Las dos cárceles de Roland Carreño

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La cárcel tiene un peso distinto para quien está preso por razones políticas. Roland Carreño lo sabe bien. Lo ha vivido en carne propia en dos momentos de su vida. Durante la etapa más reciente pasó 18 meses completamente incomunicado, sin contacto con su familia, amigos o compañeros de trabajo. No sabía nada del país que quedaba al otro lado de los muros.

La incertidumbre, la espera y el desasosiego se convirtieron en parte de la rutina diaria de Roland. Aun así, él encontró una forma de resistir. Se aferró a sus principios, a sus convicciones y a la fe inquebrantable de que volvería a ser libre. Por fortuna, así fue.

Meses después de recuperar su libertad, Carreño abrió las puertas de su hogar al equipo de El Diario. Durante una conversación serena, marcada por la claridad y la reflexión, habló de los desafíos políticos que tiene Venezuela por delante, pero también de las cicatrices que dejó la prisión. Porque salir de la cárcel significa recuperar el movimiento, pero no siempre basta para borrar las cicatrices que deja la injusticia.

Dos cárceles

La amabilidad y la serenidad que lo distinguen parecen haber resistido intactas el paso del tiempo tras las rejas. Sonriente, Roland Carreño, periodista y coordinador operativo nacional de Voluntad Popular, esboza un cálido “Bienvenidos” antes de iniciar la conversación.

Su hogar, en Caracas, refleja con fidelidad su personalidad: un espacio modesto, pero acogedor, donde cada rincón cuenta una historia. Esculturas, cuadros y una biblioteca compacta, aunque abundante en autores y obras, conviven entre recuerdos que han marcado su vida. Para él, cada uno de esos elementos forma parte de su historia.

“Se ha convertido en algo tan cotidiano el tema de los presos políticos que la gente no logra dimensionar exactamente el drama que eso significa para el individuo. Que seas arrancando de la cotidianidad (…) En mi caso de las reuniones políticas con mis estructuras, y que de pronto te veas en un calabozo de dos por dos insalubre, nauseabundo y que allí pasen las horas. Te sientes como una suerte de despojo, eres como cualquier cosa que está ahí arrumbada en un rincón de una cárcel. Estar preso en Venezuela es un drama mayúsculo, pero estar preso en Venezuela y siendo inocente, es una tragedia absoluta, porque tú te encuentras en ese espacio pensando en qué hago yo aquí, porque estoy aquí, qué derecho tiene alguien en el ejercicio de las circunstancias del poder de decidir sobre mi vida”, reflexiona al comenzar la conversación.

Las dos cárceles de Roland Carreño
Foto: Mauricio Villarreal

Su paso por la cárcel ocupa, sin duda, uno de los capítulos más difíciles de su vida, quizá el más amargo y oscuro. La historia de Roland Carreño tiene una particularidad: ha sido detenido en dos ocasiones por motivos políticos. Aunque ambas experiencias estuvieron marcadas por la injusticia, él prefiere referirse a ellas como “temporadas”, una manera de procesar y dar sentido a episodios que transformaron su vida. Fueron etapas duras, pero también distintas entre sí.

La primera comenzó en octubre de 2020, cuando fue detenido bajo acusaciones de terrorismo, conspiración y tráfico ilícito de armas de guerra. A partir de entonces inició un recorrido por distintos centros de reclusión, una especie de peregrinaje forzoso que le permitió conocer de cerca las deficiencias, abusos y vulneraciones que caracterizan al sistema penitenciario venezolano.

“Estuve detenido en la sede de la PNB en La Yaguara (…) Yo estuve durante aproximadamente 60 días en el cuarto de máquinas de la bomba de agua, donde había zancudos y el ruido de la bomba no me dejaba dormir (..) Después me trasladaron al DIP de Maripérez donde dormía en una celda común, con una colchoneta mínima, llena de humedad, de ratas, los rabipelados que entraban a medianoche, caía un aguacero y todo se inundaba. Eso me llevó a un tema de salud terrible, incluso me dio covid-19 porque me mezclaban con 40 personas en una celdita”, cuenta.

Debido a esa condición de salud, fue trasladado a un centro asistencial. Posteriormente, lo llevaron a El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas, donde permaneció recluido junto con otros presos políticos.

