Entronizan en Chile una imagen de San José Gregorio Hernández

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La comunidad venezolana en Santiago de Chile recibió un gran regalo: una imagen de San José Gregorio Hernández, “el médico de los pobres”, fue entronizada en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.

Con numerosa presencia de migrantes venezolanos, la celebración tuvo lugar el domingo 26 de abril y estuvo presidida por el P. Claudio Godoy.

De esta manera, la parroquia se convierte en un punto de encuentro y hogar espiritual para quienes han dejado su tierra natal pero no abandonan su fe.

En su homilía, el sacerdote exhortó a los presentes a reflexionar sobre la migración, a poner en práctica la empatía y el amor al prójimo, recordando que Jesús mismo fue forastero y que el verdadero cristianismo se demuestra en las acciones de acogida, no sólo con palabras.

La animación estuvo a cargo del grupo Los Sacramentinos, que con su música evocaron la tradición venezolana, expresando fraternidad entre ambos pueblos.

La iniciativa de llevar la imagen a Chile, explicó el P. Godoy, surgió al observar la realidad de muchos venezolanos que forman parte de la comunidad parroquial. “Pensaba en cómo hacerlos sentir parte de esta comunidad, que sientan que aquí hay un pedacito de su tierra”, expresó.

La comunidad venezolana expresó emoción y gratitud por la entronización, un anhelo que ya llevaba tiempo y que pudo hacerse realidad, demostrando la unión entre Chile y Venezuela, y dejó en claro que la devoción al “médico de los pobres” no conoce fronteras.

La vida de un santo

José Gregorio Hernández nació el 26 de octubre de 1864 en el pequeño pueblo campesino de Isnotú, en el estado de Trujillo (Venezuela). Su madre falleció cuando él estaba a punto de cumplir los ocho años.   

Estudió medicina en Caracas y tuvo tanto éxito que el presidente venezolano lo envió a estudiar microscopía, histología normal, patología y fisiología experimental en París.

Fue profesor en la Universidad Central de Caracas, y después de llevar a su familia a la capital, quiso ser monje de clausura en Italia, entrando a la Cartuja de Farneta con el nombre de hermano Marcelo, pero meses después se enfermó y su superior le ordenó volver a Venezuela para recuperarse.

Su dedicación diaria al servicio de los pobres le hizo merecer el título de “médico de los pobres” con el que se lo conoce hasta hoy.

Murió el 29 de junio de 1918 tras ser atropellado mientras se dirigía a comprar medicamentos para una anciana muy pobre. Una multitud se acercó para despedir sus restos.

Fue canonizado el 19 de octubre de 2025 por el Papa León XIV, junto a Carmen Rendiles, convirtiéndose así en los primeros santos venezolanos.