Por Macky Arenas:
Desde hace un tiempo está fuera de prisión, lo que no le ha garantizado los derechos que asisten a un ciudadano plenamente libre. Ocurre a muchos de los excarcelados, muy a pesar de una Ley de Amnistía que vio luz bajo este mismo régimen. Pasó 13 años preso, rodando de una cárcel a otra, según las autoridades determinaban los traslados. Aún no obtiene la visa para ingresar a los Estados Unidos y poder ver a sus hijas, a las cuales dejó jovencitas y ya están casadas. Su único delito fue ganar unas elecciones.
Nació en San Felipe, estado Yaracuy. Hijo de inmigrantes libaneses, trabajadores y, justo por eso, prósperos. Una familia acomodada que ya poseía una hacienda en Líbano de 5 mil hectáreas, todo un pueblo en la montaña. Sembraban aceitunas y se dedicaban también a la apicultura. Llegaron entre los años 58 y 60. Son católicos maronitas y habían contraído matrimonio antes de venir a Venezuela. Entraron por Puerto Cabello y al año se asentaron en la capital yaracuyana. Les gustó mucho la ciudad e instalaron un abasto llamado Supermercado Nacional, para entonces el más grande de la comarca, toda una sensación. Así comenzó esta historia y llegaron a ser una familia de cinco hermanos, 4 varones y una hembra de los cuales Kamel es el tercero. Todos profesionales.
San Felipe era una ciudad nueva y pujante. La familia y el negocio fueron creciendo y los hermanos siguiendo sus estudios colegiales. Se hizo Administrador y domina, además del español, el inglés y el árabe, los idiomas necesarios para manejarse internacionalmente en el mundo del comercio y las finanzas en varios continentes.
En 1972, el pueblo de Tajid (Líbano) recibió una iglesia en donación de parte del padre de Kamel. La Iglesia sirve a toda la zona. Conoció al Papa y fue condecorado como benefactor.
Sus padres comenzaron el negocio del Supermercado, ayudados eventualmente con los hijos. Fueron concediendo créditos a los trabajadores y empresas que los solicitaran. Fueron pioneros en esas prácticas que permitían beneficiarse a muchas familias de la zona. Era como un segundo sueldo que les servía de mucha ayuda para las necesidades mensuales. Para ellos era también parte de su negocio que se prolongó por treinta años, aunque sobrevivió por 58. Fueron mejorando y eran muy conocidos por la gente del lugar. Nuestro personaje se dedicó con mayor ahínco a la muerte de su padre, aunque posteriormente se alquiló a un grupo de Valencia, también con bastante éxito.
Su vida y estudios, todo, se desarrolló en Venezuela, aunque siendo niños el padre los envió al Líbano una temporada para que aprendieran idiomas. En esas tierras, desde pequeños, son educados al menos en tres idiomas. Estuvieron un año y en 1973 tuvieron que regresar debido a la guerra.
_ ¿De qué forma fuiste prosperando?
_ Trabajando en el negocio familiar. Montamos el mayorista y comenzamos a trabajar el detal y al mayor. En los años 90 decidí independizarme y me dediqué a la importación. Quería innovar pues mis padres se habían quedado circunscritos en su trabajo y ya eran mayores para aventurarse con otros rangos. Además, se manejaba tal cantidad de créditos que no podían desprenderse de lo que habían hecho toda la vida. Trabajaban 16 horas al día.
_ ¿Y qué importabas?
_ Distintos productos. Poco tiempo después, me dediqué a hacer ferias para el gobierno de artículos escolares y comida, donde la gente compraba a muy buenos precios. Mi objetivo era abaratar costos para la población. Ello llevó a que la gente me conociera mucho más, no sólo a nivel del municipio San Felipe sino en todo el Estado.
_ ¿Qué te motivaba?
_ Yo crecí por aquellos lados y, en la medida en que pasaban los años, veía aumentar la pobreza. Quería revertir eso y ayudar a la gente. Mejor calidad de vida veía en otros estados y otros países. ¿Por qué no nosotros? Los políticos allá – eso lo veía con claridad- eran muy poco formados, desconocían otras realidades porque no salían de sus lugares. Eso los hacía limitados. No eran capaces de emprender proyectos para promover el desarrollo y sacar a la gente adelante, para superar la pobreza y abrir otros horizontes.
