Jornada nacional de oración en Colombia tras el terremoto

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En medio de una emergencia que continúa dejando víctimas, personas desaparecidas y graves daños materiales, la Iglesia católica en Colombia se une este domingo 16 de agosto en una Jornada Nacional de Oración por quienes han sido afectados por el terremoto del pasado 10 de agosto.

La convocatoria de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana invita a las parroquias, comunidades de fe, agentes pastorales y fieles de todo el país a hacer de esta jornada un momento de oración y cercanía con quienes viven el dolor de la pérdida, la incertidumbre y las consecuencias de la emergencia.

El terremoto, de magnitud 7,4, ha dejado un balance que continúa actualizándose. Según el reporte del sábado 15 de agosto de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), al menos 295 personas han muerto, más de 143 permanecen desaparecidas y 3.937 han resultado heridas. La emergencia afecta a 15 departamentos y 448 municipios; más de 54.382 familias. Unas 308 vías, 62 acueductos, 44 puentes vehiculares, 5 puentes peatonales y 5 aeropuertos han sido afectados.

Ante esta realidad, la Iglesia busca acompañar no solo con la oración, sino también mediante la presencia de sus comunidades y la articulación de recursos para atender las necesidades que surgen en los territorios.

Bajo el lema «Con Colombia, hasta el último rincón», la Jornada Nacional de Oración invita a las comunidades a elevar sus plegarias por quienes han perdido la vida, por sus familias, por los heridos y damnificados y por quienes todavía buscan a sus seres queridos.

La oración se extiende también a quienes se encuentran en primera línea de la emergencia: organismos de socorro, personal de salud, voluntarios y todas las personas que participan en las labores de búsqueda, rescate, asistencia y acompañamiento.

La Conferencia Episcopal ha puesto a disposición de las comunidades un subsidio de oración y orientaciones litúrgicas para facilitar las celebraciones de este domingo. El material propone vivir este momento como una expresión de comunión eclesial y como un espacio de consuelo y esperanza ante el sufrimiento de tantas familias.

La jornada recoge asimismo la cercanía expresada por el papa León XIV hacia el pueblo colombiano. En sus palabras, el Pontífice pidió al Señor que conceda a quienes han sido afectados por el terremoto «los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana».

«Hoy necesitamos estar cerca»

En un mensaje dirigido al pueblo colombiano con motivo de la emergencia, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, transmitió la cercanía de la Iglesia y agradeció las expresiones de solidaridad procedentes de otras Conferencias Episcopales, así como de organizaciones nacionales e internacionales.

El prelado ha insistido en que la respuesta cristiana ante el sufrimiento debe traducirse en una presencia concreta junto a quienes atraviesan la emergencia.

«Hoy necesitamos estar cerca, cerca de las familias que sufren, cerca de quienes tienen miedo y viven la incertidumbre, cerca de quienes buscan a sus seres queridos, cerca de quienes trabajan incansablemente por salvar vidas», afirmó.

La invitación del Episcopado es, por tanto, a acompañar, servir y poner las capacidades de las comunidades e instituciones eclesiales al servicio de quienes más lo necesitan.

De este modo, la oración se integra en una respuesta pastoral y solidaria que busca llegar a los territorios afectados y acompañar a las personas en sus necesidades materiales y espirituales.

«Con Colombia, hasta el último rincón»

La Jornada Nacional de Oración forma parte de la campaña “Con Colombia, hasta el último rincón”, impulsada por la Conferencia Episcopal y Cáritas Colombiana.

La iniciativa pretende que las voces de las personas afectadas y de quienes las acompañan desde los territorios tengan un lugar central en la respuesta de la Iglesia. Sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, voluntarios y comunidades pueden compartir las necesidades que enfrentan y las acciones que se desarrollan en cada lugar.

Esta dinámica busca favorecer la articulación entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas y los demás actores que participan en la atención de la emergencia, entre ellos la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO).

La respuesta pretende así poner en común las capacidades de la Iglesia y evitar que las comunidades más afectadas queden aisladas, especialmente en aquellas zonas donde las dificultades de comunicación continúan obstaculizando la consolidación de un balance completo de los daños.

