“Nos solidarizamos con este momento de sufrimiento”. Con estas palabras, monseñor Juan Carlos Barreto Barreto, obispo de Soacha y presidente de Cáritas Colombia, sintetiza el compromiso de la Iglesia Católica ante la emergencia provocada por el terremoto del lunes 10 de agosto, que afectó municipios de cinco regiones del país.
Según los informes oficiales citados por el presidente de Cáritas Colombia, son más de 200.000 las personas damnificadas. El balance incluye más de 300 fallecidos y miles de heridos, además de graves daños en viviendas, apartamentos, edificios, hospitales e instituciones educativas.
Ante esta realidad, la respuesta de la Iglesia se ha organizado en distintos niveles. Cáritas Colombia trabaja junto a la Conferencia Episcopal y las Cáritas de las jurisdicciones eclesiásticas, en coordinación con autoridades locales y nacionales, organizaciones de la sociedad civil y organismos de cooperación internacional.
“Como Iglesia podamos articularnos, pero que también estemos unidos a los esfuerzos de la sociedad civil y del Estado”, explica monseñor Barreto al referirse a la campaña “Con Colombia hasta el último rincón”, que ha movilizado aportes económicos y en especie para atender a las comunidades afectadas.
Una Iglesia organizada en el territorio
La dimensión de la emergencia ha requerido una respuesta coordinada. Cáritas Colombia mantuvo encuentros con los responsables de pastoral social de las zonas más golpeadas —unas 14 jurisdicciones eclesiásticas— y posteriormente articuló el trabajo con los directores de pastoral social de las 78 jurisdicciones del país.
En esta red participan también la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia y el Banco de Alimentos de Bogotá, mientras las Cáritas locales coordinan sus acciones con alcaldías y gobernaciones. Desde el ámbito nacional se mantiene el diálogo con el Gobierno colombiano y con instituciones responsables de la atención de emergencias.
A ello se suma la comunicación con Cáritas hermanas de América Latina, Europa y Estados Unidos, así como con agencias de cooperación internacional, a las que se ha presentado la situación y solicitado apoyo.
La respuesta no se limita a la distribución de ayudas. Cáritas también mantiene informados a sacerdotes, religiosos y comunidades parroquiales mediante los reportes oficiales sobre víctimas y daños, promueve jornadas de oración y anima a la población a realizar aportes en dinero y en especie.
Alimentos, refugio y medicamentos
En estas primeras semanas, la prioridad está puesta en la alimentación. Pero las necesidades son más amplias: carpas, colchones y elementos para preparar alimentos forman parte de las solicitudes que llegan desde los territorios.
Hay personas que permanecen fuera de sus viviendas, algunas destruidas y otras gravemente afectadas. También se requieren medicamentos, mientras desde la Pastoral de la Salud se ha dispuesto una línea de ayuda psicológica con profesionales que ofrecen acompañamiento humano en medio de la emergencia.
Para monseñor Barreto, esta primera respuesta ha sido posible gracias a la solidaridad que se ha generado dentro y fuera de Colombia. Los recursos recibidos han permitido afrontar necesidades inmediatas: alimentación y un lugar donde las personas puedan pasar la noche.
“Estamos muy agradecidos, muy contentos con la respuesta que hasta el momento se ha venido dando”, afirma.
Pero el presidente de Cáritas Colombia advierte que la emergencia no terminará cuando disminuya su presencia en los medios de comunicación.
“La ayuda no se debe restringir solo a estas primeras semanas”
Uno de los llamados centrales de monseñor Barreto es a mantener la solidaridad en el tiempo.
“Estas primeras semanas a veces tienen el foco mediático”, explica, pero recuerda que después llegarán desafíos mucho más prolongados: reconstruir colegios, universidades, escuelas y hospitales, además de viviendas, parroquias y templos afectados.
“Tenemos que perseverar en este compromiso de ayuda que se tiene que sostener en el tiempo”, insiste.
