Las consecuencias del dolor, la tortura y la negación de saber de su hijo, condujeron a Carmen Teresa a su última ofrenda , la propia vida.
Que su testimonio valiente y esperanzado con la confianza que puso a los pies de San José Gregorio sea una clarinada y una una luz que alumbre para que la libertad de todos presos y la libertad de vivir en paz mueva los corazones de los torturadores y mueva también a toda la población a exigir la vida justa y equitativa para todos más allá de cualquier diferencia.
Ante la imagen de la Virgen de Monserrat en Cataluña donde participé como peregrino ofrecí la Eucaristía conventual por estas razones e intenciones.
Descanse en paz Carmen Teresa y junto a su hijo la Virgen los conduzca ante la Santísima Trinidad.
Amén.
+cardenal Baltazar Porras
