Prioridad es una necesidad que ocupa un primer plano en el orden operativo. Constituye, por tanto, una tarea que interpela con especial urgencia. Una buena planificación exige una adecuada selección en lo tocante a prioridades.
Personalmente me gusta pensar y trabajar con tríadas. Ayuda a precisar y jerarquizar ideas y prácticas. Entre los pensadores Hegel destaca por su sistematización triádica. Desde el punto de vista de la reflexión y la acción cristianas no tiene nada de extraño lo relativo a tríadas, ya que centro y eje la fe es la afirmación de Dios creador y salvador como Trinidad, comunión, amor. El Papa Francisco en su encíclica ecológica Laudato Si´, citando a San Buenaventura subraya: “cada criatura lleva en sí una estructura específicamente trinitaria tan real que podría contemplarse fácilmente si la mirada humana no fuera tan parcial, oscura y frágil” (LS 239).
Volcando los ojos a nuestra situación de crisis global nacional y a los imperativos que se plantean para la reconstrucción del país, podría estructurarse una tríada de prioridades a la hora de jerarquizar decisiones. En la línea de búsqueda de soluciones no resulta extravagante que Washington haya planteado formal y oficialmente su intervención en forma también triádica.
Antes de formular una trilogía de prioridades para la recuperación nacional no podría menos de manifestar extrañeza ante el planteamiento, que no raramente se hace, de subrayar lo económico como el primer ámbito de atención. No porque lo económico no juegue un papel fundamental en el funcionamiento social (marxista y liberales coinciden en esto), sino porque después de 25 años de progresivo deterioro del país, no hay duda de que el daño ha tenido su raíz fundamental en el proyecto ideológico-político de corte totalitario del llamado Socialismo del Siglo XXI. Causante principal de la crisis no ha sido un mal manejo técnico de la economía, sino una concepción homoneizante y hegemónica de la convivencia social, dentro de la cual ha entrado en juego la centralización económica, conjugada con factores ético-culturales como el pecado capital de la avaricia y una generalizada corrupción administrativa.
En lo tocante prioridades respecto de la urgente reconstrucción nacional, pueden señalarse las siguientes:
- Desmonte de la represión o, en positivo, restablecimiento del estado de derecho, de la vigencia de la Constitución, del clima de libertad y respeto de los derechos humanos; esto implica, entre otros, la libertad incondicionada de todos los presos políticos, civiles y militares, así como el poner término a la hegemonía comunicacional.
- Agenda electoral, reestructurando organismos como el CNE y el TSJ, fijando fechas para el proceso, estableciendo mecanismos y garantías de transparencia (registro de votantes, veeduría internacional).
- Regreso de exiliados o, en otros términos, reintegración abierta a la cuarta parte de la población venezolana (¡!), hoy ex patriada.
Hablar adecuadamente de prioridades se lo entiende, obviamente, en el marco situacional de un país que sufre una patente contradicción: riqueza en potencial económico (petróleo, minas, tierras…) junto a un pueblo viviendo mayoritariamente en pobreza y con fuertes índices de miseria. Y de una nación que exige particular cuidado de su educación y de una pedagogía ciudadana hacia la corresponsabilidad y la solidaridad.
Cambiar cosas importa, pero, todavía más, cambiar personas y comunidades en orden a una calidad de vida moral y espiritual. No pocas veces se restringe el llamado al cambio ético a lo relativo a corrupción administrativa e irrespeto a los derechos humanos; pero no se pone la debida atención a la formación de personas y comunidades en la positividad de valores como gratuidad social, fraterna convivencia y calidad de vida. En esto tienen particular responsabilidad las instituciones religiosas, que se contraen con frecuencia a lo íntimo personal, sin extender la mirada al relacionamiento interpersonal y la comunión social también en perspectiva trascendente. Los cristianos, que creemos en un Dios Trinidad, amor, tenemos en esto una vocación-misión muy especial.