Al recordar ese periodo, Carreño destaca algunos aspectos que marcaron la diferencia respecto a su segunda detención: tenía autorización para recibir visitas, hacer llamadas telefónicas y mantener contacto con sus abogados de confianza durante las audiencias. Sin embargo, aclara que esas garantías no evitaron que enfrentara un proceso que considera injusto y cargado de arbitrariedades.

Rocío San Miguel recibió a su hija durante una visita en el Sebin: lo que se sabe
Foto: EFE

Su primera etapa en prisión concluyó en octubre de 2023, cuando fue excarcelado como parte de las negociaciones entre el gobierno y la oposición venezolana derivadas del Acuerdo de Barbados. “Salí a la calle con mis derechos constitucionales completos, con el juicio abierto inclusive, pero con libertad para salir del país; de hecho viajé, fui a visitar a mi otro hijo que vive en España y regresé porque como no le debo nada a la justicia, volví para continuar con el juicio”.

La libertad duró poco. En agosto de 2024 fue detenido nuevamente, en medio de la arremetida gubernamental luego de las elecciones presidenciales. Esta segunda experiencia en prisión estuvo marcada por contrastes. Durante casi un año permaneció recluido en El Helicoide, donde compartió celda con hasta 17 personas detenidas por motivos políticos, entre ellas Enrique Márquez, Luis Somaza, Américo De Grazia y Pedro Guanipa.

La convivencia entre los reclusos se convirtió en una forma de sobrellevar el encierro. Como tenían permitido recibir paquetería, cocinar pasó a formar parte de la rutina diaria. Preparaban alimentos, los compartían entre ellos e incluso con algunos custodios. Esas pequeñas dinámicas contrastaban con un régimen de aislamiento mucho más severo que el de su primera detención. En esa ocasión, Roland no tenía permitido recibir visitas ni realizar llamadas telefónicas, y tampoco podía comunicarse con sus abogados de confianza. Aunque estaba rodeado de compañeros de celda, permanecía completamente incomunicado del mundo exterior.

“Estuve 18 meses sin saber de mi familia, sin poder mandar una carta o hacer una llamada telefónica. Yo me preguntaba qué derecho tenía alguien de hacerme eso a mí como ciudadano, qué derecho tiene el hombre de hacerle eso a otro simplemente porque tiene ansias de poder o tienen un concepto equivocado del poder, por qué la sociedad tiene que pagar los dramas y las carencias de otros”, detalla.

En septiembre de 2025 fue trasladado al centro penitenciario Rodeo I, estado Miranda. Allí el único aspecto que parecía brindarle normalidad se esfumó. La comida era entregada en una vianda: dos huevos sancochados y un arroz pastoso. Las salidas al patio eran irregulares y la dinámica del penal era muy distinta a la que había conocido en El Helicoide.

“En el Rodeo I es todo más estricto, vives con incertidumbre. Esa tensión te puede volver loco por los ritmos que llevan allí”, recuerda.

Con tal dinámica y la falta de canales de comunicación, Roland solo podía hacerse una idea de lo que ocurría en el país con los programas de radio de algunos voceros del gobierno que se transmitían en la cárcel. De hecho, se enteró de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores tres días después, cuando algunos reclusos tuvieron visitas y sus familiares les transmitieron la noticia junto con el anuncio de nuevas liberaciones de presos políticos.

“Eso trajo un proceso de euforia, de llanto, pero también de mucho susto porque no sabes lo que va a pasar (…) Fue un proceso sorprendente. Uno no se lo creía. Empezaron a liberar gente y yo decía, bueno, en algún momento me debe tocar a mí”.

Durante aquellos días de espera se aferró a la fe. En vísperas del Día de la Divina Pastora, patrona de su natal estado Lara, pidió en oración recuperar su libertad. La respuesta llegó en la madrugada del 14 de enero de 2026, cuando escuchó las palabras que había imaginado durante meses: “Vístete, que te vas”.

Lo que ocurrió después resultó aún más conmovedor que la propia noticia de su excarcelación. Mientras avanzaba por el pasillo rumbo a la salida, los demás reclusos comenzaron a orar como parte de un ritual que se repite cada vez que uno de ellos recupera la libertad.

