Rezar para pedir fuerzas y poder seguir un día más: Así la fe sostuvo a un preso político y su familia en Venezuela

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Rezar para pedir fuerzas y poder seguir un día más. Esto era lo que hacía Juan Pablo Guanipa, probablemente el preso político más relevante y mediático del chavismo en los últimos tiempos, durante los casi nueve meses que estuvo en una prisión en Caracas.

Guanipa se convirtió en uno de los más cercanos colaboradores de María Corina Machado durante la campaña electoral de cara a las presidenciales del 28 de julio de 2024. Luego de la terrible persecución desatada por el chavismo en las semanas posteriores, el político nacido en Maracaibo hace 61 años se vio obligado a pasar a la clandestinidad.

El 23 de mayo de 2025 fue localizado de madrugada por organismos de inteligencia del Estado. Esposado, con un chaleco antibalas, rodeado de funcionarios encapuchados y fuertemente armados, su detención fue transmitida a nivel nacional por el canal de televisión del gobierno. Durante casi dos meses no hubo noticias de Guanipa.

El líder político venezolano enviudó en 2024. Su esposa Begoña falleció víctima de un cáncer de mama a los 50 años, en medio del fragor de la campaña presidencial. Junto a Juan Pablo, criaron a 5 hijos. El mayor de ellos, Ramón Enrique, no duda en asegurar que es “hijo de héroes”.

Juan Pablo junto a tres de sus hijos. Crédito: Cortesía de Ramón Guanipa.
Juan Pablo junto a tres de sus hijos. Crédito: Cortesía de Ramón Guanipa.

Ramón es peleador de artes marciales mixtas. Recuerda su debut, con su padre en el público, en el que al inicio del combate estaba perdiendo y recibiendo mucho daño. “Terminé ganando la pelea en el último round contra todo pronóstico”, dijo. Una victoria dedicada a su madre.

Aunque asegura que a su padre “no le gusta la violencia” que implica el deporte, “se conmovió al ver mi determinación y deseos de no rendirme a pesar del dolor y el cansancio”. 

Tiempo después, Ramón se convirtió en el principal activista por la liberación de Juan Pablo. Una pelea mucho más larga, en donde el dolor y el cansancio se hicieron presentes con mayor intensidad. 

En una entrevista con ACI Prensa, este joven venezolano cuenta lo que significa ser familiar de un preso político y como la fe juega un papel fundamental en el proceso.

Un día más… y otro día más

La familia Guanipa es una de fuertes convicciones católicas. Como buenos zulianos, son profundamente devotos de la Virgen de Chiquinquirá. Eso los ayudó a afrontar la incertidumbre, que es el mayor castigo que el chavismo impone sobre las familias de los presos políticos, ya que los detenidos son desaparecidos y sus seres queridos, como le sucedió a Ramón y a sus hermanos, son obligados a una penosa procesión por las cárceles y calabozos para encontrarlos.

Los funcionarios dan informaciones contradictorias y es solo cuando al poder se le antoja que los familiares reciben confirmación de que un preso está en determinado centro de reclusión. Es un modo de operar sistemático. Pasaron 51 días desde el secuestro de Juan Pablo hasta que Ramón pudo verlo por primera vez. Después, ni una sola visita, hasta pocos días antes de su excarcelación.

“Tú sabes que tu familiar no es culpable. Partiendo de esa premisa, cada minuto en la cárcel es injusto. Nadie va a responder por ese tiempo porque hay total impunidad. Además, como no existe el debido proceso, no tienes ninguna garantía. Es un secuestro institucionalizado. Vives esa realidad y te sientes indefenso”, asegura Ramón.

Juan Pablo fue liberado el pasado 10 de febrero, en el marco de la ley de amnistía impulsada por Estados Unidos y las autoridades interinas de Venezuela, después de la captura de Nicolás Maduro.

Inmediatamente después de salir de la cárcel, Guanipa se dedicó a visitar distintas prisiones para acompañar a los familiares de otros presos políticos. Esto le valió ser detenido nuevamente. Luego de varias horas, se le otorgó casa por cárcel. En el tiempo que transcurrió entre su liberación y encarcelamiento, Juan Pablo concedió varias entrevistas donde dejó entrever una fe admirable:

“Yo soy católico practicante y salí más católico todavía. Con mucha más fe de la que tenía anteriormente. Y todos los días daba gracias a Dios: por todo lo que me ha dado, por todo lo que me has ayudado, por todo lo que me has perdonado, por todo lo que me has amado”, expresó en una de ellas, visiblemente conmovido.

