Los jóvenes de Venezuela vuelven a clases con “el alma conmocionada de dolor” tras los terremotos
En un mensaje dirigido a profesores, estudiantes, a las familias y a todos los trabajadores del sector educativo, los obispos de Venezuela —a través de la Comisión Episcopal de Educación— enviaron un mensaje con motivo del inicio del año escolar 2026-2027.
La carta, fechada el 14 de septiembre, pone de manifiesto “el alma conmocionada de dolor” con que se da inicio al nuevo ciclo lectivo, después del doble terremoto que el pasado 24 de junio dejó miles de muertos y decenas de miles de heridos y desaparecidos en varias ciudades venezolanas.
“Sabemos muy bien que el impacto de este fenómeno no solo se cuenta en las irreparables pérdidas de vidas humanas y de hogares, sino también en el grave deterioro y la pérdida de valiosos espacios educativos que hoy han quedado en ruinas o seriamente comprometidos”, escribe el episcopado.
En ese sentido, aseguran inlinarse “con reverencia e infinito respeto” ante tantos maestros, niños, jóvenes, trabajadores y obreros “que sufren la partida física de un ser querido, la pérdida de sus casas o la angustia de ver sus escuelas destruidas”.
“En estos primeros días, les pedimos de corazón que nos unamos todos en una ferviente oración comunitaria por el descanso eterno de quienes fallecieron en esta situación, e imploremos al Espíritu Santo que derrame su fortaleza sobre cada una de sus familias”.
Asegurar ambientes escolares de protección, dignos y seguros
Haciéndose eco de las orientaciones compartidas por la Asociación Venezolana de Educación Católica, los obispos remarcaron que garantizar la educación como un derecho humano fundamental “pasa por asegurar ambientes escolares de protección, dignos y verdaderamente seguros antes de iniciar plenamente el encuentro lectivo”.
“Necesitamos sumar voluntades, generar empatía mutua y remar juntos en una misma dirección para acompañar y devolver la esperanza a nuestros niños y jóvenes. Esta emergencia nos convoca con urgencia a desplegar la caridad y la solidaridad entre nosotros”, expresaron.
Además, hicieron “un llamado ferviente” a todas las comunidades cristianas que “tienen una misión educativa” para que “abran sus brazos de par en par” y manifiesten “el rostro más fraterno de la Iglesia”, siempre acogiendo con prioridad a los niños afectados por los sismos.
“Que ningún estudiante se quede al margen ni se sienta solo; compartamos el aula, los recursos y el corazón”, pidieron. Las escuelas deben convertirse, según indicaron, en “oasis de encuentro, de contención emocional y espiritual, de vida y de esperanza”.
Acompañamiento a educadores y otros trabajadores del sector educativo
La Comsión ni quiso olvidarse de “la durísima situación” de los maestros y de todo el personal de las escuelas, que ya era complicada antes de los terremotos, por la grave crisis económica que imposibilita “una justa remuneración” por sus servicios. Los obispos señalaron que esta situación “clama al cielo” y además afecta la calidad de vida de estas personas.
“Queremos rendir un homenaje sincero a su heroica vocación y ratificarles nuestro compromiso institucional y personal de seguir acompañando sus justas aspiraciones, animando su labor e insistiendo ante el país en que educar requiere cuidar con dignidad a quienes entregan su vida por esta misión”, indicaron.
Finalmente, los obispos pidieron que al iniciar la jornada escolar se dediquen espacios “para la escucha activa, la acodiga y la oración compartida”, para que los primeros días de clase “sean un tiempo para escucharnos, para sanar el corazón de nuestros muchachos y de nuestros compañeros de trabajo”.
“Que la Virgen de Coromoto, nuestra Patrona, camine con cada educador y cuide con ternura a nuestros niños y jóvenes. Aunque el dolor sea grande, no nos rendimos: seguimos educando, porque educar es un acto de amor puro, de fe y de inquebrantable esperanza en el futuro de Venezuela”, concluyeron.-