“Tú levantas las manos y gritas ‘libertad’. Nosotros nos llamamos soldados de Cristo y pedimos libertad para el país. No se trata de mi libertad individual”, cuenta sobre un momento que, incluso hoy, sigue emocionándolo.

Entre la libertad y la memoria

La cárcel no logró disipar la lucha política de Roland Carreño. Es por eso que apenas recuperó la libertad, retomó el contacto con sus compañeros de Voluntad Popular para reincorporarse al trabajo partidista y aportar desde su experiencia a una nueva etapa para Venezuela.

El dirigente habla de política con la misma pasión y convicción que antes de ser detenido. Analiza el presente del país con precisión y se proyecta hacia el futuro con claridad. Escucharlo da la impresión de que nunca estuvo aislado del mundo exterior. Sin embargo, hay un tema que altera esa aparente normalidad: los presos políticos que permanecen tras las rejas. Allí aflora la que quizás es la herida más profunda que le dejó el encierro.

“Estoy ahora en una etapa bastante rica de experiencia de intensidad humana. Por supuesto, he tenido ayuda de profesionales porque es natural. Tú te aíslas durante 18 meses en un espacio pequeño y uno tiene que resetearse porque hay capítulos que tienes que aprender a manejar”, explica.

Para él, las escenas cotidianas suelen convertirse en recordatorios inevitables de quienes continúan privados de libertad. Sentarse a la mesa de su casa, dormir en una habitación cómoda o disfrutar de una comida son experiencias que, lejos de pasar inadvertidas, lo conectan con quienes siguen encerrados.

Familiares de presos políticos cumplieron 100 días de vigilias frente a cárceles venezolanas
Foto: EFE/Ronald Peña / Archivo

“Al momento de almorzar en tu casa, es imposible no conectarte con el que injustamente queda allá adentro y está comiendo en una viandita un arroz mal cocido, una proteína escasa en un sitio con la letrina al lado de tu cama. O cuando estás tú en la comodidad de tu cuarto, pensar en el calor y las plagas de las celdas”, dice.

La adaptación a la libertad tampoco fue sencilla. Después de un año y medio de aislamiento, tuvo que reaprender aspectos tan básicos como habitar el espacio, recorrer una ciudad o simplemente contemplar un paisaje.

“Cuando sales es absolutamente dramático. Respirar el aire, mirar los paisajes. Las distancias se te acortan y te entran como si tuvieras una suerte de zoom sobre el espacio, porque estás acostumbrado a un sitio constreñido y controlado por otros, donde tu voluntad está sujeta a la voluntad del otro. Entonces tienes que comenzar a acondicionar tu cuerpo, a reinstalarte en tus propias realidades y a volverte a conectar (…) Es doloroso, te desconectas completamente, estás en una suerte de limbo durante ese tiempo, como en un purgatorio”, describe.

Pese a todo lo vivido, Carreño nunca contempló la opción de abandonar el país. Tras recuperar la libertad, algunos le sugirieron marcharse de Venezuela, pero él tomó una decisión distinta: reunirse con sus compañeros y continuar su trabajo político fue una forma de reafirmar que su lugar seguía estando en su país.

“Este es mi país. Aquí están mis afectos, los olores, los sabores, la luz, aquí me reconozco como hombre, como persona, y yo no puedo entender que la acción de otro me obligue a deslastrarme de mi propia realidad. Eso sería una traición a mis propios principios y a mis valores”, sostiene.

Un nuevo momento político

Más allá de su nuevo comienzo luego de salir de la cárcel, Carreño también se permite analizar la situación política actual del país y los desafíos próximos para lograr una transición.

– Desde distintos sectores de la oposición se habla de un “nuevo momento político” en Venezuela. ¿Tú compartes esa visión?, ¿cómo definirías el momento que vive el país?

Las dos cárceles de Roland Carreño
Foto: Mauricio Villarreal

– Está dándose paso a una normalización, pero falta muchísimo. Son 27 años de imposición, autoritarismo, visión ciega e ideológica de los procesos políticos y siento que hoy en día se están dando pasos concretos.

