La insuficiencia de ingresos para adquirir una dieta saludable afecta a cerca del 71 % de la población venezolana, según estudios citados por la profesora Luisa Molina, integrante del Centro de Investigaciones Agroalimentarias (CIAAL) de la Universidad de Los Andes (ULA).
La especialista advirtió que, aunque ha mejorado el abastecimiento de alimentos y aumentado el ingreso por parte de la población, estos avances no garantizan una alimentación balanceada y nutricionalmente adecuada.
Durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, explicó que el país mantiene problemas de acceso económico a los alimentos, pérdidas a lo largo de las cadenas de producción y distribución, así como cambios en los patrones de consumo que afectan la calidad de la dieta.
“Abastecimiento no significa acceso”, enfatizó Molina, al señalar que en los establecimientos puede haber una amplia variedad de productos, pero muchos hogares no cuentan con los recursos necesarios para comprarlos.
Aunque reconoció que en los últimos años hubo cierta mejoría y una reducción de la pobreza extrema, sostuvo que los ingresos siguen siendo insuficientes para cubrir el costo de una canasta alimentaria.
Dudas sobre las cifras oficiales
Molina mencionó que fuentes oficiales apuntaban para 2026 una reducción de la subalimentación en Venezuela, con una tendencia hacia el 3 % de la población en esa condición.
No obstante, resaltó que organismos especializados en estudios alimentarios y nutricionales como la Fundación Bengoa han cuestionado esas cifras por considerar que no reflejan la realidad del país y por la falta de claridad sobre los métodos utilizados para calcularlas.
Según precisó, las estimaciones se apoyan principalmente en datos antiguos empleados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para analizar la situación agrícola, alimentaria y nutricional venezolana.
La investigadora recordó que las publicaciones oficiales en materia agrícola se suspendieron en 2008. Además, las hojas de balance de alimentos que elaboraba el CIAAL dejaron de elaborarse durante los primeros años de la década de 2000.
Por ello, insistió en que Venezuela debe retomar la publicación de estadísticas oficiales y revisar su política agroalimentaria con información actualizada que permita evaluar las condiciones de producción, distribución y consumo.
Cortes eléctricos y fallas viales agravan las pérdidas de alimentos
La académica detalló que los cortes eléctricos diarios, que pueden durar entre cinco y seis horas, afectan especialmente a las cadenas de hortalizas, raíces, tubérculos, otros alimentos feculentos y frutas.
La falta de refrigeración puede provocar el deterioro de los productos durante su almacenamiento y distribución, así como en los hogares. Alertó que algunos alimentos descompuestos no siempre se desechan, pese a que podrían no ser aptos para el consumo.
A esta situación se suman las dificultades de transporte asociadas con el estado de las carreteras, los puentes, la pavimentación y los precios del gasoil. Asimismo, nombró el efecto de la inflación, que incrementa los precios tanto en bolívares como en dólares, y las licencias de importación que coinciden con los períodos de cosecha.
A su juicio, las decisiones sobre inversión y abastecimiento deben evaluar cuándo resulta más conveniente impulsar la producción nacional y cuándo recurrir a las importaciones, considerando las condiciones de cada cadena agroalimentaria.
Menos proteínas y más carbohidratos en la dieta
Molina expuso que los problemas nutricionales del país no se limitan a la desnutrición aguda, asociada con la pérdida de peso en un período determinado, sino también a la persistencia de la desnutrición crónica, vinculada con una alimentación deficiente durante años y que puede reflejarse en un retraso del crecimiento.
A su vez, describió cambios en el patrón de consumo de los venezolanos debido a la disminución importante de las proteínas animales y vegetales y una mayor presencia de carbohidratos, aceites vegetales, frituras y azúcar. Este tipo de alimentación dijo que puede contribuir a problemas como la obesidad y la diabetes.
Aunque observó un aumento del consumo de pollo y huevos durante los últimos uno o dos años, declaró que los vegetales siguen teniendo poca presencia en la dieta, tanto por su costo como por factores relacionados con la cultura alimentaria.
Agregó que algunos adultos se ven obligados a reducir su propio consumo para que los niños puedan alimentarse mejor.
Programas alimentarios podrían mejorar la nutrición de grupos vulnerables
La docente opinó que los programas de alimentación escolar y los dirigidos a mujeres gestantes y adultos mayores podrían mejorar las condiciones nutricionales de estos grupos si se diseñaran de acuerdo con sus necesidades específicas y se gestionaran adecuadamente.
Por otro lado, lamentó las dificultades para garantizar que los pacientes hospitalizados reciban dietas acordes con sus enfermedades, debido a la ausencia de programas alimentarios y nutricionales que respondan a sus requerimientos clínicos.
Finalmente, llamó a revisar la política agroalimentaria venezolana, recuperar las estadísticas oficiales y tomar en cuenta las diferencias geográficas, los ingresos de los hogares y las condiciones productivas de cada eslabón de las cadenas alimentarias.
[Fuente: Radio Fe y Alegría]