_ ¿Qué opciones consideraste?
_ Comencé a prepararme en política desde el año 1995 y en el 2008 decidí lanzar mi candidatura. Armé un equipo y me recomendaban comenzar por San Felipe, que era donde la gente más me conocía. Eso hice. Aspiraba a la gobernación pero me recomendaron: “No, así como en los negocios, hay que empezar desde abajo”, y entonces opté por la alcaldía. Si lo hacía bien, podría proyectarme a nivel del Estado.
_ ¿Qué tipo de campaña hiciste?
_ Mi campaña, lo sabe todo el mundo, fue única. Hice un trabajo de alcalde sin serlo. Atendíamos a las comunidades, montábamos nuestras ferias que eran verdaderos monstruos de casi mil metros cuadrados con toldos de 240 metros cuadrados, todo muy bien organizado. La gente podía desplazarse con comodidad y escoger sus productos. Resolvíamos problemas como arreglar calles, canchas deportivas, tuberías que se averiaban, limpiábamos el sector cuando llovía, recogíamos basura, mejorábamos los brocales, los ornatos y pintábamos los rayados del pavimento, en fin, todo lo que hace un alcalde. Algunos colegios no recibían agua, dependían de cisternas y conectábamos tuberías para ellos. Los mismos CDI se beneficiaban de nuestro aporte. A instituciones que ni tenían papel, les donábamos resmas. Asistíamos a cada quien según sus necesidades y nuestras posibilidades. A veces nos tocaba romper las calles para conectar , destapar y/ o reparar tuberías. La emoción del CDI y de toda la comunidad era grande. Los médicos y enfermeras veían lo que hacíamos para los centros de salud. Comenzaron a apreciarnos como los que resolvíamos y a mí, de verme como el joven que trabajaba en un supermercado, a darse cuenta de que podía gerenciar sobre problemas más complejos. Hice las cosas callado, sin hacer mucha alharaca. Interconectaba a mis equipos para una mayor eficiencia. Toda mi familia se contagió del optimismo y todos querían ayudar. Tenía mi esposa y mis hijas, morochas de 8 años. Fue una campaña muy llamativa y la gente se entusiasmó. Las comunidades nos reconocían, salían a saludarnos al caminar de noche y …
_ Y te convertiste en un problema
_ Exacto, tanto para el gobierno como para la oposición. De la noche a la mañana, en menos de un mes, era evidente la aceptación que había logrado. Era un competidor fuerte. Fue una campaña independiente, no hablé mal de nadie, evitaba los conflictos, no me metía en líos, ni siquiera me ocupaba de lo que hacían otros candidatos, sólo me dedicaba de resolver problemas a la gente. Inmediatamente las encuestas se dispararon señalándome como el próximo alcalde de San Felipe con una diferencia de más del 20% del otro candidato.
_ ¿Y qué pasó?
_ Ganamos las elecciones y me llamaron. Tenía que entregar la alcaldía porque debía ser bolivariana, por orden de Chávez. Les dije: “Que me llame Chávez y me diga por qué razón tengo que entregar la alcaldía si la gané limpiamente. He sido elegido por el pueblo”. Como me negué, me metieron preso. Me sembraron tantos delitos como para estar 50 años tras las rejas.
_ ¿Cuánto tiempo pasaste preso?
_ Me dejaron preso, secuestrado por 13 años. Conversaba por teléfono con mi familia, si no nos los quitaban. A mis hijas intentaron secuestrarlas y preferí que no fueran a verme.
_ ¿Hubo acusación formal, un proceso?
_ Nunca me entregaron un papel. Tuve 140 diferimientos en los tribunales. Me llevaban pero a pasear, pues nunca pasé de la antesala. Los primeros tres años estuve en Uribana y al desmantelarla me mandaron a Barinas cinco años. Desmantelaron Barinas y fui a parar a Valencia. Estando allá me visitó la ministra Iris Varela y conoció mi historia. Después de 9 años me dio la cara, entendió mi situación, averiguó y se dio cuenta de que era un preso de Julio León Heredia, un gobernador que tuvo Yaracuy en cuatro oportunidades y siempre ganaba porque las máquinas las controlaba él. Nunca ganó legalmente. Lo hacía en base a trampas. Es el responsable de mis años preso. Me tildaron de narco, de secuestrador, de ladrón. Una cantidad de cargos absurdos. La gente no se explicaba cómo me atacaban por ganar las elecciones. El pueblo me respaldó. Estaba indignado y pedía explicaciones, manifestaban en protesta. La medida que tomaron fue alejarme, sacarme para Barquisimeto. Mis padres estaban vivos entonces, pero papá murió en 2015, siete años después de estar yo preso. Ni siquiera me dejaron verlo.