Cáritas moviliza la solidaridad

Junto con la oración y el acompañamiento pastoral, la Iglesia ha puesto en marcha una campaña nacional de recaudo para apoyar a las personas y familias afectadas.

El Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana ha habilitado distintos canales para recibir donaciones, que serán destinadas a las acciones de atención desarrolladas a través del Servicio Nacional de Emergencias, de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.

Los aportes pueden realizarse mediante las cuentas habilitadas en el Banco de Bogotá y Bancolombia, así como a través de la plataforma de donaciones en línea de Cáritas Colombiana.

La iniciativa busca que la solidaridad no se limite a una expresión de cercanía, sino que pueda convertirse en ayuda concreta para las familias que han perdido sus viviendas, sus bienes o sus medios de subsistencia.

La emergencia ha afectado igualmente a numerosas edificaciones eclesiales. El balance preliminar de las jurisdicciones incluye daños en templos, capillas, casas curales, conventos y otros espacios en los que se desarrolla la vida pastoral de las comunidades.

Entre los casos reportados se encuentra la Catedral de Manizales, cuya torre sufrió un derrumbe parcial y quedó inclinada sobre la fachada. También se informó de la destrucción del templo del barrio El Carmen.

En la Diócesis de Pereira se registraron graves daños en la parroquia Nuestra Señora del Carmen–Iglesia San José, el desplome del templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, en Dosquebradas, y afectaciones en la torre del templo parroquial de La Virginia.

La Basílica del Señor de los Milagros de Buga presenta grietas en su cúpula central y caída de material. En la Basílica Nuestra Señora de la Pobreza de Cartago, por su parte, colapsó el techo de la nave central.

En la Arquidiócesis de Popayán se reportaron daños en el templo de Santo Domingo y en templos parroquiales de El Tambo, Morales, Totoró y Caldono. En la Arquidiócesis de Cali, el Convento de La Merced sufrió el desplome de la cubierta del presbiterio y presenta grietas en sus paredes.

También se han informado daños estructurales en templos de la Arquidiócesis de Ibagué, así como afectaciones en la casa cural de la parroquia de Roncesvalles.

La Diócesis de Jericó continúa evaluando distintas edificaciones, entre ellas la Casa de Encuentros Lisieux, la Basílica Menor de Jardín, parroquias y capillas de Caramanta, Andes, Hispania y Tapartó, la Casa Cural de San José y el Seminario San Juan Eudes.

En la Diócesis de Quibdó, una de las zonas más afectadas por el sismo, se han informado daños estructurales en la casa episcopal y en algunos templos parroquiales. El balance continúa en consolidación debido a las dificultades de comunicación que persisten en algunas comunidades.

También se han reportado afectaciones en templos y casas curales de las diócesis de Girardota, Cartago y La Dorada-Guaduas, así como en el Santuario de San José, en Venecia, Antioquia.

Las jurisdicciones eclesiásticas continúan realizando verificaciones y evaluaciones técnicas para determinar la magnitud de los daños y las condiciones de seguridad de las edificaciones. Según el balance preliminar, el número de templos afectados podría superar los 50.

La cercanía como respuesta al dolor

Más allá de los daños materiales, la Iglesia pone el acento en las personas y comunidades que afrontan las consecuencias de la tragedia. La Jornada Nacional de Oración de este domingo quiere ser, en este sentido, una expresión de cercanía con quienes lloran a sus familiares, esperan noticias de sus seres queridos o intentan reconstruir su vida después del terremoto.

“Colombia nos necesita unidos. Acompañemos, sirvamos y oremos”, expresó monseñor Múnera al convocar a la Iglesia y al país a responder juntos ante la emergencia.

La invitación sintetiza el camino propuesto por el Episcopado colombiano: orar por quienes sufren, acompañar a las comunidades y poner la caridad en acción.

Mientras continúan las labores de búsqueda, rescate y asistencia, las parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales, voluntarios y equipos de pastoral social buscan permanecer junto a las poblaciones afectadas.

[Fuente: Vatican News]