló que EE.UU. ofreció 1.500 millones de dólares para la atención de la gran pobreza, pero el presidente Guillermo Endara debió hacer huelga de hambre para que los recursos empezaran a fluir.

Venezuela en 1958, fractura militar y «correas de transmisión» desde el poder

El historiador Tomas Straka abordó el tema de lo ocurrido en Venezuela a partir del 23 de enero de 1958. Apuntó que lo dicho por el profesor Castillero se parecía más a los sucesos recientes de enero de 2026 que a la caída de Marcos Pérez Jiménez.

Recalcó que el protagonismo de los venezolanos en la conducción del proceso de 1958 «es un elemento fundamental a tener en cuenta en la agenda futura».

Sobre el clima en 1958 previo al golpe, comentó que en verdad «no pasaba nada» y hasta informes de inteligencia de EE.UU. auguraban que el dictador venezolano se quedaría cinco años más en el poder sin problemas.

También explicó que el cambio se produjo porque la coalición de poder en las Fuerzas Armadas se fracturó. En este sentido, destacó que existen otros casos en la historia, además del de Wolfgang Larrazábal ese año 1958, que son «correa de transmisión» y facilitan los cambios, aun siendo figuras dentro del poder.

Straka dijo que Venezuela venía de la experiencia muy traumática del experimento de democracia entre 1945-1948, de allí que se dieron pasos para que, tras la caída de Pérez Jiménez, el cambio fuera exitoso. Citó el pacto de Nueva York de los políticos en el exilio y un acuerdo «importantísimo» obrero-patronal; también un acuerdo estudiantil para mantener la paz en las calles y, finalmente, el Pacto de Puntofijo.

Las transiciones son procesos paulatinos

En su turno, Francisco Coello centró su análisis en los acontecimientos más recientes y dejó claro que los efectos de algunos eventos no se notan de forma inmediata, sino que son acumulativos. Como ejemplo, mencionó lo ocurrido en julio de 2023, cuando se hizo en la UCAB el primer debate entre precandidatos de oposición, lo que abrió juego para las elecciones presidenciales de julio de 2024.

Del mismo modo, señaló que las transiciones no empiezan y terminan en unos días particulares, sino que son procesos que requieren de la acción de gremios e instituciones para reactivar y tender puentes.

Sobre el momento actual de Venezuela, reconoció que «nadie está contento con la velocidad del cambio, pero se han abierto rendijas». «Esta es la oportunidad de sacar los aprendizajes y rescatar el ejercicio de la política», aseveró.

Recalcó Coello que en 2023 quedó demostrado que los venezolanos no estaban desconectados de los asuntos políticos, sino que esperaban «una oportunidad creíble», como la que se ofreció con las primarias de octubre de ese año, y eso coincidió con «un error de lectura» del gobierno, que pensó que la población no se activaría como lo hizo.

Insistió el profesor en la importancia de la articulación social y que esas elecciones primarias fueron un ensayo para el éxito de la movilización electoral de julio de 2024. «Fue un experimento de organización popular que no había ocurrido en mucho tiempo», y lo que fue un error del gobierno se agravó con el referendo sobre el Esequibo, dijo Coello.

 «Sin libertad para comunicar no hay democracia»

Durante su intervención, el profesor Gustavo Hernández recordó que en 1958 la transición «fue muy convulsa» y mencionó la rebelión del exministro de la Defensa, general Jesús Castro León, contra el gobierno democrático de Rómulo Betancourt.

Subrayó el director del IDICI que, para que haya transición de verdad, es necesario que esté vigente el Estado de derecho y, en el caso venezolano del presente, aún está pendiente el resultado de las elecciones presidenciales de 2024.

Insistió en echar mano de la «armonía entre contrarios» propuesta por el recientemente fallecido filósofo Jürgen Habermas, para ilustrar la necesidad y conveniencia de que los grupos enfrentados en Venezuela se entiendan mediante el diálogo y dejen de lado la fuerza. Sin embargo, lamentó que en Venezuela estamos «tutelados» y «en un limbo», aunque dejó claro que el desmontaje de una estructura que ha gobernado por 26 años no es sencillo.

Hernández puso a la orden los conocimientos producidos por la UCAB, desde hace más de 60 años, en materia de comunicación para la elaboración de políticas públicas, pues «sin libertad para comunicar no hay democracia», afirmó.

Citó la necesidad de derogar varias leyes, entre ellas la Ley contra el Odio, y la urgencia de reformar otras como la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (Ley Resorte), para hacerla democrática. También habló de reestructurar Conatel, con el fin de que, como dice la ley, esté bajo conducción de la sociedad civil.

♦Texto: Elvia Gómez/Fotos: Manuel Sardá (Comunicaciones UCAB)

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Alfredo Castillero. Investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales AIP-Panamá (CIEPS)

Michael C. Polt, exconsejero político de la Embajada de Estados Unidos en Panamá

Tomás Straka. Director del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB

Francisco Coello. Profesor de Sociología Política en la UCAB

Gustavo Hernández. Director del Instituto de Investigaciones de la Información y Comunicación (IDICI) de la UCAB