Kamel, preso en Barinas
_ Con una sola de esas acusaciones bastaba para hacer de tu vida una tragedia…
_ Y lo fue. Una verdadera tragedia. Logramos un amparo ante la Sala Constitucional a los seis años. No sabía qué delito me imputaban, siempre diferían todo. La Fiscal General reconoció que lo de narcotráfico y lo de ladrón era ¡un error humano en la página web del Ministerio Público! Se corrigió en la página web. Lo tengo certificado. Corregido y todo, duré preso 4 años y medio más.
_ ¿Cuánto tiempo estuviste preso en total?
_ En total, estuve preso 13 años y luego de mi sentencia absolutoria firme e irrevocable, aun sigo arrastrando mi muerte civil. Físicamente fueron 10 años; luego tuve 3 años en casa por cárcel, bajo presentaciones cada dos días. Tenía que trasladarme a Maracay y eran tiempo de escasez de gasolina y otros problemas. Hasta que me hicieron juicio, gracias a la intervención de la OEA. Allí tuvo el gobierno que llevar mi boleta de excarcelación pues no había manera de justificar que siguiera preso. Se comprometieron a finiquitar el juicio y devolverme mis bienes. Salí excarcelado pero mis bienes no me han sido devueltos. No puedo tener ningún tipo de actividad pues el director del Saren no me libera los bienes, sencillamente porque no les ha dado la gana.
_ ¿Y tu familia?
_ Contentos con mi salida, pero mis hijas tuvieron que irse del país. ¿Cómo les garantizaba nada aquí? No tenía casa, ni manera de ganar la vida para ellas. Viven en Texas. Ya tienen 5 años fuera. No las he podido ver pues no me dejaban salir del país. Mi esposa es italiana y me dijo que se iría mientras pasaba todo esto. Luego yo la liberé de compromisos, cada quien haría su vida para no mantenerla en riesgo. También era la seguridad de mis hijas. Hasta les quemaron la casa. Ese día habían ido a Barquisimeto a comprar algunas cosas para el colegio y, al regresar, la casa estaba en llamas. Dios nos ayudó. Tenía rato sin llover, pero ese día cayó un palo de agua fuerte y el fuego se logró apagar. Se perdió la mitad de la casa. Mis padres ayudaron a reconstruirla. ¡Imagínate, cómo no voy a estar aliviado de tenerlas fuera! Gracias a Dios, mis hijas se casaron bien, tienen buenos trabajos y aportan para ayudarnos, a mí y a su mamá, en estos malos tiempos. Mis amigos bromean sobre que hoy soy «padre soltero». Mamá está en el Líbano y no ha podido regresar por la guerra. Nos dicen que están abriendo un canal para que quienes viven fuera puedan salir. Dios quiera. No la he visto desde hace años.
_ ¿Recuerdos de la cárcel?
_ La gente la pasa muy mal. Toda clase de miserias y carencias. Se come muy mal y se aprende a saber cómo vive y cómo muere el pueblo. En los penales, para poder salir vivos, se entregan a la Iglesia. Lo bueno es que muchos ni conocen a Dios y allí les hablan de Él. Pastores que llegan con la Biblia y comienzan a compartir sus creencias.
_ ¿Pudiste hablar con algunos de Dios?
_ Con pocos. Me tenían muy aislado pues había la presunción de que me podía fugar. ¿Cómo podría?, con paredes de seis metros de altura, sin poder caminar y con problemas de columna que no me trataban. Necesitaba las terapias. Mido 1.83 y los problemas de espalda son frecuentes. ¡Hasta escribí libros en prisión! Dios me ha dado la fuerza y la perseverancia para permanecer luchando por la verdad. EEUU, ya que están acá y tienen una encargada en el poder, debe meter su mano para que nos hagan justicia.
