Las monumentales puertas de madera que dan acceso a la Basílica del Santo Sepulcro, uno de los lugares más sagrados para los cristianos de todas las confesiones, fueron retiradas de sus goznes el pasado jueves para someterlas a un proceso de restauración.
Los encargados de hacerlo fueron los trabajadores que están llevando a cabo la restauración del suelo de la basílica.
La intervención se enmarca en las obras de restauración del pavimento del templo y ha sido adoptada, como todas las decisiones relativas al edificio, por consenso entre las comunidades que lo custodian.
En el Santo Sepulcro conviven representantes de la Iglesia Católica, el Patriarcado ortodoxo griego, la Iglesia armenia, la copta, la ortodoxa siria y la ortodoxa etíope, que habían constatado que las puertas mostraban un deterioro estructural evidente, según recoge la revista Tierra Santa.
La restauración constituye la primera actuación sobre estas puestas en más de dos siglos. La última intervención documentada data de 1810 y fue promovida por la Iglesia ortodoxa griega tras un incendio que afectó al templo.
Mientras duren los trabajos, el acceso ha sido cubierto con paneles provisionales sobre los que se han instalado reproducciones fotográficas de las puertas originales, con el fin de preservar la imagen habitual del ingreso al santuario.
Queda por definir cómo se articulará durante este periodo la labor de las familias musulmanas encargadas históricamente de custodiar la entrada. Los actuales guardianes pertenecen a los linajes Nusseibeh y Joudeh, a quienes el sultán Saladino confió esta responsabilidad en 1246.
Impuestos y puertas selladas
La retirada de las puertas ha permitido recuperar episodios singulares de la compleja historia del templo. La revista Tierra Santa recupera algunas curiosidades fruto de la accidentada historia del templo.
Así, por ejemplo, revela que en la entrada principal permanece aún visible un “portal gemelo” hoy tapiado. También cuenta que, tras la conquista de Jerusalén por Saladino en 1187, todas las puertas de la basílica cruzada fueron selladas, al igual que las ventanas de la rotonda, con el objetivo de controlar el acceso.
Durante ese periodo, los cristianos debían abonar un impuesto para entrar a rezar. Muchos peregrinos, que ya habían afrontado largos viajes y tasas para ingresar en la ciudad, no disponían de recursos suficientes para pagar un nuevo tributo. Quienes podían hacerlo debían esperar a la única apertura diaria de las puertas. Una vez dentro, estas se cerraban tras ellos y no se volvían a abrir hasta la mañana siguiente.
Religiosos encerrados para garantizar la oración
A comienzos del siglo XIV, la situación derivó en una decisión extrema: religiosos de distintas confesiones optaron por permanecer encerrados en el interior del santuario para asegurar la celebración continua del culto en uno de los lugares más emblemáticos de la cristiandad.
“Solo así podían garantizar la oración en la iglesia más importante de la cristiandad”, explica el artículo de Tierra Santa.
Para poder hacerles llegar alimentos, se abrieron pequeñas escotillas en las propias puertas de madera.
Una de esas aberturas ha permanecido en uso hasta la reciente retirada de las puertas y servía, entre otras funciones, para permitir el acceso a la escalera con la que los guardianes alcanzan la cerradura superior.
La normalización llegó en 1832, cuando Mehemet Ali decretó la apertura diurna permanente y la supresión del impuesto de entrada.
En tiempos más recientes, las puertas también han sido escenario de tensiones. En 2018, las Iglesias custodias acordaron el cierre temporal del templo en protesta por medidas fiscales que consideraban lesivas. Asimismo, permanecieron clausuradas durante la pandemia de COVID-19 por decisión de las autoridades civiles.
[Fuente: ACI Prensa]
