El territorio de la Diócesis de Getafe, al sur de Madrid, está siendo especialmente castigado por los terribles fuegos que han afectado a miles de personas confinadas y desplazadas. Sus sacerdotes están en primera línea, acogiendo, acompañando, consolando, rezando.
Sólo en la zona centro de España, 12 municipios fueron evacuados y otros 3 tiene orden de confinamiento debido a la oleada de incendios forestales que desde hace casi una semana han arrasado miles de hectáreas. En este área al menos 50.000 personas han resultado afectadas.
Ante este drama humano, la Iglesia Católica se ha puesto manos a la obra para ofrecer ayuda material, refugio, escucha y sacramentos, una labor que supervisó este sábado el Obispo Auxiliar de Getafe, Mons. José María Avendaño.
El P. Álvaro Piñero es vicario de la parroquia el Villaviciosa de Odón, uno de los municipios que están sirviendo de lugar de acogida para quienes, huyendo del fuego, no tenían dónde ir. Lleva todo el fin de semana coordinando la ayuda que brindan desde la parroquia a los más de 300 desplazados procedentes de Chapinería, Pelayos de la Presa, Navas del Rey y otras localidades.
Y junto a los vecinos, también se acoge a los párrocos de esas localidades porque, como explica el presbítero a ACI Prensa, «aunque uno esté desplazado sigue siendo sacerdote y sigue acompañando a la gente de su pueblo».
«Muchos de los voluntarios que están colaborando en el polideportivo son de Cáritas o de hermandades del pueblo, tienen su relación con la parroquia», destalla el P. Piñero desde Valdemoro, una localidad cercana a la que ha acudido a recoger formas para la Misa.
Además de brindar comida y cubrir necesidades materiales, la Iglesia ofrece el tesoro de la fe y los sacramentos: «En el polideportivo hemos estado atendiendo a la gente, escuchándoles, confesándoles, sobre todo escuchando el sufrimiento de tantas personas. Al final, la gente que está aquí es gente muy desprotegida».
De manera especial, las autoridades han encomendado a la parroquia el cuidado de los niños, a los que animan con juegos y actividades, hasta el punto de que algunos, preguntados por si querían volver a sus casas, responden que no, «porque están como como en un campamento».
A pesar de la magnitud de la tragedia, desesperante desde el plano meramente humano, la mirada sobrenatural y el corazón de pastor mantienen la esperanza.
«Decía San Pablo en la lectura: llevamos este tesoro en vasijas de barro para que en nuestra vida se manifieste no solo la muerte, sino la gloria del Señor. Y es un poco lo que estamos experimentando, como estamos palpando el drama de tantas situaciones muy difíciles, pero también la Providencia nos está cuidando con sobreabundancia», subraya el P. Piñero.
«Si Dios nos está cuidando ahora en esta situación, ¿por qué me iba a fallar mañana? Si lo está haciendo ahora, entonces yo creo que la confianza es lo que nos sostiene en estos momentos, y no una confianza ciega, sino una que aquí y ahora podemos palpar», explica en referencia a la ayuda de tantos voluntarios y donantes.
«Estoy personalmente sobrecogido y yo no hago más que decir gracias de verdad, porque dices: es que esto es impresionante», concluye.
«El Señor está viviendo con nosotros este desalojo»
Una de las zonas más castigadas por el fuego es el Valle del Tiétar, donde se encuentra la localidad de Rozas de Puerto Real, donde se ubica el seminario menor de la Diócesis de Getafe, en el que de manera habitual estudian 130 alumnos, de los cuales 35 son seminaristas.
El recinto, de momento a salvo de las llamas, peligra gravemente. Allí se desarrollaba un campamento de verano hasta que tuvieron que desalojar a los participantes el sábado 25, fiesta de Santiago Apóstol: «Nos vimos envueltos ya por el humo y hubo que evacuar a todos los jóvenes, se hizo de una forma muy rápida. En menos de 25 minutos estaba ya el seminario entero desocupado y aunque era grande el miedo, el trabajo de todos lo hizo posible», describe a ACI Prensa el P. Eliert Jerez, rector del seminario menor.
Además de las personas, sacaron del lugar las imágenes de la Inmaculada, San José, los archivos y los sagrarios con el Santísimo, que fueron llevados a Villaviciosa de Odón, donde el P. Jerez está acogido.

El momento del traslado del Cuerpo de Cristo ha quedado grabado. «Ese momento no me lo consigo quitar de la cabeza y tampoco quiero sacarlo del corazón», comparte el presbítero.
«Cuando tienes el Santísimo en la mano, cuando no puedes llevar un paño de hombros, no puedes ir revestido, con un acto litúrgico, te das cuenta de la cercanía del Señor en esos momentos. Que el Señor estaba viviendo con nosotros este desalojo y yo imagino que también esta oración y esta súplica porque esto termine», añade.
Precisamente es en la oración donde están encontrando un gran consuelo: «La oración está haciendo verdaderos milagros. Como este de que todavía el seminario no se haya visto invadido por las llamas», explica el rector, a pesar de que la responsabilidad le pesa: «Muchos de nuestros seminaristas van a quedarse sin casa. Muchos de nuestros seminaristas tendrán muchísimos problemas para poder continuar su formación».
No sólo por ellos, el P. Jerez es consciente de cómo esta situación va a transformar por años la vida de la comarca: «Son muchísimos los pueblos que se han visto afectados. Mucha gente no va a recuperar sus empleos porque viven del campo y eso es muy difícil de recuperar. Muchas personas no solo han perdido la casa, han perdido una posibilidad de futuro y esto va a ser una realidad que nos va a acompañar en los años venideros».
Tan es así, que confiesa su desasosiego: «Me cuesta conciliar el sueño desde que aparecieron las primeras llamas».
[Fuente: ACI Prensa]