Cáritas Colombia ya ha diseñado un plan articulado que irá adaptándose a las necesidades de cada territorio. La primera etapa contempla ayuda alimentaria, elementos de salud y condiciones para que las personas puedan descansar por las noches. Posteriormente deberán desarrollarse acciones para recuperar la normalidad en las instituciones educativas y reconstruir las viviendas, algunas de manera total y otras parcialmente.
La experiencia acumulada por Cáritas Colombia en contextos de emergencia, desde el conflicto armado hasta desastres naturales e inundaciones, constituye una herramienta para esta nueva crisis. Al mismo tiempo, la organización busca aprender de otras Cáritas e integrar sus esfuerzos con los del Estado y la sociedad civil. La meta, explica el obispo de Soacha, es una acción “articulada, ordenada y pertinente”.
Los “primeros auxilios” también son espirituales
En medio de esta respuesta humanitaria, la Iglesia ha querido atender otra dimensión del sufrimiento: aquella que no se resuelve con alimentos, medicamentos o un techo.
Monseñor Barreto menciona en la entrevista la iniciativa de la Arquidiócesis de Bogotá, que ha enviado 80 sacerdotes a los territorios más afectados para ofrecer Primeros Auxilios Espirituales. “También son muy importantes”, reconoce el presidente de Cáritas Colombia.
La misión comenzó oficialmente el 19 de agosto. Los sacerdotes, organizados en equipos y en coordinación con los obispos de las diócesis locales, se desplazaron hacia Pereira, Cali, Palmira, Cartago, Buga y Buenaventura.
El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, explicó que estos primeros días son los que suscitan mayores interrogantes y desafíos en las comunidades afectadas. Por eso, los sacerdotes buscan salir a su encuentro para transmitirles una certeza: la Iglesia los ama y Cristo permanece con ellos.
“Lo que buscamos es ver al Cristo sufriente en medio de las comunidades y acompañarlas con una palabra de esperanza”, señaló el cardenal Rueda.
Esta misión espiritual se integra así en la respuesta que Cáritas Colombia describe desde el ámbito nacional: una Iglesia que procura compartir no solamente recursos, sino también “la oración, la vida y la esperanza”.
Una mirada especial hacia los niños
La emergencia también ha incrementado la vulnerabilidad de niños y adolescentes. La pérdida de padres, la separación de los núcleos familiares y la imposibilidad de regresar a las viviendas pueden exponerlos a situaciones de marginación, trata y otras formas de explotación.
Para monseñor Barreto, la respuesta debe incorporar esta dimensión desde la llamada cultura del cuidado. Cáritas Colombia busca conocer las situaciones concretas en los territorios, en diálogo con las jurisdicciones eclesiásticas, para ofrecer una respuesta integral que incluya la protección de los menores.
“El Señor camina a nuestro lado”
Frente a una emergencia cuya recuperación requerirá tiempo, el presidente de Cáritas Colombia vuelve la mirada hacia la solidaridad que ya se ha puesto en marcha.
Su agradecimiento alcanza al pueblo colombiano, a las Cáritas que han enviado ayuda, a las organizaciones de cooperación internacional y a la comunidad internacional. También pide a los gobernantes que, “más allá de ideologías”, puedan concentrarse en la ayuda humanitaria.
Y dirige un mensaje especial a quienes sostienen la acción de la Iglesia desde los territorios: obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades parroquiales y agentes de Cáritas.
“Sabemos que son momentos difíciles para ellos”, reconoce. Pero, añade, “el Señor fortalece el ánimo de quienes se confían en él”.
La respuesta ante el terremoto, por tanto, se presenta como un camino que apenas comienza. Primero, alimentos, refugio, medicamentos y acompañamiento. Después, reconstrucción y recuperación de la autonomía. Y durante todo el proceso, una presencia pastoral llamada a permanecer junto a quienes sufren.
“Sabemos que el Señor camina a nuestro lado y nos invita a seguir caminando juntos”, concluye monseñor Juan Carlos Barreto Barreto.
[Fuente: Vatican News]