No estoy valorando si son los peores o los mejores, pero creo que se están dando pasos concretos que hablan de apertura del espacio. El hecho de que yo pueda estar sentado aquí contigo en un medio tan importante y que yo no tenga temor de hablar eso es un gran avance en la normalización del país.(…) ahora que hay que profundizarlo, absolutamente sí.

—Diversos actores nacionales e internacionales insisten en la necesidad de elecciones libres y transparentes. ¿Qué condiciones consideras indispensables para que eso sea posible?

– Un demócrata apura los procesos, que haya una elección y que sea la sociedad la que decida. (…) Para que este momento realmente tome consistencia tiene que pasar por una consulta a la gente. Tiene que pasar por un proceso de consulta a la gente, que se exprese la ciudadanía, en un contexto donde las reglas sean claras y podamos participar todos.

Tiene que haber una depuración del Registro Eectoral, hay una desconfianza de la ciudadanía hacia el árbitro electoral producto de las cosas que hemos visto en el pasado. Hay que abrir consulados, qué pasa con los votantes en el exterior, todo eso es importante.

– ¿La oposición logró aprender algo de los últimos años y de los errores cometidos?

–Están sucediendo cosas importantes. Creo que el liderazgo venezolano opositor lo está entendiendo. Creo que hay un sentido de unicidad en el criterio, en el propósito de empujar hacia una misma dirección.

María Corina Machado es indiscutiblemente la líder de este proceso y en una eventual convocatoria a elecciones, Voluntad Popular va a apoyar decisivamente y mayoritariamente su liderazgo. Ahora bien, quienes son parte de Vente (Venezuela) deben entender eso así, que el liderazgo en las regiones no se va expresar inequívocamente en la figura de María Corina Machado porque hay liderazgos que también suman (…) Hay algunos que no lo entienden, que desde luego no lo promueve ella, lo hago como una crítica constructiva. Unidad verdadera.

Un periodista en la política

Durante años, el nombre de Roland Carreño estuvo asociado a medios de comunicación de gran prestigio. Su firma apareció en las páginas de El Nacional y de revistas como Caras Hola, mientras que su imagen se hizo familiar para la audiencia de programas de televisión como “Buenas Noches”. Sin embargo, fue precisamente su trayectoria como periodista y cronista social la que terminó llevándolo por un camino distinto.

“Esta carrera tiene como componente natural los problemas y las conductas. Mi desarrollo lo hice en la crónica social, alguien puede decir que es una fuente secundaria en el periodismo, pero cuando la revisas en su dimensión y la haces como la asumí en mi columna Gritos y Susurros, exponiendo los valores y talentos venezolanos, es muy sabroso. Todo eso que hice tiene un componente y es mi admiración profunda por el talento y mi amor por Venezuela” confiesa sobre aquellos tiempos en los que el periodismo estaba en primera línea para él.

A medida que la crisis venezolana se profundizaba, Carreño comenzó a cuestionarse el sentido de su trabajo como cronista social. Aunque disfrutaba destacar historias de talento, éxito y superación, cada vez le resultaba más difícil ignorar la realidad que golpeaba a millones de ciudadanos.

“Llegó un momento en medio de este drama que estamos viviendo que yo dije: ¿Tiene sentido que yo me esté haciendo eco de situaciones que pueden ser fútiles frente al drama que estamos viviendo como sociedad por meramente cumplir con un proceso periodístico característico de una crónica?”, se preguntó.

En aquel momento, 2013, se encontraba realizando unas asesorías de comunicación política y fue allí cuando llegó la propuesta de sumarse a las filas de Voluntad Popular. Lo pensó y dijo que sí. Comenzó como miembro de dirección nacional y hoy es el coordinador operativo nacional del partido.

De ingresar a las filas de la tolda naranja no se arrepiente, pese a que sabe que fue esa la razón por la que terminó dos veces preso. Pero, asegura, su responsabilidad con el país está por encima de todo. Es por eso que luego de aquel periplo que pasó por cárceles, meses de incomunicación y otras violaciones a su derechos, Roland se mantiene mirando al frente y trabajando en pro del país.

Su faceta como periodista tampoco la deja a un lado. Es por eso que tiene pensado escribir un libro sobre sus dos etapas en la cárcel; además, se encuentra trabajando en una recolección de cuentos y crónicas importantes de su autoría.

