Mons. Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua (Nicaragua), alentó a no ser pasivos ante las dictaduras que destruyen la democracia y atentan contra la libertad del pueblo.
“No podemos (…) ser espectadores pasivos mientras las dictaduras imponen estructuras políticas abusivas que no solo destruyen la democracia, sino que también atentan contra la libertad del pueblo y su derecho a ser sujeto de su propia historia”, dijo el prelado en la homilía de la Misa que presidió este domingo en la parroquia Santa Agatha en Miami, Florida (Estados Unidos).
Mons. Báez, en el exilio desde 2019 a causa de la feroz persecución de la dictadura nicaragüense contra la Iglesia, resaltó que “denunciar estas arbitrariedades no es un discurso de odio ni un atentado contra la paz. Llamados por Dios a ser centinelas de la historia, los cristianos denuncian la injusticia como una exigencia de la fe y del amor”.
Aunque no mencionó a Daniel Ortega y Rosario Murillo, copresidentes de Nicaragua, el pedido del Obispo Báez se da en la semana en que la asamblea nacional, impulsada por la dictadura, aprobó una reforma de la Constitución para que la oposición no pueda participar en futuras elecciones.
Esta medida ha generado un amplio rechazo nacional e internacional, como el de los gobiernos de Estados Unidos, Costa Rica y Perú, además de la OEA, entre otros.
En su homilía, Mons. Báez destacó que “un profeta escucha lo que Dios le dice y no calla: denuncia el mal, advierte de sus consecuencias y llama a la conversión, aun sabiendo que esta misión puede costarle la persecución e incluso la vida”.
“Si calla –advirtió– el Señor le pedirá cuentas (cf. Ez 33,8); si los profetas no cumplen su misión, son, como decía Isaías, ‘perros mudos, incapaces de ladrar’ (Is 56,10)”.
El prelado subrayó que “los pueblos necesitan centinelas que denuncien el mal cuando este se enquista en el poder. Callar ante la injusticia para evitar conflictos o mirar hacia otro lado para no comprometernos nos vuelve cómplices, igual que el centinela que ve venir el peligro y no da la alarma”.
El arte de la corrección fraterna
“Un hermano recuperado es un tesoro que ninguna otra ganancia iguala. Corregir para ganar al hermano exige delicadeza: hablar sin humillar, dialogar y escuchar, buscar su bien y no su condena, intentar convencerlo antes que vencerlo. Quien nos ama de verdad sabe corregirnos; quien no nos ama solo sabe herirnos o adularnos”, explicó.
[Fuente: ACI Prensa]
