Parolin: «La comunicación es la creación de una cultura»

Destacadas Vaticano

Hay épocas de la historia en las que parece posible cambiar el curso de los acontecimientos, superar divisiones arraigadas y abrir nuevas perspectivas. Son los años narrados en los diarios de Ettore Bernabei, director general de la RAI de 1961 a 1965, recopilados en el libro Diarios. Los años de la gran esperanza (1961-1965), publicado por Rubbettino y editado por el historiador Agostino Giovagnoli. El libro fue presentado en Roma, en el Palacio Borromeo, sede de la Embajada de Italia ante la Santa Sede, durante un encuentro moderado por la periodista Susanna Lemma e inaugurado con las palabras de bienvenida del embajador Francesco Di Nitto. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, y el propio Giovagnoli repasaron esa época, marcada por profundas transformaciones políticas, eclesiásticas e internacionales, y destacaron el papel de Bernabei en las relaciones entre la Iglesia, las instituciones y la diplomacia en los intentos de diálogo entre Oriente y Occidente durante la Guerra Fría.

Una etapa de transformaciones

“Estas páginas abarcan algunos de los años más intensos de la posguerra: los últimos momentos del pontificado de Juan XXIII, la apertura y las primeras sesiones del Concilio Vaticano II, la presidencia de John Fitzgerald Kennedy, el lento cambio en las relaciones entre la Santa Sede y el mundo soviético, y el surgimiento de los primeros gobiernos italianos de centroizquierda», recordó el cardenal Parolin, situando los diarios en una época en la que parecían abrirse posibilidades inéditas en los equilibrios mundiales, favoreciendo un acercamiento entre Oriente y Occidente.

El profesor Giovagnoli recordó que el pontificado del Papa Roncalli había sido determinante no solo para la convocatoria del Concilio, sino también para la búsqueda de la paz internacional. “Tener el sueño y el proyecto de lograr un acercamiento entre Oriente y Occidente, llegando incluso a establecer relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Unión Soviética, fue un plan de gran audacia que tuvo Juan XXIII”, explicó el historiador. No se trataba de una esperanza ingenua, sino más bien de una disposición a buscar interlocutores y a crear oportunidades de encuentro.

Entre diplomacia formal y la informal

Es en este contexto donde surge la figura de Ettore Bernabei, cuyo papel, como ha destacado el cardenal Parolin, no puede reducirse únicamente a la dirección general de la RAI, cargo que asumió en 1961. “Al leer el diario, uno se da cuenta rápidamente de que ese cargo no agotaba su función”, afirmó el cardenal. De hecho, las páginas narran la historia de un hombre que se movía constantemente entre la cúpula de la Democracia Cristiana, la Presidencia del Consejo, la Secretaría de Estado y las representaciones diplomáticas extranjeras. “Se reunía con presidentes, ministros, embajadores y líderes de la Iglesia, poniendo en contacto a interlocutores que aún no podían comunicarse a través de los canales oficiales”. Parolin definió esta actividad como una verdadera forma de diplomacia informal, que, sin embargo, sentó las bases para que también pudiera desarrollarse una comunicación oficial.

La red de relaciones para un puente de paz

Un aspecto que también analizó a fondo Agostino Giovagnoli, quien reconstruyó la colaboración entre la Santa Sede y el gobierno italiano en un intento por fomentar el diálogo con el mundo soviético. «Es una realidad a la vez formal e informal», observó el historiador, refiriéndose a una red de relaciones e iniciativas a la que contribuyeron figuras políticas italianas como Giorgio La Pira y Amintore Fanfani. En este contexto se inserta la labor de Bernabei, quien, a través de su cargo al frente de la RAI, contribuyó a propiciar importantes aperturas, como la participación de los ortodoxos rusos en el Concilio Vaticano II y el diálogo con los círculos occidentales y estadounidenses.

Los diarios, entre escena y detrás de escena

El valor del libro no radica únicamente en la posibilidad de reconstruir los acontecimientos de aquellos años, sino también en la perspectiva particular que ofrecen los escritos de Bernabei. No se trata de memorias redactadas con el paso del tiempo, sino de anotaciones que reflejan impresiones, encuentros, información y opiniones mientras la historia aún se estaba desarrollando. Una característica que el cardenal Parolin resumió con una imagen particularmente eficaz: «Estas páginas permiten observar al mismo tiempo el escenario y lo que ocurre detrás de escena». Y agregó además que «mientras que la pantalla produce imágenes destinadas a ser reemplazadas por otras imágenes, la página conserva nombres, encuentros e impresiones. El diario de un hombre de la televisión conserva, a través de la escritura, lo que la televisión tiende a consumir rápidamente».

La Rai y la construcción de una conciencia nacional

La figura de Bernabei sigue, naturalmente, ligada a la historia de la televisión italiana y a la transformación de la Rai en un servicio público capaz de influir en la sociedad. Parolin recordó cómo, sobre todo con el Papa Juan XXIII y Pablo VI, la televisión introdujo una nueva forma de participación simultánea en los acontecimientos eclesiásticos: «Llevando el rostro y la voz del Pontífice a los hogares, transformando las celebraciones y los viajes en experiencias compartidas». Para Bernabei, sin embargo, la televisión no era solo un instrumento para relatar los acontecimientos, sino una institución nacional llamada a ejercer una responsabilidad educativa y civil. Giovagnoli también se detuvo en este aspecto, recordando el aporte de la Rai a la difusión de la lengua italiana y al crecimiento cultural.

La responsabilidad de la comunicación hoy en día

La experiencia de Bernabei, señaló el cardenal, sigue planteando interrogantes incluso en el presente. Las tecnologías y las formas de acceder a la información han cambiado profundamente, pero no ha disminuido la responsabilidad de quienes trabajan en el mundo de la comunicación. El cardenal recordó las reflexiones del Papa Francisco sobre la necesidad de habitar las nuevas autopistas de la comunicación «manteniendo firmemente la perspectiva evangélica», y las del Papa León XIV sobre la responsabilidad de construir un entorno comunicativo respetuoso con la verdad y la dignidad de las personas. «La comunicación no es solo transmisión de información, sino creación de una cultura», reiteró Parolin, haciendo un llamado a una ecología de la comunicación y a la necesidad de reconocer en la verdad un bien compartido. Una convicción que impregna toda la experiencia del exdirector general de la RAI y que encuentra en los diarios un testimonio concreto.

El legado de Bernabei

Quien compartió un recuerdo más íntimo fue su hijo, Giovanni Bernabei, al repasar el encuentro de 1961 entre su padre y el Papa Juan XXIII, mediado por monseñor Capovilla. Concluyó luego con un marcado paralelismo geopolítico: en 1962, el Papa convenció a Jruschov de retirar los misiles de Cuba, un hecho que recordó con el deseo de que los constantes esfuerzos de la Santa Sede puedan conducir también hoy a un giro pacífico en el dramático conflicto actual. Una esperanza de paz que se refleja en las páginas de Ettore Bernabei y un legado que se refleja en la advertencia del Papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas: «La verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder y visibilidad». Un testimonio intelectual y espiritual que hoy trasciende el tiempo, dejándonos con la firme convicción de que, precisamente al recorrer el camino de la verdad y del diálogo, se puede construir una nueva y necesaria etapa de esperanza.

[Fuente: Vatican News]