Ruffini: Es hora de que la comunicación construya la comunión

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«Cuidar» es la palabra clave: «Cuidar la comunión que nos une, los talentos de cada uno, las historias, los encuentros, el bien, lo bello, una perspectiva de salvación, de redención, incluso cuando todo parece ir por mal camino». Ser, a través de toda forma de comunicación, «discípulos misioneros en movimiento, es decir, en camino». Pero un camino distinto de aquel que «lo reduce todo a cálculo, a negocio, a marketing». Elegir «otra forma de ver, de contar, de hacer memoria, de construir —al narrarlo— el futuro». Es «el otro camino» que el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, señaló en la conferencia con la que, durante la tarde del 24 de julio, inauguró en el Santuario de Aparecida, en el estado brasileño de São Paulo, el IX Encuentro Nacional de la Pascom (la Pastoral de las Comunicaciones en el seno de la Conferencia Episcopal), titulado Evangelización en movimiento: la dimensión pastoral de la comunicación.

Los retos de nuestro tiempo

«No podemos detenernos, no podemos quedarnos atrás frente a los retos de nuestro tiempo», afirmó Ruffini. Hay una dirección, una meta que alcanzar, y hay que hacerlo juntos: «Es hora de construir la comunión a través de todos los instrumentos de la comunicación, de idear proyectos de colaboración, de trabajar» con los equipos que operan en los distintos países y ciudades, «para hacer manifiesta la unidad en la que todo existe, para estar cada vez más al servicio unos de otros, para ofrecer al mundo un sistema de información global basado en la búsqueda y el intercambio de la verdad». En la profunda reflexión dedicada a la inteligencia artificial, el prefecto afirma: «Lo grandioso y único de nuestra comunicación es que no vende conexiones abstractas, sino reales; que está verdaderamente presente en el mundo; que no se mueve por un interés económico, sino por el amor a compartir el bien, la verdad y la belleza. Y a ofrecerlo como un don». Una comunicación basada en la entrega de uno mismo, en el testimonio, «tiene verdaderamente el poder de tejer comunión, de conectar a las personas, de hacerlas partícipes de una experiencia, de liberarlas del aislamiento y de ayudarlas a reconocerse como parte de un entorno acogedor».

La comunicación como herramienta de inclusión

Ruffini cita dos iniciativas concretas para mostrar cómo la comunicación puede ser una herramienta de inclusión y cómo las historias pueden ser «una forma poderosa de transformar la manera en que vemos al otro»: «Dining across the divide», con el subtítulo «¿Puede compartir el pan ayudar a salvar las diferencias?» y «Narrative4», con el lema «la distancia más corta entre dos personas es una historia» (con motivo del Jubileo se propuso esta experiencia invitando a 150 jóvenes, en pequeños grupos, a contar una historia sobre el tema «reparar»). Se trata de encuentros entre personas reales, lugares donde poder formar parte de un grupo, de una comunidad. «Cambiar la narrativa orientándola hacia la esperanza, reconocer el dinamismo del bien, encender los corazones y orientarlos hacia la comunión: esta es la levadura cristiana que tanto necesita el mundo», subrayó el prefecto del Dicasterio vaticano. El objetivo es una red creada no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres: «La propia Iglesia es una red tejida por la comunión eucarística, donde la unión no se basa en los “me gusta”, sino en la verdad, en el “amén” con el que cada uno se une al Cuerpo de Cristo, acogiendo a los demás».

Educar en el uso de los medios de comunicación

Ruffini, entre las trampas que hay que evitar, advierte contra la desinformación (realizada de buena fe), «multiplicadora inconsciente de las noticias falsas y de los beneficios que estas generan». Dicha conexión, «basada en la indiferencia entre la verdad y la mentira, a la que uno se acostumbra hasta convertirse en un engranaje más, es una hipnosis, una trampa, una telaraña que nos aprisiona. Todo lo contrario de una red de conocimiento y amor que libera». Y la inteligencia artificial, aunque ofrece oportunidades increíbles de conocimiento, puede generar ignorancia disfrazada de saber, manipulación y control. Por eso «la formación es tan importante, para saber distinguir, elegir y decidir ser dueños de la propia vida». Y por eso la pastoral de la comunicación «debe basarse en la educación para el uso de los medios de comunicación».

Cambiar de paradigma

Si queremos preservar nuestra humanidad, añadió Ruffini, «la innovación tecnológica no puede basarse en una dimensión desencarnada del bien común». Uno de los mensajes centrales de la encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV sirve al prefecto para instar al mundo de la comunicación católica a la acción: «Nos encontramos en una época de grandes cambios; la cuestión es si nos dejamos llevar por la corriente o si somos nosotros quienes guiamos el cambio, si nos dejamos atrapar por la red o si lanzamos las redes al otro lado». Para aceptar y superar el reto, «necesitamos un modelo que eduque en la sed, en el deseo, en el sueño», de «cambiar de paradigma» yendo más allá de «todo tecnicismo que reduzca la comunicación a la conexión, el conocimiento a una respuesta fácil y superficial, y la educación a una fábrica de resultados inmediatos, pero destinados a durar tan poco como el tiempo que ha sido necesario para obtenerlos». Porque «la comunicación no es solo la transmisión de pensamientos y sentimientos», sino «la entrega de uno mismo impulsada por el amor», y «la distinción entre la comunicación de las máquinas y la comunicación humana radica precisamente en la capacidad de entregarse, algo de lo que carecen las máquinas».

La persona humana en el centro

Tras la intervención del prefecto Ruffini tuvo lugar una conferencia en la que participaron los tres obispos que integran la Comisión Episcopal para la Comunicación Social: monseñor Valdir José de Castro, monseñor Edilson Soares Nobre y monseñor Amilton Manoel da Silva. En un diálogo marcado por reflexiones sobre la misión de la comunicación pastoral en la Iglesia y en la sociedad contemporánea, ante los aproximadamente 1.500 delegados procedentes de todas partes de Brasil, los obispos abordaron los retos y las perspectivas en la materia partiendo de su dimensión más esencial: la persona humana, que precede a cualquier instrumento tecnológico.

[Fuente: Vatican News]