Roland, el de Aguada Grande

Quienes conocían a Roland Carreño mucho antes de su incorporación a Voluntad Popular saben que su historia no se reduce a la política. Antes de esa etapa, también construyó una trayectoria como periodista, cronista social y editor de revistas.

Pero Roland también es hijo, padre, hermano y un hombre profundamente arraigado a sus orígenes. Su familia y el vínculo con su tierra natal, Aguada Grande, en el estado Lara, son dos de los pilares que han sostenido su vida dentro y fuera de la cárcel.

Aunque lleva décadas residenciado en Caracas, la distancia nunca ha debilitado su conexión con Lara. En su hogar abundan los recuerdos de su infancia y las referencias a la región donde creció. Sin embargo, no necesita evocarla constantemente para sentirla cerca: la lleva consigo en su manera de hablar, en sus costumbres y en la forma en que entiende la vida.

“Los positivistas siempre han promovido el hecho de que cuando uno vive en crisis o en problemas de tragedias no hay una cosa que te mantenga más firme que las raíces, el conocimiento de tu identidad, de lo que eres (…) Esa frase de ‘Quien sabe de dónde viene, sabe a dónde va’. Lara para mí es eso. Es el cable a tierra, donde tú te sientes tú. El olor, la manera de hablar, porque comemos suero con migas de arepa, porque me gusta el jugo de semeruco, porque el mondongo de chivo me gusta así sin verduras (…) Así somos los larenses. Nos conecta cosas particulares, nos conecta un crepúsculo, el olor de la tierra mojada, la religiosidad, los sonidos de la música, esa tremenda ciudad con gente voluntariosa, guaros pelaos”, dice visiblemente emocionado al hablar de su tierra.

Las dos cárceles de Roland Carreño
Obelisco de Barquisimeto, estado Lara. Foto: GuaroTV

Su familia es otro pilar importante. Roland es parte de un núcleo familiar numeroso: entre los hermanos paternos y maternos son 12 en total. Bromea y asegura que con él incluido tienen un equipo de fútbol y un árbitro.

“Yo soy el hijo mayor del primer matrimonio de ambos padres. Somos un equipo de fútbol, son 11 y yo soy el árbitro. Es una cosa maravillosa. Hoy en día somos una expresión genuina de que cuando hay dificultades la gente se une, de que las familias aunque no se vean todos los días cuando ocurren estas cosas estamos todos unidos, eso ha sido maravilloso”.

Carreño se refiere a sus etapas en prisión, cuando su familia jugó un papel determinante para resistir. Menciona que nunca lo desampararon y siempre pidieron por su libertad. Entre todos, menciona con especial orgullo a sus tres hijos. Basta con nombrarlos para que el tono de su voz cambie y el rostro se ilumine, revelando una faceta mucho más íntima.

Antes de concluir la conversación, Roland dejó a un lado el análisis político y las reflexiones sobre la cárcel para mostrar una faceta más íntima. Aceptó participar en una breve dinámica de preguntas rápidas que revela algunos de sus gustos, recuerdos y rasgos de su personalidad.

¿Un libro favorito? “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez.

¿Un lugar? Aguada Grande, estado Lara.

¿Un defecto? “Ser demasiado ordenado”.

¿Una virtud? “Escuchar y rectificar”.

¿Un miedo? “Paralizarme”.

¿Una fecha que no olvida? 14 de enero de 2026.

¿Un hobby?

“Me gustan los juegos mentales como los crucigramas y el sudoku. También escribo al menos tres veces por semana”.

¿Un mensaje para Venezuela?

“Miremos lo que nos une y no lo que nos separa. Mirémonos con criterios de justicia y no de venganza”.

La entrevista termina como comenzó: con serenidad. Entre recuerdos de la prisión y las reflexiones sobre el país, queda la impresión de un hombre marcado por experiencias difíciles, pero que sigue apostando por la reconciliación y la posibilidad de construir un futuro distinto.

Cinco meses después de recuperar la libertad, Roland Carreño intenta reconstruir una cotidianidad interrumpida por años de detención, aislamiento e incertidumbre. Retomó su actividad política, volvió a reunirse con su familia y procura adaptarse nuevamente a una vida que, en muchos aspectos, cambió para siempre.

[Artículo publicado originalmente en El Diario]