Pizzaballa: «Jerusalén no es un botín de guerra, es patrimonio de la Humanidad»

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«No habrá futuro posible» para Tierra Santa sin «nuevas visiones y nuevos modelos de vida y de relación», donde «la fe común en Dios se convierta en una oportunidad de encuentro y no de exclusión». Palabra de Pizzaballa, patriarca de Jerusalén, quien ha escrito ‘Regresaron a Jerusalén con gran alegría’ (Propuesta para vivir la vocación de la Iglesia), un texto fundamental para entender el presente, y el futuro, de la ciudad tres veces Santa.

«Jerusalén -escribe el patriarca- no pertenece a nadie de forma exclusiva: no es un botín de guerra, sino un don, patrimonio de la humanidad, con una misión universal y una vocación ‘terapéutica’ para el mundo entero».

Hoy, aunque la comunidad cristiana de Jerusalén «conserva este carácter universal», las relaciones entre las religiones, y especialmente, con los poderes políticos y económicos, la convierten en una necesaria «encrucijada entre civilizaciones, religiones y etnias», paradigmático de las grandes tensiones globales. Porque en Jerusalén, escribe Pizzaballa, «se entrelazan modernidad y tradición, democracia liberal y conservadurismo, universalismo y particularismo«, que la hacen ir más allá de «fronteras o acuerdos técnicos».

«La obsesión por la ocupación de los espacios y por la propiedad se ha convertido en uno de los criterios principales de relación entre las comunidades religiosas de Jerusalén, generando división y violencia», lamenta Pizzaballa, quien aboga por custodiar Tierra Santa para «preservar y no sofocar la libertad».

[Fuente: Religión Digital]