Fco. Javier Duplá sj.:
Me refiero a los que han gobernado Venezuela el último cuarto de siglo y tantos otros en la historia reciente de la humanidad: Napoleón, Stalin, Hitler, Trujillo, Ceausescu, Putin, Ortega-Murillo y un etcétera multiplicado docenas de veces. A algunos sólo les interesaba conquistar otros países y mantenerse en el poder para aprovecharse de él en dinero y placeres. Su narcisismo llegaba sin duda a enfermedad mental. Tenían una camarilla que sembraba el terror en los que se atrevían a criticarlos. ¿Tenían conciencia del mal que hacían? ¿Les importaba? Las preguntas podrían ser muchas: ¿Eran ateos o agnósticos y no pensaban nunca en Dios? ¿Tenían alguna formación religiosa y la rechazaban? Cuando estaban solos o se iban a dormir ¿tomaban tranquilizantes o pastillas? ¿Tenían alguna persona de total confianza con la que se desahogaban?
Esas preguntas son válidas también para tantísimos que se aprovecharon de la cercanía, protección y subordinación a los tiranos, aunque desconocemos sus nombres. Cómo es posible que torturar, golpear, encarcelar, quemar partes íntimas, no les afecte, no sientan nada por ese daño hecho a personas como ellos.
En cuanto a los dictadores, la vida tan agitada que llevaban, tantas reuniones, declaraciones, discursos, entrevistas ¿les permitían algún momento de privacidad? Desde luego que no tenían vida familiar ni la querían. Sólo se querían a sí mismos.
Sería interesante conocer a sus padres y la formación que les dieron, si es que les dieron alguna. Una familia en la que todos se quieren y se ayudan, y los padres corrigen con amor a sus hijos, no pueden llevar a crear personalidades como las antes nombradas. Una educación en la niñez y en la adolescencia con sentido religioso es raro que desemboque – como en el caso de Fidel Castro – es un ser psicótico.
Pero hay un momento en la vida de estos seres en la que escogieron enrumbarse por el camino que conocemos. ¿Podían haber escogido otro rumbo? Sin duda que sí, como lo hicieron otros, el más famoso Pablo de Tarso, perseguidor de los cristianos hasta su conversión; San Agustín de Hipona, gran pecador, que encontró en Dios no sólo una vida nueva, sino una nueva percepción de sí mismo; el actor estadounidense Sylvester Stallone; el actor y productor español Antonio Banderas: el cantante Andrea Bocelli; el actor Al Pacino; el joven cantante canadiense Justin Bieber; el actor australiano Mel Gibson. Todos ellos dieron un giro total en sus vidas siguiendo a Jesús. Podían no haberlo hecho, y habrá miles que no lo han hecho. Ojalá que alguno de los nombrados al comienzo lo hagan.
Porque eso es lo que necesita Venezuela: que sus dirigentes piensen en los demás, sientan si les va a mal, trabajen por el bien de todos. ¿Es posible tener dirigentes así? SÍ con mayúscula y todos debemos elegirlos y exigirles que piensen en el bien de todos por encima del bien propio, de sus familiares y amigos.
Que así sea, que Dios lo haga posible en este país tan querido.-
