Monseñor Arturo Gonzalez: Cuando la verdad y la caridad molestan

Destacadas Mundo

La miseria en Cuba no comenzó con esta ayuda ni llegó en un avión procedente de Estados Unidos. ¿Dónde estaban entonces estos inspectores repentinos de la calidad? ¿Dónde estaban su indignación, sus fotografías y su preocupación por la salud del pueblo?

En febrero pasado, monseñor Arturo González Amador, #obispo de Santa Clara y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, pronunció desde el altar unas palabras que recorrieron las redes sociales:

“Cuba tiene que cambiar, como estamos viviendo no es de humanos”.

No fue una consigna política, sino el juicio moral de un pastor ante el sufrimiento de su pueblo. Monseñor Arturo pidió un “diálogo sincero y eficaz” y recordó que no basta con contemplar el dolor: hay que escuchar, hablar y dar pasos reales en favor del bien común.

Meses después describió este como “el momento más triste y difícil” que recuerda de la historia de Cuba. Habló de ancianos solos, jubilados, madres y personas que llegan a las iglesias después de pasar varios días sin comer.

Ahora, ante la llegada a Santa Clara de ayuda humanitaria procedente de Estados Unidos, ha vuelto a actuar con la misma claridad.

En una carta fechada el 9 de septiembre explicó públicamente la procedencia de la ayuda, la responsabilidad asumida por Cáritas y los criterios para seleccionar a los beneficiarios. Aclaró que los donativos no podían repartirse arbitrariamente ni utilizarse para favorecer a amigos o simpatizantes, sino llegar a las familias más vulnerables.

El primer cargamento recibido en Santa Clara contenía 700 módulos de alimentos y otros 700 de productos de higiene, destinados inicialmente a Quemado de Güines y Rancho Veloz. Monseñor Arturo reconoció, dolorosamente, que no alcanzarían para todos y que solo podrían atenderse los casos más urgentes.

Esa transparencia parece haber molestado.

Como sucedió después de aquellas palabras sobre la realidad inhumana que vive Cuba, comenzaron a aparecer ataques y descalificaciones contra el obispo desde perfiles afines al oficialismo: las consabidas clarias que, incapaces de refutar el hambre, intentan desacreditar a quien habla de ella.

Casi simultáneamente comenzó a circular la historia de unos supuestos “frijoles con gusanos” enviados por Estados Unidos. Las publicaciones mostraron alimentos deteriorados, pero no presentaron el empaque original, el número de lote, la identificación de algún beneficiario, un informe sanitario ni una sola prueba que relacionara esas imágenes con la ayuda distribuida por Cáritas.

Si un alimento destinado a personas necesitadas estuviera contaminado, tendría que investigarse y denunciarse, viniera de donde viniera. Pero aquí hay demasiada prisa por condenar y ninguna por demostrar.

Durante décadas, los cubanos hemos tenido que escoger el arroz para apartarle las piedras, limpiar los frijoles llenos de gorgojos y conocer denuncias de panes en los que han aparecido hasta reptiles. Dolorosamente, muchas veces hubo que retirar la inmundicia y comerse lo que quedaba, porque no había otra cosa: en escuelas, comedores obreros e incluso en nuestras casas.

La miseria en Cuba no comenzó con esta ayuda ni llegó en un avión procedente de Estados Unidos.

¿Dónde estaban entonces estos inspectores repentinos de la calidad? ¿Dónde estaban su indignación, sus fotografías y su preocupación por la salud del pueblo?

Cáritas Santa Clara, mientras tanto, documentó la entrega de módulos “en perfecto estado de conservación”. Pero las clarias no necesitan comprobar una historia: les basta con que resulte útil. Cuando no pueden ocultar el hambre, atacan a quien la denuncia; cuando no pueden impedir la ayuda, intentan ensuciarla; y cuando un obispo explica transparentemente cómo será distribuida, tratan de desacreditar también al obispo.

Puede discutirse cualquier actuación humana y exigirse toda la transparencia necesaria. Lo que no resulta aceptable es convertir la calumnia en respuesta a un pastor que ha decidido no pasar de largo ante el sufrimiento de su pueblo.

Monseñor Arturo no ha dicho nada que los cubanos no conozcamos por experiencia propia: Cuba tiene que cambiar, porque vivir así no es de humanos.

La propaganda ha descubierto ahora los gorgojos. La miseria que los alimenta lleva más de sesenta años delante de sus ojos.

#IglesiaCubana #AyudaHumanitaria #CáritasCuba