El Papa: canto y música sintonizan el corazón con el de los hermanos y con Dios

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“La música forma parte de la acción litúrgica, y no es un mero adorno de la celebración”. Así lo recuerda el Papa León en la catequesis de la audiencia general, continuando con el ciclo dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II. La audiencia general se celebra en la Basílica de San Pedro, donde el Papa se detiene para saludar a los presentes. En la séptima catequesis sobre la Sacrosanctum Concilium, pronunciada esta mañana, 19 de agosto, reflexiona sobre la música sacra y la importancia del canto, remitiéndose no solo al documento conciliar, sino también a los Padres de la Iglesia y al magisterio de san Pío X, san Juan Pablo II y Benedicto XVI.

El documento conciliar dedicado precisamente a la reforma y a la promoción de la liturgia recuerda que “la tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne” y precisa que “La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados”

San Agustín: cantar es propio de quien ama

El Papa señala, por tanto, que aquí se encuentra “el núcleo de la enseñanza conciliar, que confirma y profundiza en la función ministerial de la música en la liturgia, ya resaltado por San Pio X en el Motu Proprio Inter sollicitudines

En la liturgia, cantar y tocar significa rezar, sintonizando el propio corazón con el de las hermanas y los hermanos y con Dios, en la participación activa en el misterio celebrado. En particular, la música expresa la dimensión afectiva de la oración, como afirma San Agustín: «Cantare amantis est», es decir, «cantar es propio de quien ama». Esto es muy importante, porque ayuda a abrir el corazón a la acción de Dios en la gracia y a dejarse moldear por ella.

El canto ayuda a superar las diferencias

El Papa evidencia a continuación como el canto favorece la comunión:

Por medio de la sinfonía, las voces contribuyen a unir los ánimos, superando las diferencias entre las personas y reuniendo todos en la alabanza a Dios. Así se convierte en una epifanía de la Iglesia, manifestación tangible de la comunión que pertenece a su naturaleza.

Y observa que “de la profunda relevancia teológica del canto sacro, como parte integrante de la acción litúrgica, derivan algunas exigencias”. “La primera – puntualiza – es que, más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los autores, debe responder en todos los niveles a lo que resulta más adecuado para el momento de la celebración. Además, la forma, especialmente en su aspecto melódico, debe ser a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de ejecutar, sobre todo cuando está destinada a ser cantada por toda la asamblea”.

Textos inspirados en la Sagrada Escritura, libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia

Con respecto a los textos, el Concilio recomienda que “sean adecuados, profundos y, al mismo tiempo, simples de comprender, inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, en los libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia. Sobre esto hay que velar, para que se mantenga viva y para que crezca la dinámica expresada en el antiguo principio “lex orandi lex credendi”, es decir, la ley de la oración es también la ley de la fe”.

Participación activa de los fieles

La Constitución Sacrosanctum Concilium dedica mucho espacio al tema de la participación activa de los fieles, dice el Papa y, citando a Benedicto XIV, afirma que  esta “se ha de comprender partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana» (Benedicto XVI, Exhort. ap. Sacramentum caritatis, 52) en un “espíritu de conversión continua que ha de caracterizar la vida de cada fiel”

Un equilibrio armonioso

En cuanto a la manera concreta con la que esta se puede realizar por medio del rol específico de la música sagrada, “la Constitución ofrece una respuesta clara”, precisa el Papa: “se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos» y ‘un silencio sagrado’  y exhorta a cada uno, ministro o simple fiel, a desempeñar «todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas” en el equilibrio armonioso entre los distintos ministerios, las diversas intervenciones y los momentos de silencio.

León XIV recuerda además que el Concilio concede “gran importancia al canto gregoriano, sin excluir de la celebración otros géneros de música sagrada”. Se presta también especial atención al órgano de tubos mientras que “se admite el uso de otros instrumentos siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles”.

La importancia de la inculturación

Un tema muy importante para la reforma conciliar es el de la inculturación, también en el ámbito de la música sacra, añade el Pontífice. “Se subraya, en particular, en relación con las tradiciones musicales de las diferentes culturas, la importancia de tenerlas muy en cuenta, como parte de la vida religiosa y social de las personas. Por ello, se recomienda, por un lado, poner en práctica en todos una adecuada «educación del sentido religioso» (SC, 119) y, por el otro, «dentro de lo posible […] puedan promover la música tradicional de su pueblo, tanto en las escuelas como en las acciones sagradas”.

El patrimonio musical de la Iglesia

En el contexto litúrgico, “se reconoce una función especial a la schola cantorum, instrumento pastoral cuya promoción se recomienda- continúa el Santo Padre – con la misión de “velar por la ejecución exacta de las partes que le corresponden, según los distintos géneros de canto, y favorecer la participación activa de los fieles en el canto”. Con este fin, el compositor de música sacra debe conocer y preservar el patrimonio musical de la Iglesia, dejándose inspirar por él para dar vida a nuevas composiciones al servicio de la liturgia, respetando la sensibilidad contemporánea y las diferentes tradiciones culturales, de modo que, como escribía Juan Pablo II,  “purificar el culto de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados, y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra, para asegurar dignidad y bondad de formas a la música litúrgica”.

Fomentar la formación y la práctica de la música sacra

Por todas estas razones, expresa el Papa León, los Padres conciliares recomiendan fomentar la formación y la práctica de la música sacra “en los seminarios, en los noviciados de religiosos de ambos sexos y en las casas de estudios, así como también en los demás institutos y escuelas católicas» (SC, 115) y garantizar a los músicos y cantantes una sólida formación litúrgica”.

Los Padres de la Iglesia concedieron gran importancia al canto litúrgico, símbolo de la comunión eclesial. Por eso podemos concluir con estas hermosas palabras de San Ignacio de Antioquí: “Que cada uno de vosotros también se convierta en coro, a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en la unidad, cantéis a una sola voz por Jesucristo al Padre, a fin de que os escuche y que os reconozca, por vuestras buenas obras, como los miembros de su Hijo”.

[Fuente: Vatican News]