Con motivo del 90º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Guatemala, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, dirigió este lunes 3 de agosto un saludo al Cuerpo Diplomático reunido en la Nunciatura Apostólica de Guatemala.
Fue el último compromiso de una intensa jornada en la que el purpurado sostuvo encuentros con el presidente de la República, Bernardo Arévalo; con el ministro de Asuntos Exteriores, Carlos Ramiro Martínez; y con representantes de los pueblos indígenas. El domingo, además, había presidido una solemne misa de acción de gracias en la Catedral Metropolitana, durante la cual exhortó a las autoridades civiles y eclesiásticas a trabajar por «una sociedad más justa, fraterna y solidaria, rompiendo con las dinámicas de desprecio, indiferencia e injusticia provocadas por las desigualdades y la corrupción».
En su intervención ante el Cuerpo Diplomático, el cardenal expresó su gratitud por el camino recorrido durante estas nueve décadas y renovó el compromiso de seguir fortaleciendo una relación basada en el diálogo, la cooperación y la búsqueda del bien común.
Recordó que la conmemoración comenzó el día anterior con la celebración eucarística en la Catedral Metropolitana y evocó algunos momentos significativos de la historia compartida entre la Santa Sede y Guatemala, entre ellos las visitas oficiales de autoridades guatemaltecas al Vaticano y los tres viajes apostólicos de san Juan Pablo II al país, en 1983, 1996 y 2002.
Parolin destacó asimismo que Guatemala continúa siendo una tierra de profundas raíces cristianas y posee un extraordinario patrimonio humano y espiritual, enriquecido por la riqueza de sus pueblos originarios, sus culturas y sus tradiciones. En ese contexto, afirmó que los noventa años de relaciones diplomáticas representan un camino recorrido «sobre la base de la confianza recíproca, del respeto mutuo y de la colaboración constante».
Asimismo, subrayó que la Santa Sede ha encontrado en Guatemala un interlocutor abierto al diálogo y comprometido con valores fundamentales como la dignidad inviolable de toda persona, la promoción del bien común, la atención a quienes viven en situación de vulnerabilidad y la búsqueda perseverante de la paz.
Una diplomacia al servicio de la persona
Durante su discurso, el Secretario de Estado explicó que la misión diplomática de la Santa Sede posee una identidad propia, ya que no persigue intereses económicos o estratégicos, sino que procura poner a la persona humana en el centro, favoreciendo el encuentro entre los pueblos y ofreciendo una contribución moral y espiritual inspirada en el Evangelio y en la doctrina social de la Iglesia.
Ante los desafíos de nuestro tiempo, añadió, la Iglesia propone criterios de discernimiento como la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la atención a los pobres, el cuidado de la creación y la paz. Señaló que estos principios deben traducirse en prácticas concretas, entre ellas una planificación responsable, la evaluación del impacto humano y social, la inclusión de las personas más vulnerables, la alfabetización digital y una investigación e industria orientadas a la justicia y la paz.
La diplomacia del diálogo frente a la lógica de la fuerza
Uno de los pasajes centrales de su intervención estuvo dedicado a la situación internacional. El cardenal Parolin advirtió que, en distintos escenarios, la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza.
En ese contexto, manifestó su preocupación por las restricciones que afectan a derechos fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa e incluso el derecho a la vida. Según afirmó, estas limitaciones, justificadas en ocasiones en nombre de «otros pretendidos nuevos derechos», corren el riesgo de que el marco mismo de los derechos humanos pierda su vitalidad y deje espacio a la ideología, la fuerza y la opresión.
El Secretario de Estado agradeció también el espíritu de colaboración que ha caracterizado las relaciones entre Guatemala y la Santa Sede a lo largo de estas nueve décadas. Extendió igualmente su reconocimiento a los representantes diplomáticos acreditados ante la Santa Sede y a los nuncios apostólicos que han contribuido al fortalecimiento de esta amistad institucional.
Asimismo, expresó su gratitud a la Iglesia que peregrina en Guatemala por su cercanía al pueblo y por su compromiso en ámbitos como la educación, la promoción de la dignidad humana, el respeto de la vida, la libertad y el cuidado de la creación, colaborando con todas las personas de buena voluntad en la construcción de una sociedad más justa.
Al concluir, el cardenal Parolin invitó a mirar el futuro con esperanza, convencido de que las relaciones entre la Santa Sede y Guatemala continuarán fortaleciéndose al servicio de la persona humana y del bien común. Finalmente, encomendó ese camino a la protección de la Santísima Virgen María del Rosario, tan venerada por el pueblo guatemalteco, para que obtenga de Dios los dones de la concordia, la paz y un desarrollo integral para toda la nación.
En otros compromisos de la jornada, el purpurado visitó la tumba del Santo Hermano Pedro, canonizado el 30 de julio de 2022 por san Juan Pablo II, y allí permaneció unos momentos en oración. Posteriormente recorrió el templo, saludó a los fieles presentes y visitó también la tumba de fray Augusto Ramírez Monasterio, así como las ruinas y el Museo del Hermano Pedro. El «hombre que fue caridad», como se conoce al Hermano Pedro, «con el único equipaje de su fe y su confianza en Dios, surcó el Atlántico para atender a los pobres e indígenas de América: primero en Cuba, después en Honduras y, finalmente, en esta bendita tierra de Guatemala, su «tierra prometida», dijo el Papa Wojtyla en la santa misa de canonización.
La visita del Secretario de Estado concluirá este martes 4 de agosto, memoria litúrgica de san Juan María Vianney, con un encuentro con los obispos y sacerdotes del país y la celebración de la santa misa en el Santuario Arquidiocesano de Adoración Perpetua de Mixco.
[Fuente: Vatican News]
