En su catequesis de hoy, el Papa León retoma la reflexión del Concilio Vaticano II sobre la dignidad de la persona humana, uno de los temas centrales de la Constitución Gaudium et spes. La Constitución reconoce que el esfuerzo de la humanidad por defender los derechos y la dignidad de cada persona constituye uno de los grandes logros de la historia. Sin embargo, advierte también que este camino no está terminado. Todavía existen situaciones y decisiones que desfiguran la dignidad humana y dificultan que sea reconocida en toda su profundidad.
La dignidad humana brota del mismo ser de la persona
El Papa afirmó en su catequesis que la Iglesia ofrece con claridad su contribución, recordando oque la dignidad humana brota del mismo ser de la persona. La dignidad de la persona, señaló, no es algo que la recibe de la sociedad ni que pueda perder por sus circunstancias. No depende de la riqueza, de la posición social, de las capacidades, de los éxitos o fracasos, ni siquiera de las decisiones acertadas o equivocadas que pueda tomar. La dignidad pertenece al mismo ser de la persona. Es un don que la precede y que tiene su origen en Dios.
Más adelante, el Santo Padre recordó que la persona implica siempre relación, comunión y participación con respecto a Dios y a los demás;
El cuerpo humano no puede ser tratado como un objeto
Gaudium et spes presenta además al ser humano como una unidad de cuerpo y alma. La dignidad abarca a la persona entera y, por eso, el cuerpo tampoco puede ser tratado como un simple objeto del que se pueda disponer arbitrariamente. La vida corporal forma parte de la persona y merece respeto y cuidado.
La intelilgencia, la conciencia y la libertad
La dignidad se manifiesta de manera especial en tres capacidades que caracterizan a la persona: la inteligencia, la conciencia y la libertad. La inteligencia nos impulsa a buscar la verdad. La conciencia permite reconocer esa verdad y orientar la propia vida. Y la libertad nos hace capaces de decidir y, al mismo tiempo, responsables de nuestras decisiones.
El Espíritu Santo, que da vida en Cristo, nos recordó el Papa, nos hace libres y nos asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios, liberándonos del miedo y guiándonos hacia la meta última: aquella vida en plenitud más allá de la muerte que Cristo nos ha prometido: solo en Él encuentra verdadera luz el misterio del hombre; de Él recibimos luz sobre el enigma del dolor y de la muerte, y con Él caminamos hacia la resurrección.
[Fuente: Vatican News]


