Javier Duplá, sj: Las consecuencias de la guerra son todas negativas. ¡Todas!

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Por Macky Arenas:

Habla el Padre Francisco Javier Duplá Bernal, S.J. (Zaragoza, 1940) es un destacado sacerdote jesuita venezolano, educador e historiador, reconocido principalmente como biógrafo y experto en la vida del Beato José Gregorio Hernández. Jesuita con amplia trayectoria en los colegios San Ignacio de Caracas y Jesús Obrero, así como en la UCAB.

¿Es la guerra siempre injusta?

—Toda guerra produce más daños que beneficios. El que gana la guerra, ¿qué gana? Antes, la guerra era para conquistar territorios. A gente como Napoleón, Alejandro Magno y otros hay que mencionarlos en la historia pero no darles esa relevancia porque fueron destructores. La soberbia hizo que se posesionaran de medio mundo. Ahora, las guerras son por venganzas, eso es el terrorismo. Sus motivos son racistas, históricos y a veces se escudan en lo religioso. Pero es la misma destrucción. Grupos como Hezbolla desfiguran todo el tema religioso y hacen que la gente tenga un concepto del Islam como sangriento y sienten que la religión musulmana es pura violencia. Eso no es cierto. Quienes se proponen eliminar a todo el que no piense como ellos son los radicales, los fundamentalistas. Las consecuencias de la guerra son todas negativas. Todas.

 Es un hecho que la teocracia que gobierna Irán hace décadas representa un peligro para el resto del mundo. Su misma gente es víctima de su crueldad. ¿En ese caso, se justifica hacer la guerra contra ellos?

— Tampoco. Sólo se conseguiría un reacomodo interno de las fuerzas vivas en la sociedad iraní contra el agresor. Considerarían que está amenazado su país y se impondría el sentimiento de patria. Ya han matado al Ayatolá y a varios de los jefes y la situación continúa. Lo mismo pasó acá con Maduro, el esquema político sigue imperando y eso que aquí no ha habido guerra. Y es que allá tampoco. Si se produce una invasión en Irán, ellos también tienen armas nucleares y el peligro de una guerra extendida es serio.

—Trump ha justificado todo lo que hace porque EEUU no puede permitir que Irán tenga armas nucleares. De hecho, dicen haber destruido buena parte de su armamento e instalaciones. El diálogo no ha funcionado y podría retomarse la vía bélica…

—Pero Irán no es el único país que las tiene. Rusia, China, Corea del Norte, India. Todos son un peligro y hacer la guerra contra Irán no lo disipa.

— ¿Cuándo se puede hablar de guerra justa?

— No creo que se pueda. La palabra guerra ya prefigura una injusticia. Es como si dijéramos que se puede hablar de cáncer bueno. No hay cáncer bueno.

— Santo Tomás justificaba la violencia bajo ciertas condiciones y agotadas una serie de instancias…

— No la guerra, el tiranicidio, que es otra cosa. La guerra nunca es justa y pone en riesgo a demasiada gente. En los tiempos de Santo Tomás no había ni pólvora. Se usaban ballestas, espadas.  Repito: Irán es una amenaza, pero también Coreo del Norte, que intimida a cada rato, Rusia invadió Ucrania, China quiere ir sobre Taiwán y así, todos, representan algún tipo de grave amenaza y si vas a hacer la guerra contra todos, imagínate. Son conminaciones que no creo se concreten porque el que tiene armas nucleares sabe lo que tiene y el riesgo de que las usen efectivamente es improbable.

— El Papa ha sido tajante en su denuncia y prédica contra la guerra. Hay quienes dicen que no debe hacerlo porque no puede meterse en política y también porque los papas hicieron la guerra en la antigüedad…

— Lo segundo es un desfase de tiempo absoluto. En aquellos tiempos la Iglesia obró mal y eso hay que decirlo. Entonces, el Papa tenía estados pontificios, era jefe de Estado, no tanto jefe espiritual, disponía de ejércitos y todo lo demás. Y se comportaba como un soberano de aquellos tiempos. Básicamente, las guerras eran por recuperar el Santo Sepulcro -en lo que hoy es Israel- y por ello se hicieron las Cruzadas. Posteriormente, cuando Italia fue nación y, afortunadamente, se decretó que los estados pontificios eran italianos, muchos no entendieron que despojaran al Papa de sus dominios.

Pero fue una bendición para la humanidad y por supuesto para el Papa y para la Iglesia.  El Papa Pío XI lo reconoció en 1929. Eso le ha venido muy bien a la Iglesia que ahora tiene, a través del papa, las conferencias episcopales y las distintas instancias, una voz de impresionante importancia moral y ética que hace efecto, no sólo sobre los jefes de Estado, sino sobre toda la humanidad.

— Indudablemente, el Papa perdió ejércitos pero ganó fuerza moral. Ahora, ¿cuál ha sido la postura de los distintos papas modernos acerca de la guerra?

— Hacia los años 40 del siglo pasado se llegó a un acuerdo y Jerusalén está habitada por las tres religiones monoteístas. También los papas han coincidido en que la guerra es condenable porque solo produce víctimas y daños. Desde Pío XI, pasando por Pío XII, Francisco; antes Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y II, Benedicto XVI y ahora León XIV, todos han mantenido la misma postura de ver la guerra como un desastre y la han condenado abiertamente. Sólo basta leer la encíclica Pacem in Terris de Juan XXIII y saber lo que se habló en el Concilio Vaticano II para estar claros en esto.

— Con la misma firmeza condenaron los totalitarismos, que son otra forma de violencia brutal…

— Allí están los pronunciamientos de Pío XI y Pío XII contra el nazismo y contra los crímenes de Hitler, además de Pío XII quien, además, fue tajante contra el comunismo soviético. Estaban muy claros en lo que eso significaba para la humanidad y cuánto sufrimiento causaban. No es casualidad que, en la historia de la Iglesia nunca hubo tantos papas santos como en nuestros tiempos. Eso no tiene que ver directamente con la guerra pero sí con su actitud frente a la sociedad, su postura contra todo lo que ponga en riesgo la dignidad del ser humano, su condena a la violencia y su constante prédica a favor del entendimiento entre los pueblos y la paz.

— Un comentario sobre lo que ha ocurrido entre Trump y el Papa…

— La motivación del Papa es clara: conseguir la paz en el mundo. Y eso no va a cambiar, sin importar cuánto lo critiquen y deformen sus palabras. Ambos son estadounidenses, lo cual habla a favor del Papa, quien ha dejado de lado su nacionalidad para erigirse en una figura mundial. Se ha investido de una identidad universal para abogar  por una humanidad en paz. Está cumpliendo su misión. Igual que Francisco, que siendo argentino, fue un papa universal, como corresponde. León XIV, siendo compatriota de Trump, le ha dejado claro que ello no es obstáculo para proclamar el Evangelio, aunque ello signifique un encontronazo con el jefe de Estado más poderoso del mundo. Es la voz moral frente a la arrogancia del más fuerte.-

[Fuente: EncuentroHumanista.org]