Ramón confirma la virtud de su padre en medio del cautiverio: “Él rezaba para pedir fuerzas y poder seguir un día más. Oraba constantemente y pensaba en nosotros, en qué cosas se estaría perdiendo. Nunca se quebró mentalmente”.

“Aquel que es católico y se aferra a Dios no tiene una fuerza pasiva. Él tenía la fuerza, en Dios, necesaria para dignificar su estadía en la cárcel. Mi padre nunca se dejó deteriorar. La prisión es donde más digno fue, porque sabía que estaba frente a una injusticia que representaba su cruz y él sabía que tenía que llevarla con dignidad y así lo hizo”, añadió.

El joven venezolano remarca que la intención del sistema chavista “es quebrarte” y que, en consecuencia, es necesario estar “conectado espiritualmente con Dios” para lograr sobrellevar la adversidad.

“Es muy difícil no quebrarse, porque estás preso y no sabes por cuánto tiempo. No sabes a qué atenerte, no sabes si ellos un buen día van a cambiar el trato y te van a lastimar o torturar. Entonces, es la fuerza del temple en el espíritu y en la fe la que lo hizo levantarse y salir ese domingo 8 de febrero con tanta gallardía”, dijo Ramón.

En medio de esta incertidumbre transcurrieron los largos meses de Juan Pablo en una celda caraqueña: 261 días, más de 6.000 horas.

Sin sacerdotes en prisión y un mensaje de esperanza

Cuenta Ramón que una de las cosas que más lamentó su padre en la cárcel fue que no le permitieran verse con un sacerdote para confesarse y comulgar. “De hecho fue lo primero que hizo cuando finalmente llegó a la casa”, comentó.

“Una de las cosas que más ofende al Estado bajo el que vivimos es llevar libros, como la Biblia, y artefactos religiosos. De alguna manera los ofende porque saben que la gente necesita esperanza. Ellos son enemigos de Dios y eso se nota en el trato que reciben los presos políticos”, sentenció.

A pesar de las cientos de personas que han salido de las cárceles desde el 3 de enero, varias organizaciones internacionales registran más de 600 personas aún detenidas por causas ideológicas y políticas en el país. Decenas de personas hacen vigilia permanente afuera de las cárceles esperando la liberación de sus seres queridos. Algunos incluso han iniciado huelgas de hambre.

Ramón señaló que la fe los “sostuvo enormemente” en medio de las dificultades. Dijo entender ahora “que las grandes pruebas vienen para los grandes hombres” como su padre y agradeció las muestras de cercanía y solidaridad durante los meses de prisión porque fueron muestra “de que Dios también se materializó en el proceso”.

“Mi papá alega que fue Dios quien le permitió salir ese domingo para poder ir a apoyar a la gente en los centros de reclusión, que fue el motivo por el que lo vuelven a detener. Dios obra realmente de maneras misteriosas y aunque no lo entendamos del todo es, sin duda, siempre por nuestro bien”, aseguró.

Después de todo lo vivido, la familia Guanipa se ha acercado mucho más al Señor —continúa Ramón— explicando que hoy entienden que Dios “fue el gran garante” de la excarcelación de Juan Pablo, aunque aún no haya recuperado su libertad plena.

“Hoy podemos decir que somos aún más católicos, igual que nuestro padre. Mi mensaje de esperanza y de fe a las familias que están pasando por lo mismo es que no abandonen a Dios, porque la vida nunca se trató de no tener problemas y de vivir en una burbuja donde todo es perfecto. Tenemos que entender que todo lo que sufrimos ahora, todo lo que nos pasa en este momento, no es más que una cruz”, subrayó.

“Y es el momento de llevar nuestra cruz, con mucha dignidad y honor, porque ellos quieren quebrar nuestro espíritu. Ellos pueden quebrar nuestro físico, pueden lastimarnos, pueden hacer lo que sea, pero no pueden quebrar jamás nuestro espíritu porque está comandado por Dios, cuya fuerza levantó a Jesús de la tumba y es la misma que vive dentro de nosotros”, concluyó Ramón.

[Artículo publicado originalmente por Andrés Henriquez en Aci Prensa]